Retrospectiva de la vida propia: La historia de los vencidos

La Quimera

, Voces

Me pidieron que escribiera sobre mi vida y sobre cómo me he comprometido con la situación del país desde la crisis que estalló en abril del 2018. Cuando lo pienso, siento que no hay nada extraordinario que contar en comparación a las historias de tantas y tantos, aún así, he decidido que vale la pena contarles un poco sobre mí;  en parte para ir armando este mosaico de historias donde se entrecruza la vida propia y la historia política.

Nací en Matagalpa y fui criada por mi abuela desde los 7 años, hasta que me fui de la casa a los 17 para ir a la universidad. Soy la menor de tres hermanos y nunca vi a mi papá más que unas cuantas horas, algunas veces al mes. Durante todo ese tiempo mi mamá vivió en Costa Rica como una migrante más, un par de veces intenté vivir y estudiar en San José pero siempre terminaba regresando a la casa de la abuela, que se terminó convirtiendo en mi madre. Mucho de lo que sé, lo sé por ella y de sus silencios también aprendí. 

Crecí a media cuadra de la casa donde nació Carlos Fonseca, el fundador del Frente Sandinista. En una esquina modesta estaba un pequeño museo que conserva sus gafas, su máquina de escribir y un viejo volumen sobre su visita a Moscú. Le pregunté a mi abuela si lo había conocido, me dijo que no, que era mayor que ella; también le pregunté qué porque nosotros no celebrábamos el 19 de Julio si vivíamos tan cerca de donde él nació, me dijo que para ella no había mucho que celebrar. En ese momento ni siquiera comprendía bien qué significaba la Revolución Sandinista, pero contrario a lo que mi abuela esperaba, su silencio me infundió una profunda curiosidad por averiguar porqué nuestra casa no formaba parte de lo que era una especie de fiesta nacional. 

Mucho tiempo después, a los 22 años, estando ya en la universidad, comencé a trabajar muy de cerca con historiadores y documentos históricos, fue ahí donde escuché hablar sobre “la historia de los vencidos” y fue entonces que pude nombrar de alguna manera los silencios de mi propia familia. A mi abuela y a sus hermanos les habían expropiado la finca que les heredó su papá. En medio del caos de la recién llegada Revolución les fueron arrebatadas sus tierras sin saber bien porque; su papá no era somocista y se mantenía bastante al margen de la política. La familia simplemente no habló del tema, nadie quería ser tachado como un contrarrevolucionario en una época de tanta polarización. Así que de la forma en qué sucedió se sepultó, luego de una serie de procesos legales y burocráticos que no llevaron a ninguna parte.

Cuando llegué a Managua me encontré con que el recuerdo de la Revolución aún sobrevivía en la vida de los hijos y los nietos de aquella gente que de alguna forma luchó para que Somoza se fuera, y también me dejé contagiar por esa emoción, no sólo porque me interesaba conocer la historia, sino porque ya no quería formar parte de la historia de los derrotados. 

Curiosamente los relatos de los derrotados no estaba a cientos de kilómetros del pacífico de Managua, sólo estaba a unas cuantas horas. 

Con el tiempo también descubrí que la historia que me habían contado tenía muchos huecos, que los tuvo desde siempre y que ahora, con Daniel en el poder hablando de una segunda etapa de la revolución, no era más que la triste sombra de lo que escribieron alguna vez tantos académicos e historiadores sobre Nicaragua en los años 80’s. Para muchos, era preferible darle algún sentido al caos que estábamos viviendo desde sus viejas nostalgias, antes que aceptar la cruda realidad que se nos ponía enfrente. 

Cuando estalló abril, no me sorprendió cómo en los medios oficiales fuimos construidos como el enemigo al que había que aniquilar. Cuando Daniel comenzó a reescribir una historia donde solo cabía él, era de esperarse que ese monstruo intentara devorarnos para preservar su propia continuidad. 

Ahora que estoy fuera del país y sigo moviéndome junto a otras personas para hablar del tema de Nicaragua, también pienso en mi propia familia y en su silencio como premonición del caos, como velada advertencia del estigma y del ser enemigos sin serlo. Esa fue mi primera escuela política, y hasta hoy me sigue haciendo sentido. 

Autora: Fátima Villalta (1994)

Estudió Psicología en la Universidad Centroamericana (UCA), trabajó como especialista en documentación histórica en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA). Ganadora del premio del Centro Nicaraguense de Escritores (CNE) para la publicación de obras literarias en el año 2011.

Ilustración de portada: John Tenniel

Título: A través del espejo y lo que Alicia encontró ahí.

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