Ya es mi turno de elegir

La Quimera

, Voces

Un día me dijeron algo más o menos así: “no rebusques las cosas de tu pasado, para qué lo haces, si no te pasó nada grave no vale la pena que te acordés de eso”, y terminé de darme cuenta que por mucho amor que le tenga a mis amigxs y a miembrxs de mi familia, quien no limpia su historia se encamina a repetirla y condena a los que lleve a su paso.

Me sentí tan impotente al recordar que de niña pasé por situaciones de abuso infantil y nadie se dio cuenta de las señales que yo emitía; fue más fácil voltear la mirada hacia otro lado, que ocuparse de mi comportamiento “inaceptable”. Eran momentos donde socialmente no estaba lista para elegir. 

De niña, los adultos a mi alrededor eran los responsables de cuidarme, atenderme y salvaguardar mi vida, pero ya no soy una niña, ya no puedo desear que alguien me cuide, ahora me toca hacerlo a mí. Y aquí comenzaron las elecciones conscientes en mi vida.

La salvación lleva mi nombre

Los capítulos de violencia y dolor que han marcado mi vida no van a desaparecer sólo porque lo desee o por pensar que alguien más hará el trabajo por mí. De las primeras elecciones que hice de adulta fue entender que la única persona que puede salvarme soy yo misma.

Cuando empecé a anular la idea de codependencia emocional -de que alguien o algo me salvaría- empecé a fortalecerme y buscar la forma de seguir.

Rebelde por necesidad y por pasión

Las mujeres crecemos y nos desarrollamos generalmente en un ambiente que no elegimos. Estamos en medio de un entorno social que, a toda costa, trata de ponernos a un lado, indicándonos que nosotras vamos en el siguiente turno. La violencia se manifiesta de múltiples formas, tiene bases históricas muy sólidas, es estructural y siempre que hay alguien con algo de poder, el abuso empieza a nacer. 

Por eso, como joven feminista, una de los primeros escenarios en los que me reconocí fue en la defensa de mis ideas, en la postura de mi crítica y en exponer mi pensamiento, dejando atrás el temor de que alguien -especialmente un macho- me anulara. Me juré a mí misma no permitir abuso de poder en ese sentido y así empezó mi defensa por mí y por todas.

Soy mujer, soy feminista, defiendo mis ideas y es justamente el tipo de persona que el patriarcado no desea en su entorno porque somos un alto a su propagación. Lo mejor que me ha dejado ser feminista es que sin importar qué quiero y qué necesito hacer en mi vida, ya no lo tengo que hacerlo sola. No tengo que usar solo mi fuerza de voluntad para cambiar, por primera vez, no tengo que esforzarme tanto, porque tengo amigas a la par, quienes son mi respaldo y mi fuerza.

Llegar a la raíz del dolor

Para mí, las ideas claras provienen de emociones sanas y fue así como llegué a otra de mis elecciones que ha sido enfrentar y resolver los dolores de mi vida. Tengo que entrar en contacto con mi dolor y sacarlo para siempre. Aquí es donde me doy el permiso de romperme y ver todos mis pedazos. Llorar el dolor, hablar del dolor y escribir el dolor, para echarlo de mí. La carga es muy pesada; es personal, es familiar, es social, es política, es económica, es de mil maneras y muchas de ellas no me corresponde llevarlas a mí. No hay razón que justifique su conservación.

He vuelto a mi dolor, lo he llorado, lo platiqué con mis amigas y mi psicóloga sin omitir nada, de tal forma que saliera de mí. Escribí todo lo que ese dolor me ha ocasionado y cuando leí el papel, no creía que todo eso estaba dentro de mí. 

No quiero pretender que el silencio seguirá siendo un aliado útil para toda mi vida. No puedo negarme a mí misma los espacios de recuperación emocional y tampoco puedo seguir esperando milagros. Me toca a mí ocuparme de mí. Soy el resultado de muchas circunstancias vividas, pero de aquí en adelante elijo ser el resultado de mis propias decisiones.

Valiente a cada segundo

También elijo ser valiente, porque el miedo existe, los dolores pueden aflorar, no soy una isla, vivo en una sociedad perversa, soy mujer, pero aun así SOY VALIENTE. Y esta es una decisión de cada segundo de mi vida. Siempre que elijo validarme, que me apruebo, que me reconozco y que me acepto, logro la valentía que necesito para seguir y replicar. No niego más el miedo, la impotencia y la ira, en su lugar, me ocupo de esos sentimientos para que me dejen avanzar. 

Una nueva forma de aceptar

Como escribí al inicio, alguien me dijo que no volviera a mi pasado, pero cuánto error logro ver en esa afirmación. Soy una persona despierta, con una consciencia que existe y camina en mí y gracias a eso he descubierto que la aceptación es una palabra maravillosa que si yo aprendo a desarrollarla me será útil en la vida. “La aceptación es una capacidad mental donde el individuo está dispuesto a recibir más bien que a rechazar y resistir; es capaz de aceptar las cosas, de colaborar y de mostrarse receptivo”. Entender este concepto me dio una visión distinta de la vida. 

Cuando la capacidad de aceptar funciona a nivel inconsciente como una entrega, entonces no queda ningún vestigio de lucha; en cambio hay relajación y liberación de las tensiones y conflictos. 

Ahora -lejos de cualquier conformismo o sumisión- acepto las cosas que no puedo cambiar, y me enfoco en crear una nueva realidad donde yo pueda surgir y donde las otras me puedan acompañar. No está en mis manos cambiar sistemas que hieren profundamente la dignidad y la vida de las mujeres, pero sí puedo trabajar en la parte que me corresponde con ellas y conmigo. 

Mi fórmula: apertura + recepción + colaboración con aquello que voy aceptar… 

No quiero ser yo la persona que te diga que de esta forma también se tiene que mover tu vida, por el contrario, quiero mostrarte a vos que estás leyendo, que del más profundo dolor también podemos resurgir, renacer y florecer. 

Esto es lo que hago yo -que podés intentarlo y probar si te sirve- para empezar de nuevo. El dolor y el sufrimiento de cada una de nosotras no tiene tamaño, lo que podés ver -lo nuevo y que nadie nunca nos dijo- es que tenemos opciones para sobrellevarlo, combatirlo y liberarnos. 

La aceptación de una circunstancia puede ser el inicio de una nueva vida. Yo me acepto todos los días, yo me elegí, yo decido y yo lucho por mí, porque solo así me siento capaz y fuerte para las demás. Y vos misma sos el mejor motivo para vivir con calidad. 

¡Juntxs y emocionalmente sanxs podemos lograrlo todo! 

Autora: Margarita Dávila. Comunicadora social, activista feminista, locutora y productora radial. Ecoturista.

Ilustración: El Gato Negro Lunar

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