Violencia económica y patrimonial: ¡ni normal ni natural!

Las violencias no son normales y nunca lo serán, sin embargo hay factores históricos, culturales y contextuales que invisibilizan o naturalizan las distintas manifestaciones de la violencia hacia las mujeres “porque siempre ha sido así”.

Por esto, en este reportaje de Gafas Violetas nos acompañan las voces de una abogada, una economista y una mamá joven y asistente del hogar en Nicaragua; para identificar la violencia económica y patrimonial; y algunas de nuestras estrategias de resistencia ante este tipo de violencia.

¿En qué consiste la violencia económica y patrimonial?

Identificar los tipos de violencia y en particular, la violencia económica y patrimonial  no es solo una actualización conceptual, sino que representa un paso fundamental en el trabajo de prevención y deconstrucción de los actos y las creencias que normalizan la desigualdad social, romantizan la pobreza de las mujeres, los bajos o salarios nulos, afirman el sacrificio como valor que dignifica el trabajo, invisibilizan  las tareas de cuidado y precarizan la vida.

Greta Fajardo, es la abogada feminista que nos acompaña y ella nos hace señalamientos importantes para entender lo que significa esta violencia para comprender como atraviesa lo cotidiano y lo estructural: La violencia económica está relacionada con una serie de prácticas estructurales (y no estructurales) que afectan negativamente la vida de las personas, y en el caso de las mujeres, está relacionada con la falta de acceso y control de los recursos y los bienes. Es también, no valorar el trabajo reproductivo realizado por las mujeres y que sostiene la vida, que las mujeres no cuenten con trabajos dignos, que las mujeres no accedan a la seguridad social y que las mujeres no sean autónomas en la toma de decisiones del dinero en sus hogares”.

Ampliando la mirada, identificando los matices

Otra de las voces que nos da su aporte para entender más sobre las implicaciones y manifestaciones de esta violencia es Edith Barreda, socióloga y economista feminista. Ella nos aclara que el término de violencia económica y patrimonial es bastante nuevo, y se ubica como una dimensión de la violencia basada en género que hace referencia a las desigualdades de recursos económicos entre hombres y mujeres, el ejercicio del derecho a la propiedad y “sobre todo el reparto de la carga, la manutención y la educación de los hijos”, nos señala.

Coloca que desde un punto de vista legal y global, el mayor acercamiento que se ha constituido para proteger y regular las faltas derivadas de la violencia económica, son  los códigos de la familia y las leyes que promueven el bien superior de la niñez y la adolescencia. 

“En el código nicaragüense, la presencia no del concepto ni de la definición, porque en nuestra legislación aún tenemos ese vacío, pero si la tenemos de fondo a través de lo que sería las  leyes de la  familia y de protección a la niñez y a la adolescencia; sin embargo la parte que se contempla está más orientada  a la manutención de los hijos, y no al resarcimiento de la víctima primaria que en el mayor de los casos son las mujeres”, enfatiza Edith.  

Greta, nos indica que esta violencia no solamente la viven las mujeres, pero según el más reciente reporte (2018) de ONU Mujeres señala que: “hay 4,4 millones más de mujeres que viven en la extrema pobreza en comparación con los hombres”, y que esta desigualdad se explica debido a la carga desproporcionada del trabajo doméstico no remunerado que enfrentan las mujeres, especialmente durante sus años reproductivos y la brecha laboral y educacional en la que se encuentran.

María, es el seudónimo que ha decidido usar la mujer de 35 años, mamá de un niño de seis años y quien trabaja como asistente del hogar en una casa de Managua, ella asume la crianza total de su hijo. Ella nos comparte su proceso, siendo el principal sostén a nivel afectivo de su hijo y el único a nivel económico para ella misma y el menor. María encarna una historia de resistencia ante la violencia económica, “para mí ha sido muy difícil sostener, porque no recibo el apoyo económico del papá de mi hijo y con el salario que tengo, ha sido una lucha mantener el colegio, los útiles escolares, la comida, los gastos diarios, mis cosas personales, los medicamentos si alguno de los dos se enferma; es una constante lucha y un constante pensar todos los días cómo seguir y resolver”.

