Una visita a mi niña

La Quimera

, Voces

“Yo canto lo que tú amabas, vida mía” Gabriela Mistral.

 “¿Cómo me recuerda de niña?”, le pregunté a mi madre para empezar este escrito mientras ambas compartíamos cercanía y un mismo sofá de la casa que habitamos. Los adjetivos que ella usó fueron “inteligente, dócil, fuerte y como en su mundo” también agregó “siempre te ha gustado compartir algo de lo que es tuyo…. ¡cuánto tiempo ha pasado ya!” … y pues son 27 años.

Este contacto con mi madre me trajo imágenes que ni siquiera recordaba como rituales para dormirme que consistían en ir al corredor trasero de la finca, subirme a una hamaca en compañía de una de mis tías o mi madre y quedar viendo hacia el cielo oscuro, estrellado o con luna llena; o cobijar los objetos de la sala para que no tuvieran frío de noche. Aunque el tiempo siga su ritmo y haya crecido, esa niña que fui sigue en mi piel, mis ojos, mi forma de reír, de llorar y por supuesto, en mis entrañas. 

Ahora mismo, siento ternura y admiración por la Jennifer niña, porque su sensibilidad, determinación, imaginación y creatividad han logrado sobrevivir a muchas temporadas de mí misma y me han acompañado hasta aquí; pese a las voces duras del exterior, esas que dictan los moldes del “debe ser” femenino, buscan socavar las raíces de nuestros sueños y desacreditar nuestra inteligencia; pero que podemos dejar de escucharlas y encontrar nuestra propia voz.

Mi niña-nuestra niña- con sus recursos, es decir, con sus cualidades, actitudes y talentos; más la red de apoyo que fue tejiendo y ampliando en su camino, fue capaz de navegar los desafíos de clase y género para acceder a la educación, al arte y al placer de tomar decisiones por sí misma.

La curiosidad de la niña Jennifer posibilitó el encuentro con el Feminismo, con hermanas de elección, conocer que lo personal es político y que son los feminismos terrenos fértiles para investigarme y transformar la realidad. Comprender profundamente que hay diversidad de cuerpos, de sentir placer y amar; y mi cuerpo grueso, voluptuoso y grande es mi forma de estar en el mundo; que necesita amor, respeto y cuidado empezando esencialmente por mí.  

La adulta Jennifer ahora puede acompañar a los momentos en que la niña se siente sola, miedosa y triste, le lleva de regalo abrazos de contención y le dice que sentirse vulnerable no es malo ni incorrecto, que es parte de ser humana y que pueden estar ahí juntas hasta que el alivio aparezca, o bien refugiarse en la familia y las amigas que su existencia ha generado.

Le recuerda a la abuela, la madre, las tías, toda su raíz materna y también la paterna, le muestra su red de afectos en forma de collage con rostros, situaciones y sentimientos revitalizantes en la que sus amigas, amigos, amigues y amores figuran como protagonistas. 

Con voz amable la adulta Jennifer invita a jugar y hacer travesuras a la niña, con el acuerdo de escucharse y cuidar de no juzgarse la una a la otra.

Autora: Jennifer Birmania Bello

Filóloga, educadora social feminista y artista en construcción desde el teatro y la escritura.

Foto de portada: Mirielle García / La Quimera

Fotos carrusel: Cortesía Jennifer Bello

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