Nada está normal: Entrevista a Marja Siu

Marja Siu, compositora y artista visual nicaragüense, lanzó su primer álbum Veer (del inglés cambiar de dirección) el 27 de abril del 2019, compuesta por tres canciones de su autoría luego de la crisis sociopolítica de abril 2018 en Nicaragua. En esta edición de Cuarto Propio, hablamos con Marja sobre su rola “Nada está normal”, empezar su carrera artística siendo una adolescente, sobre el contexto sociopolítico actual de Nicaragua y también sobre su aporte desde el arte como mujer joven.

¿Cómo fueron tus inicios en la escena musical nicaragüense?

Primero que nada, era una adolescente y esta era una oportunidad perfecta, más segura, ahí estaba mi hermano, y de tratar de experimentar, de ver quién soy, qué es lo que hago bien y qué necesito aprender. Había mucha presión, en esos tiempos no habían tantas mujeres en la escena musical, no habían tantas mujeres de 14 años, menos siendo cantantes o siendo la cara de una banda conocida. Sentía ese peso de representar nuestra creatividad y qué tan buenos éramos.

Fue muchísimo aprendizaje y confusión porque en Latinoamérica, a toda mujer desde la adolescencia, todo el mundo está acostumbrado a hacer comentarios sobre tu cuerpo, de cómo te ves, que si estás más delgada te ves mejor y toda estas cosas que se sabe que es mucho de body shaming (humillación corporal, tipo de discriminación basada en la apariencia física). Todavía estamos en el proceso que la gente sabe que eso no está bien. Te afecta bastante cuando no estás emocionalmente madura para entender esos comentarios y cómo funciona. Fue mucho de aprender cómo protegerme, cómo darme cuenta qué cosas tengo control y qué otras cosas no tengo [control] desde muy temprana edad, por eso fue bastante difícil. No me percaté que me estaba poniendo en un lugar muy vulnerable a mi edad pero a la vez de todo se aprende y estoy agradecida que haya sido como un reto que pude superar.

¿Qué ha cambiado desde esos inicios a lo que es ahora tu experiencia como solista?

Antes estaba en una banda, era algo colectivo, me sentía segura de fallar porque tenía retroalimentación. Sabía lo básico y como he estado viajando, desde los 16 años he estado estudiando afuera, también era difícil comprar o tener instrumentos adonde yo fuera. Compré un ukulele y ahí fue donde comencé a cantar y tocar sola cuando me fui de Nicaragua.

Cuando hice mi primer EP, Veer, la primera diferencia que sentí fue hacerlo con mis conocimientos un poco limitados. Yo tocaba el bajo, piano pero cuando comencé a cantar los dejé. Ahora tengo 24 años y tengo bastante autoconocimiento como para sentirme en control de mis emociones y de mis experiencias también, es muy necesario para estar bien. Uno de los mayores cambios ha sido mi seguridad, de confiar en mí misma y en mis decisiones, especialmente mis decisiones musicales, en lírica, estructura.

¿Y cómo ha sido tu experiencia estudiando artes visuales en el extranjero? 

Me fui a Noruega con beca completa, a estudiar un bachillerato internacional, a UWC Red Cross Nordic, que te deja aplicar a un montón de colegios en el mundo. Me gradué ahí y apliqué a una beca en Ringling College of Art and Design en la Florida, con especialidad en Motion Design (Diseño en movimiento). Aprendí un montón, animación se sentía natural, aprendí diseño grafico porque yo solo era ilustradora, eso fue bastante retador y de ahí comencé a sacar pasantías todos los años.

En mi primer año de colegio, me devolví a Nicaragua y ahí trabajé en Boombit, con la poca experiencia que tenía. De Malala Fund me escribieron cuando estaba en mi último año de colegio y encontraron mi trabajo en este directorio que se llama Panimation Directory, es un directorio de diseñadoras de animación y gráficos en movimiento de mujeres, trans y no binarias. Es lo que necesitamos, en muchas industrias hay falta de diversidad.

Cuando estás pequeña y esas cosas pasan no sabes por qué exactamente, sentís que es normal, que así es la vida y tenés que aprender a ver qué podés hacer con el espacio que te dan. Luego comencé a seguir mis sueños, a ser una artista, me hice muy consciente como a veces mi género, ser mujer, puede ser un obstáculo a muchas cosas que quiero hacer.

