Violencia digital contra mujeres políticamente activas

Julio 2020, atravesamos una pandemia global; pero desde antes las mujeres en Nicaragua venimos atravesando otra diferente, la violencia de género. En abril 2018 cambiaron muchos panoramas nicaragüenses y desde las trincheras digitales el ciberactivismo comenzó a ser la herramienta de denuncia, demanda de justicia y reclamo por el cumplimiento de nuestros derechos.

Una encuesta realizada por FUNIDES a 323 mujeres, en su mayoría integrantes de movimientos sociales, feministas, activistas y periodistas; evidencia que la violencia a través de la tecnología estaba presente desde siempre, pero que se ha incrementado a partir de abril 2018 (de 57.6% a 73.1%). Es muy importante señalar este incremento porque se amenaza de manera exponencial la vida de las mujeres, ya que transgrede de lo digital a lo físico: no solamente quedan en el mundo virtual, sino que llegan a materializarse.

Las mujeres encuestadas utilizan en su mayoría las redes sociales para el ciberactivismo, el 75.9% de las encuestadas afirma utilizarlos para opinar sobre la realidad del país, un 68.4% para compartir información que consideran importante y un 65.6% para realizar denuncias de actos de violencia o abusos.

¿Qué consecuencia tienen estas violencias para la vida de las mujeres?

Es severo el daño que se ejerce sobre la vida de las mujeres, comenzando con el emocional y las repercusiones psicológicas: ansiedad, pánico, estrés o insomnio, además de problemas familiares o de pareja, abandono del hogar, de estudios y del ciberactivismo. Luego, está la escala física, en donde han sufrido asedio, persecuciones, detenciones ilegales a ellas o familiares y exilio. En muchas ocasiones se minimiza el sentido virtual, pensando que solo por una reacción o comentario no puede escalar a algo grave, recordemos que nuestra vida virtual es un reflejo de la vida física misma.

Las mujeres políticamente activas comentaron que su estrategia de resistencia es la autocensura, una elección que no hacen libremente y que es también identificada como violencia digital. También comenzaron a utilizar otras formas de comunicación para garantizar su seguridad, haciendo cambios en la seguridad de sus redes, pero al mismo tiempo la falta de información sobre como bloquear y denunciar a personas y publicaciones son un obstáculo para las reacciones en línea. “Yo de chavala fui víctima de acoso de un hombre que casi me mata, aprendí a defenderme”, este fue el caso de VIM, abogada de 48 años que nos comenta que estrategias tomó ante amenazas que recibió a través de la aplicación de WhatsApp. “Cuando te defendés duro, sienten que pierden el control, retroceden, en mi experiencia, no quiero decir que todos los casos son iguales. Entonces con este hombre que tenía una llamada de un número de EEUU y lo amenacé, le dije que ya lo tenía ubicado, que ya sabía quién era, le dije su nombre y le mande un correo electrónico. Y aparte me fui donde un amigo de él, pero se hace que no es y le dije que lo tenían ubicado (aunque era mentira) y que, si me volvía a fregar, lo iban a echar preso y a deportar, y además procesarlo penalmente. Para nunca más.

Algunas optan también por ignorar el problema o disociarse y pasar a otros asuntos. Es muy lejana la opción de denunciar de forma legal, no sólo porque requiere conocimientos en tecnología sino por el problema estructural de la desarticulación del Estado de Derecho y la inoperatividad de la ruta de acceso a la justicia para las mujeres. Dentro del marco de lo legal no existe una legislación específica sobre violencia digital, pero hay diversos recursos legales que pueden ser útiles.

Nicaragua tiene una de las legislaciones más avanzadas de la región: con leyes específicas para la prevención y erradicación de la violencia hacia las mujeres, la protección de niñez y adolescencia y la igualdad de oportunidades, pero en los últimos años las organizaciones feministas y de derechos humanos han denunciado el cierre de las Comisarías de la Mujer, Niñez y Adolescencia desde 2012, la lentitud del sistema judicial, además de la manipulación de las estadísticas y su registro de los casos.

Gracias a un estudio realizado por Enredadas por el arte y la tecnología, con un grupo de abogadas feministas se evidencia que el sistema jurídico en Nicaragua no está preparado para dar atención a este tipo de violencia. Destacan que Nicaragua, por haber ratificado la CEDAW* y la Belem Do Para** está en la obligación de crear leyes, normativas y políticas para prevenir y mitigar todas las formas de violencia; por lo que sería ideal la creación de una Ley Especial sobre violencia hacia las mujeres a través de la tecnología.

En el debate sobre la necesidad de una Ley Especial hay dos elementos que destacan. Por un lado, el potencial uso restrictivo y de censura que puede darse a una ley de este tipo, tomando como referencia las experiencias de otros países y la propia. Por otro lado, el reconocimiento que el dictamen de una ley de este tipo sería un proceso complejo, multidisciplinario y transversal.

“Nosotras como abogadas podemos recurrir a ciertos artículos del Código Penal para poder apoyar a las mujeres, pero al no existir una ley especial que te brinde un perito especializado en temas digitales; resulta bastante difícil, y les toca a las mujeres asumir los procesos de investigación”, explica otra de las abogadas. 

“Si se va a poner una denuncia de amenazas en redes sociales, lo primero que pregunta la policía es: ¿con qué la amenazó? Entonces en la intangibilidad de las redes sociales, no hay denuncia. No fue un machete, no fue un cuchillo”, continúa explicando. A pesar de la existencia de recursos legales que pueden servir para denunciar e iniciar procesos por delitos relacionados con violencia a través de la tecnología, las instituciones de la ruta de justicia no están preparadas para dar el seguimiento necesario.

Como podemos notar existen algunas leyes que pudieran ampararnos, pero aun así todo el proceso y las vías de denuncias poco confiables evitan que se puedan tomar acciones definitivas. Debemos tener en cuenta y ser conscientes de que la vida virtual no es otra separada de la física, es más bien un reflejo de cómo somos en realidad.

*En 1979 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer denominada CEDAW, por sus siglas en inglés. La Convención tiene como finalidad eliminar efectivamente todas las formas de discriminación contra la mujer, obligando a los Estados a reformar las leyes con tal fin y discutir sobre la discriminación en el mundo. Nicaragua aprobó y ratificó este instrumento jurídico internacional mediante Decreto Ejecutivo No. 789 en 1981.

**A nivel regional, en 1994 la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos aprobó la Convención para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, “Convención de Belém do Pará”. Esta Convención toma como referente a la CEDAW, definiendo que las mujeres tienen derecho a vivir sin violencia y al reconocimiento, goce, ejercicio y protección de todos los derechos humanos y a las libertades consagradas por los instrumentos regionales e internacionales sobre derechos humanos. Nicaragua aprobó y ratificó la Belem do Pará en 1995.

Raquel Gómez. Diseñadora escénica, artista teatral y docente universitaria, miembro del equipo multidisciplinario Versus Laboratorio Teatral.

Deja una respuesta