Reflexiones afrodescendientes sobre el antirracismo

Las Gafas Violeta de esta edición están colocadas en el antirracismo, y nos enfocamos en mujeres afrodescendientes de la Costa Caribe de Nicaragua, quienes encarnan reflexiones y acciones, que cuestionan y buscan una transformación de las creencias,  que fundamentan la discriminación y racismo.

Las voces afrocaribeñas que nos acompañan son Indira Down y Hellen D., con orígenes en las regiones Autónomas del Caribe Norte y del Caribe Sur de Nicaragua, ellas nos comparten sobre cómo reivindican su identidad afrodescendiente y cómo han afrontado experiencias racistas. 

No obstante empecemos haciendo un recorrido por las bases históricas del racismo y discriminación, y cómo se manifiestan en las vidas concretas de  Indira y Hellen que nos comparten sus historias.

El racismo es una herencia colonial

La Costa Caribe de Nicaragua, dividida en dos grandes regiones autónomas: Región Autónoma del Caribe Norte y Región Autónoma del Caribe Sur, ocupa el 46% del territorio nacional y alrededor de 1.8 millones de personas habitan en esta zona geográfica, según estadísticas registradas en el portal de noticias de la Organización de Naciones Unidas (ONU); sin embargo, por factores históricos se ha generado una relación de exclusión entre  el pacífico, centro y norte de Nicaragua con el Atlántico.

En 2006, la Dra. Mirna Cunningham, de descendencia indígena Miskito, elaboró la investigación “Anotaciones sobre el Racismo por razones étnicas en Nicaragua”, donde hace un recorrido y análisis histórico de cómo el racismo y la discriminación étnico cultural de Nicaragua responde a “un fenómeno social que tiene sus bases en los modelos de colonización europea y mantiene expresiones y reproducción en la vida diaria actual”, y que “la discriminación en el país se practica en la esfera de un Estado Nacional dividido, según el desarrollo histórico de la época colonial. Primero, la Nicaragua que resultó «mestiza» en el Pacífico, separada de la Costa Caribe que posee características culturales y lingüísticas distintas, y que fue anexada al territorio nacional pasando con ello a regirse bajo las normas de la Nicaragua  «mestiza» por el gobierno de José Santos Zelaya en 1894”, señala.

También Cunningham identifica  como consecuencia de esta anexión de la Costa Caribe  al estado “mestizo” de Nicaragua, la diferencia entre pacífico y Caribe, entre un “ellos y nosotros”, sentando bases estructurales del racismo y discriminación en Nicaragua: “y es que la discriminación adopta al menos dos formas primero, la otredad haciendo referencia a los pueblos indígenas y afro descendientes de la Costa Caribe. Y segundo, la invisibilización, el no reconocimiento de la diversidad cultural dentro del espacio mestizo, el no reconocimiento de los pueblos indígenas del Pacífico, Centro y Norte”, describe en su investigación.

En este sentido, Hellen D. una joven de 24 años, diseñadora gráfica, originaria de Bluefields,  quien actualmente vive en Managua,  nos cuenta que ha tenido que enfrentar insultos, acosos, agresiones y racismo por su identidad afrodescendiente:  “siempre me ha causado ironía y confusión ver como en este lado de Nicaragua hay mucha gente que cree que no existe racismo solo por ser «un país mestizo», cuando es algo que tanto yo como otros hemos visto y vivido micro agresiones, insultos y racismo. He escuchado gente decir que mi afro  «no es profesional», he sido acosada en las calles por ser «morena exótica» y he tenido que esforzarme por educar y romper estereotipos sobre mi cultura y mi región, incluso a mis mismos amigues de aquí”, manifiesta.

Por su parte, Indira Geraldine Downs Campbell de 28 años, ingeniera en calidad ambiental, originaria de las Minas, Rosita viviendo desde hace varios años también en Managua, expresa que desde que se mudó a Managua por sus estudios universitarios, ha tenido que convivir con comentarios donde le dicen que no “parece costeña”. “Yo soy blanca y mi familia es negra, cuando yo me presento y digo que soy de la costa, la gente me dice «vos no sos de la costa porque sos chela y bajita», entonces en cierta manera eso es discriminatorio, porque no tengo porque verme a cómo ellos piensan que somos la gente de la costa, además quién más que yo para saber mi identidad y mi origen. Estoy segura que mi familia que tiene  la piel más morena, negra, han vivido otras situaciones”.