Con Malala Fund hice un vídeo para una campaña para recoger fondos, su meta es que toda niña y toda mujer tenga una educación porque si uno empodera a las niñas y mujeres el cambio en una sociedad es absoluto. Si vos le das a mujeres el poder sobre su cuerpo y sobre su seguridad y conocimiento y adonde quieren ir, en cualquier comunidad en cualquier contexto social, todo cambia. Así comenzó mi experiencia con mucha esperanza, como todo esta carrera sentí que estaba llegando a algo, estaba mejorando en cada paso. Cada año aprendí de mis errores y trataba de solucionarlo y me alegra que haya dado frutos.

Las niñas tienen el poder

Las niñas tienen el poder de impulsar las economías, crear empleos, hacer que las comunidades sean más seguras e impulsar la industria. En el Día Internacional de la Mujer, comprométase a tomar medidas para que todas las niñas puedan aprender y ganar en Full Force. fullforce.malala.org/pledge Publicado por Fondo Malala en Jueves, 7 de marzo de 2019

En mi último año, Nickelodeon vino a mi colegio y me contrataron después de salir del colegio, ¡fue increíble! Trabajé tiempo completo y en un show que salió en la televisión, tuve mis primeros créditos televisivos. Además he trabajado con Netflix, Bloomberg Philanthropies, Heinrich Boll Foundation, Organización de Estados Iberoamericanos y Troika.

Ser mujer me ha empoderado, el hecho que me siento mucho más sensible a las luchas de los demás y me siento orgullosa por la compasión que he podido desarrollar debido a todos los obstáculos que se me han presentado solo por hecho que soy una mujer, chiquita, extranjera y tengo un acento, hay muchas cosas en mi contra que yo sé, a ciertas personas va a tener prejuicios, que tal vez no soy lo suficientemente confiable o no tengo lo suficiente para poder hacer este trabajo. Eso ha sido duro pero me emociona mucho poder participar en proyectos que intenten derrocar todas esas cadenas, mitos, prejuicios y también darle la oportunidad a la gente de fallar y crecer.

¿Cómo te ha afectado el contexto sociopolítico de Nicaragua como artista? 

Yo estaba aquí en Estados Unidos, solo era por Facebook o hablar con mi familia en el grupo de mensajes. Una gran parte de mi vida se había revolcado y cambiado completamente, de una manera que te hacía sentir mucha inseguridad y mucho miedo.

Yo siempre he tenido empatía con gente que sus países están viviendo una guerra, dictadura o una injusticia humana. Estando en Noruega, amigos de Ucrania no podían regresar a su país cuando estaban en la guerra, pero nunca, nunca, es lo mismo como cuando te pasa a vos. Intentamos ser compasivos y entender todas las injusticias que pasan en todo el mundo: Siria, Yemen, tantos países; pero es cuando te pasa a vos que te das cuenta que tan mal es eso. Son increíbles las injusticias que se pueden crear simplemente por tanto poder que tiene un gobierno, tanta corrupción.

En Diciembre de 2018, volví a Nicaragua para pasar navidad con mi familia, desde el momento que estuve en Managua, inmediatamente me di cuenta que mi país ya no era igual en el que crecí. Fue muy raro y peor de lo que pensé. Fue ahí, como artista con mi música fue un efecto rápido, toda la experiencia de ver a mi país en esa situación con tanta violencia, con tantas historias realmente tristes, que empecé a escribir canciones.

A la vez, me impresionó la humanidad que despertó en la gente de Nicaragua, las conversaciones que tenía con las personas cuando volví todas eran vulnerables, abiertas de cómo se sentían. Me di cuenta que el gobierno y la policía no te pueden proteger, es la comunidad la que te protege. Había un sentido de comunidad increíble, algo que sentía mas o menos cuando vivía allá pero no era igual para nada, ya las conversaciones eran más importantes.

¿Por qué la necesidad como mujer joven de escribir sobre la realidad nicaragüense?