Testimonio María

Complejidad y vulnerabilidad 

La violencia económica y patrimonial no viene sola, se entrecruza con otras violencias basada en género como la física y la psicológica, muchas mujeres sobrevivientes identifican que la dependencia económica y la baja autoestima fueron condiciones que las atrapaban en esas relaciones violentas.

Y por supuesto factores estructurales que median en el acceso a los recursos, todas las personas que no logran tener oportunidades reales en la toma de decisiones de manera autónoma, están expuestas a ésta y otras formas de violencias. Pero en una matriz patriarcal, capitalista y colonialista, las mujeres están en la punta de lanza de esta situación, es solamente ver los números globales para darte cuenta que en Nicaragua solamente el 23% de las mujeres tienen control sobre las tierras que cultivan, y en ocasiones este control o “propiedad” está mancomunado con sus parejas”, explica Greta. 

María en un momento demandó al papá de su hijo con el objetivo de que se hiciera responsable económicamente y pasara la pensión alimenticia correspondiente al menor, sin embargo, desistió del proceso porque “me generaba gastos económicos en transporte ir a las citas al ministerio, aprovechaba que mi niño andaba en clases para ir pero a veces no tenía quien me lo cuidara. Y también me estresaba estar solicitando permiso y estar viendo la mala cara que me hacía mi jefa cuando eran más frecuentes los permisos, entonces por eso solté lo que había empezado”, nos cuenta.

Edith resalta que todas las mujeres hemos vivido al menos una vez expresiones de este tipo de violencia, por ejemplo cuando nos damos cuenta que el compañero de trabajo hombre gana más salario que nosotras haciendo las mismas funciones; cuando la abuela esperaba la voluntad del abuelo para que llevara la provisión de la semana o el mes; cuando las mujeres deben “resolver” los tres tiempos de comida del día con C$100.00 que les dejan sus parejas; cuando las mujeres rurales enfrentan jornadas largas y extenuantes y no se les reconoce su impacto positivo en la sostenibilidad de la vida.

Audio Edith Barreda

Estrategias de resistencia

María expresa con una sonrisa que las claves para sentirse acuerpada y resolver en lo práctico las dificultades económicas, ha sido su familia. Destaca el apoyo de su mamá y hermanas que han “sido como una bocanada de aire cuando me siento asfixiada, a ellas yo recurro cuando siento que no puedo pero ellas me recuerdan que sí voy a poder y que no estoy sola”.

Edith Barreda, afirma que las redes de apoyo para las mujeres siempre ha sido un recurso fundamental para superar las crisis y a la vez indica que volver una práctica: pensar, diseñar e implementar planes económicos, o considerar distintas estrategias para la autosostenibilidad nos empodera, nos aporta a la autonomía y nos hace recuperar nuestra capacidad de agencia.

Greta Fajardo, coloca que a problemas estructurales las soluciones deben ser estructurales, es decir, deben hacerse cambio en las macro estructuras económicas y políticas, pero también deben hacerse cambios en la forma en que vivimos la socialización y el acceso a oportunidades, deben de transformarse los modelos de producción y debe reconocerse y darse valor al trabajo reproductivo, valorar la vida, colocando en el centro de ella a las personas”.

En este mes que conmemoramos el 25 de noviembre el día internacional de la eliminación de las violencias contra la mujer, reivindicamos todos los trabajos que sostienen la vida, las dinámicas que colocan en el centro el bienestar de sus equipos de trabajo, el trabajo remunerado y agradecemos también a las asistentes del hogar que nos colaboran para que nosotras podamos atender y defender los Derechos Humanos.

Jennifer Birmania Bello. Filóloga, Comunicadora y Educadora Social Feminista. Escritora en construcción, que registra desde lo que identifica como códigos de la sensibilidad: aprendizajes, descubrimientos, reflexiones y poesía.

Eugenia L. Carrión. Arquitecta y fotógrafa. Profesora de Fotografía, ilustradora entusiasta y amante de las artes. Trabaja por su cuenta creando, asistiendo y colaborando en distintos proyectos creativos.

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