Otra experiencia que nos comparte Hellen, sobre el racismo histórico y estructural en un país que coloca la identidad mestiza, por encima de las otras identidades culturales que habitan Nicaragua y en este caso, por arriba de la afrodescendiente, tiene que ver con la discriminación lingüística y la institucionalización del español como idioma nacional . 

“Mientras estaba en una pulpería con un amigo afro esperando que nos atendieran, nos pusimos a charlar en creole porque es nuestro idioma. Entonces una señora que también esperaba nos empezó a acosar y, casi gritar, sobre cómo deberíamos de respetar porque estamos en Nicaragua y en Nicaragua «se habla español» y además argumentaba que «era una barbaridad» como en la Costa somos «unos salvajes» y todavía tenemos el «gusto» de venir a este lado del país a «robar trabajos o ser criminales» y  que somos «malagradecidos» con la gente de aquí y con el país, por querer mantenernos independientes como región. Simplemente triste”, recuerda con frustración Hellen.

Existir como mujer afrodescendiente es resistir

Para Indira, ser mujer afrodescendiente es sentirse orgullosa de estar viva, de lo que ha logrado como mujer y profesional, sentir gratitud por sus raíces, color de su piel y el de su familia, es una manera de decir que  su origen  existe.

“¿Qué significa ser mujer afrodescendiente? Es una pregunta que me la hago todos los días, sobre todo en los momentos difíciles. Yo me siento muy orgullosa de ser costeña, de pertenecer a esa cultura de colores vivos, ancestralidad, hermandad y para mí ser una mujer afro significa ser fuerte, con carisma, alegre y determinada para superar los obstáculos. Me siento orgullosa de ver como mi pueblo costeño ha evolucionado y resistido a tantas cosas y siempre busca cómo salir adelante”, nos comparte Indira. 

Hellen, establece con claridad que su identidad afrodescendiente la coloca en un continuo accionar por defender la vida, su vida, de buscar la expresión de su ser y ocupar el espacio con su cuerpo, su cabello, su arte y sus ideas, es decir con su humanidad.

“Ser mujer afro es luchar por existir. Retar al sistema y todas sus ramas; el machismo, sexismo y cultura patriarcal de las sociedades, así como los estereotipos que vinculan a la mujer afrodescendiente como una persona menor, incapaz, sexualizada y violenta. Es demostrar que mi sangre y mis raíces no es algo que deba ser escondido, negado o minimizado. Ser afrodescendiente costeña en Nicaragua, es vivir con la dualidad de saber que estamos presente en gran parte de la historia y tenemos un peso cultural generacional y a la vez, saber que la presencia afrodescendiente en el país, es ignorada, invisibilizada y minimizada gracias a la discriminación y los prejuicios raciales”, afirma Hellen.

Como podemos observar las agresiones racistas con las que lidian las mujeres afrodescendientes  tienen su trasfondo histórico colonial, pero un impacto concreto en su cotidianidad, y por tanto reconocen como primer acto de resistencia antirracista: su propia existencia y el ejercicio del  derecho a la vida con la mayor libertad posible.

Otras experiencias  antirracistas

Indira y Hellen coinciden en colocar al centro sus vidas, para a través de ellas, ocupar los espacios y reivindicar sus raíces. Ellas nos cuentan también estas otras  experiencias:  

  • Cultivar el amor propio, autocuidado y “no escuchar, ponerle mente” a las voces que buscan como herir, comenta Indira.
  • Crear comunidad para apoyarse entre sí, sin importar en qué parte del mundo se encuentren. Siempre reclamar nuestro espacio y seguir adelante, a pesar de que la sociedad nos ha limitado por tantas generaciones, nuestra cultura y todo los que nos representa”, afirma Hellen.
  • Ocupar las redes sociales para compartir sobre la comunidad afrodescendiente, su cultura y arte. 

Texto por:

Jennifer Birmania Bello, filóloga, comunicadora feminista e investigadora social. Encantada por el arte, el café, el campo y los viajes. #LosCódigosdelaSensibilidad

Ilustración de portada e infografía por  @dibujo_por_alla.

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