Me di cuenta y me impresionó bastante, [gobierno] querían que todo pareciera normal cuando nada, nada estaba normal. La música se convirtió en mi manera de tener un escudo, una manera de pelear, saber que lo único que puedo hacer y sé como hacer es cantarlo. Veía a tantas personas haciendo todas estas cosas, amistades que se fueron a la cárcel por organizar protestas, por salir a la calle. Yo no podía hacer eso porque no estaba ahí. En esas circunstancias, quería hacer algo pero qué opciones tengo y sí, fue escribir canciones.

¿Qué significa para Marja Siu que “Nada está normal”?

Significa que hay un gran colectivo de gente que se da cuenta que algo no está bien. Está pasando en todos los países, ha estado pasando aquí (EUA) con todo lo de Black Lives Matter (Vidas Negras Importan), desde hace tanto tiempo la policía matando a gente negra. Y ese es el problema, es como se perpetua la corrupción, a las personas que no afecta tantas injusticias en muchos países, es la gente que tienen el poder, que tienen la habilidad de hacer cambios. Son estas cosas que han normalizado tanto que ya es momento de decir que NO, solo porque a vos no te afecte no significa que no existe. El hecho que nunca cambiamos de presidencia [en Nicaragua], tanto poder acumulado y nosotros lo ignoramos, pensábamos que todo estaba normal hasta que explotó.

¿Hacia dónde se dirige Marja Siu? ¿Cuáles son tus planes a futuro como artista?

Estoy muy concentrada en mi carrera como Motion Designer, es algo que me apasiona bastante, quiero tener muchas experiencias en ese campo, representar en esa industria mujeres extranjeras, inmigrantes que están haciendo un buen trabajo, en un campo que nunca se hubieran imaginado entrar.

Una de las cosas que me encantó hacer fue mi tesis, pude combinar esas dos partes de mi vida [arte visual y música], es lo que voy a estar buscando en el futuro, y seguir creando, aprendiendo, creciendo, dar un buen ejemplo a las personas alrededor de mi vida que son las que al final podés tener un impacto, y ¡vivir lo más que pueda! Esperar que tenga la fuerza, energía, inteligencia, paciencia, cada vez que vea alguna injusticia o cada vez que crea en algo, no tener miedo de alzar mi voz, no tener miedo de tener discusiones incómodas y también espero que mi vida siga dándome retos.

¿Te gustaría compartir un mensaje para las mujeres jóvenes en Nicaragua?

La única manera que puedo contestar a esta pregunta, qué me hubiera querido decir a mí misma cuando tenía sueños estando en Nicaragua, cuando a veces me sentía perdida pero sentía que había algo que quería hacer. Una de las primeras cosas es: aprender a fallar, a estar más confortable con fallar. Hay mucha presión, en muchas minorías, de profesión también, sentís que tenés que ser perfecta si querés que alguien te tome en serio y como que ese rumbo o pensamiento perfeccionista me ayudo mucho a continuar avanzando pero me hizo perderme a mí misma cuando fallaba.

Cuando uno aprende a fallar y aprende a sentirse mas cómodo con eso, lo que estas haciendo es desarrollando tu auto compasión, ser más compasiva con vos misma porque te enseñan a ser amable con las personas pero tenés que aprender a ser amable con vos misma. Y también hay que enseñar a las niñas que no importa como se vean o como estén, se tienen que querer así mismas.

La persona que debería de importarte un montón sos vos, sos la persona que puede tomar esas decisiones, que puede aprender, puede crecer, hacer un cambio, por más pequeño que sea.

Cuando tenés un sueño tenés que darte cuenta que ese sueño es tuyo, que ese sueño puede cambiar, y está bien, siempre y cuando, una no se pierda. Cuando una se tiene amor a una misma, cosas lindas pasan y cuando pasan cosas malas, sentís que podés salir de eso. Eso es muy importante aprender, [el amor propio] es una habilidad importante para aprender.

Karen Rodríguez. Nacida en Bilwi, caribe norte de Nicaragua en el año 1980. Feminista, activista, bruja. Baila y canta para defender su primer territorio, su cuerpo. Existe en las palabras conjuradas en un poema y en la poesía rebelde de sus ancestras.

Fotografías: Cortesía

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