Arte y tecnología: tatuadoras nicaragüenses

La Quimera

, CiberChicas

El tatuaje en Nicaragua es un arte bastante joven, hasta hace poco las personas han comenzado a ver a alguien tatuado con otra mirada, más allá de los tabús, prejuicios o el miedo. La apreciación por este arte corporal, que tiene raíces históricas ancestrales, se ha venido modificando con los años, aunque eso significa que es 100% aceptado. En nuestro país su gremio es bastante pequeño pero perseverante, en esta ocasión conversamos con tres chicas tatuadoras y artistas, quienes nos cuentan sus inicios y prácticas en el arte de plasmar de forma permanente sus diseños e ideas. Ellas combinan el dibujo y el uso de máquinas, que de manera creativa insertan en la piel fragmentos de historia, imágenes que captan sensaciones o simples momentos de locura y experimentación.

“Tatuar es una de las cosas más bonitas que he experimentado a lo largo de mi vida. Estoy muy conectada con la madre naturaleza, he tratado de enfocarme en un estilo ilustrativo y botánico.” 

Geneva Bermúdez, artista plástica y corporal, lleva 7 años en el mundo del tatuaje, dice que el tatuaje la encontró a ella y no ella a él. Desde niña siempre se interesó y fluyo en el arte y la creatividad. Inició su proceso artístico como tatuadora en el 2013 aprendiendo con un tatuador que le compartió sus bases durante 3 años, después de ese tiempo se independizó y comenzó el proceso de encontrarse a sí misma como artista y poder tener un estilo propio. 

“Mis intereses siempre han sido con la naturaleza, me hubiese gustado ser bióloga o física y eso lo reflejo en mis ilustraciones que nacen de mi afinidad a la botánica, la biología, la física y la química, muchas de las referencias de mis inicios eran naturalistas.”  

Daniela Mercado, conocida como DARTDO, era destacada en su escuela como la chica que dibujaba, estudió diseño gráfico y estuvo en clases de arte contemporáneo en TACON, una iniciativa de Espira, donde tuvo mayor apertura creativa y reflexión crítica. Ha participado en producción de eventos, intervenciones callejeras, performances y ferias creativas.  Al comprar sus primeros equipos comenzó un proceso autodidacta, donde experimentaba tatuar sobre frutas y ella misma. Después de un período de aprendizaje decidió trabajar de forma independiente, le tomó 2 años completar su estudio del cual se siente muy orgullosa, se considera a sí misma perseverante y decidida en cumplir sus metas. 

“Me gusta tatuar en color, pero también me gustan los trabajos que son pura línea, ando bien en los extremos” 

A Sofía Páez también le interesó el dibujo y el arte, aprendía sobre pintura y murales y comenzó a llamarle la atención el tatuaje desde muy joven, hasta que un buen día hizo uno y le gusto el resultado. Después de esa primera experiencia entró a un proceso de aprendizaje durante 2 años en donde de manera formal la supervisaban en su práctica. Ella nos comenta que la única manera de aprender es haciéndolo y al principio de su proceso no cobraba, pero después fue adquiriendo más experiencia y se independizó para crear su propio estudio.

Tatuaje y tecnología

El tatuaje ha ido de la mano con el avance de la tecnología de manera dinámica, es impresionante ver como un arte que comenzó con trozos de hueso o conchas, ahora ha evolucionado hasta generar sonidos. Geneva nos comenta sus inicios, cuando comenzó a tatuar no miraba muchas mujeres tatuadas ni tatuadoras, los materiales eran muy difíciles de encontrar y las máquinas eran muy pesadas y ruidosas: “comencé a tatuar con una máquina de bobina, era muy tequiosa y siempre tenías que estar atenta a los detalles, después tuve la experiencia de trabajar con una rotativa, que era mucho más liviana y ergonómica.”

Sofía también aprendió y comenzó a trabajar con máquinas de bobina, nos cuenta que terminaba con la mano cansada porque pesaba alrededor de una libra, además de acomodarse a su vibración, al estar cambiando las partes, calibrando, etc., tenía muchas máquinas al lado para hacer un solo tatuaje, una para línea, otra para sombra y si el diseño tenía diversos tipos de líneas y sombras iba sumando: “son máquinas fuertes, no importa que no estés estirando bien la piel o que sea un más compleja de trabajar, la de bobina trabaja con cualquier tipo de condición, pero eso implica también bastante daño.”

Para Daniela su primera experiencia también fue con una máquina de bobina, en su búsqueda de mejorar sus equipos encontró en Granada una persona que hacía máquinas de manera artesanal y compró una, pero descubrió que tenía demasiada potencia para su mano y desistió de usarla. Luego cambio a las máquinas rotativas y las sigue usando hasta ahora. Todas ellas han ido mejorando sus equipos por diferentes razones, Daniela lo hizo para mayor comodidad, no por la calidad de su trabajo “no todo radica sólo en la máquina, lo demás lo haces vos como artista; depende mucho de vos y lo que queras ir introduciendo en tu metodología de trabajo.”

El tatuaje se está renovando constantemente, en cuanto a estilos y avances tecnológicos, Sofía nos comenta que la máquina que le sirve a una persona no necesariamente le sirve a otra, por ejemplo, ahora trabaja con un máquina rotativa que puede hacer línea, sombra y relleno solo cambiando las puntas, lo que facilita mucho el proceso.

En el mundo del tatuaje

A como nos comenta Sofía, ser mujer en el tatuaje es como ser mujer en cualquier parte del mundo, difícil. Iniciar en cualquier contexto es complejo, Geneva nos cuenta que en sus comienzos muy poca gente confiaba en su trabajo porque era joven y mujer, “ha sido muy difícil para nosotras que nos respeten por lo que hacemos, ser valoradas y ser vistas en cualquier ámbito laboral.” A pesar de eso también recibió apoyo, por eso agradece a las primeras personas que confiaron en su trabajo.

Después de ese factor, Sofía nos explica que, como en muchos otros campos de trabajo, es común escuchar críticas no constructivas del trabajo de otro/a colega, “nunca he tenido ningún conflicto directo con nadie; pero si he visto mucha competencia innecesaria y a veces insana. Pienso, que lo mejor es competir con una misma, yo compito conmigo misma para mejorar mi propio trabajo y para eso no necesito hablar mal del trabajo del otro/a.”

Aunque consideran que dentro del medio las tatuadoras se llevan muy bien, cada una anda por su lado, a pesar de eso hay apoyo entre ellas, algunos clientes han llegado gracias a recomendaciones de otras tatuadoras y viceversa.

Sofía, Geneva y Daniela coinciden en la necesidad de unión y apoyo entre las mujeres tatuadoras, las tres se abren a la idea de compartir lo que saben a cualquier chica que se les acerque con ánimos de ser tatuadora. “Me gustaría que se puedan lanzar más personas a decir: si ella pudo, yo también puedo, entonces porque no intentarlo” nos afirma Geneva. Todas desean que se siga corriendo la voz y se sigan abriendo espacios para que más personas sepan lo que están haciendo, que el gremio de mujeres tatuadoras se teja de manera creativa y crezca de la mano con los siguientes avances tecnológicos.

Raquel Gómez. Diseñadora escénica, artista teatral y docente universitaria, miembro del equipo multidisciplinario Versus Laboratorio Teatral.

Claudia Tijerino. Comunicadora, entusiasta del video y la fotografía.

Deja un comentario