Mujeres periodistas: lidiando con la violencia de siempre y la violencia de hoy

Ser mujer y ser periodista en Nicaragua resulta ser una mezcla tipo molotov. Ser mujer aún en nuestros días representa cierto grado de vulnerabilidad y ejercer el periodismo conlleva otro nivel de peligrosidad, esto no porque las mujeres así lo queramos, sino porque la violencia es estructural, interseccional y nos afecta de incontables maneras. 

La violencia en todas sus manifestaciones, llámese machismo, explotación, represión, exclusión, etc., nos acecha desde niñas, esto se debe a que esa violencia tiene una base en el sistema capitalista – patriarcal y se refleja como espejo en el Estado y sus instituciones, las empresas grandes y pequeñas, los medios de comunicación, las iglesias y por supuesto los hogares.

Esta violencia es considerada estructural porque ocurre en diferentes espacios y adquiere diversas formas, trascendiendo los espacios privados, hacia los espacios públicos. Quienes ejercen violencia contra las mujeres son principalmente hombres que tienen algún tipo de vínculo o relación; los medios de comunicación; las instituciones civiles y el Estado; cuando a través de sus políticas, o falta de estas, favorecen la violencia contra las mujeres. 

Hablar de violencia en Nicaragua nos obliga a hacer un análisis antes y después de 2018, es por eso que nos pusimos las gafas violetas e indagamos sobre esa violencia histórica que nos afectaba por ser mujeres y periodistas y esa violencia mutante que nos afecta hoy en día y que en nuestro país resulta extrema y particular. 

Para este reportaje, además de consultar datos y definiciones, hablamos con mujeres dispuestas a denunciar la violencia que les afecta por ser mujeres y por dedicarse a ejercer su carrera como periodistas. 

La violencia de siempre

Antes de 2018 las mujeres periodistas padecían la violencia, una violencia machista reflejada en la desigualdad salarial, la discriminación y el acoso sexual. 

Ocho mujeres periodistas que integran PCIN (Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua), en noviembre de 2019 se organizaron para denunciar creativamente la violencia que vivieron por años, en medios donde han laborado o la violencia que hombres poderosos ejercieron contra ellas años atrás: funcionarios, docentes o autoridades. 

Esta acción de denuncia la enmarcaron en la campaña “No soy yo, es tu violencia” y fue así que el 30 de noviembre presentaron la obra “Descabezando la vaca”. Periodistas de Estelí, Masaya, León, Managua y Bluefields, durante 40 minutos presentaron ocho testimonios reales en formato de monólogos, donde dieron a conocer casos de violencia de género y violencia sexual, de cuando eran estudiantes de comunicación o mientras ejercían su labor periodística en medios nacionales. 

“El objetivo de esta actividad fue evidenciar y denunciar públicamente cómo las mujeres somos violentadas sexualmente en el ejercicio periodístico en sus diferentes facetas, tanto académicas y profesionales. Sabemos que estas experiencias permean toda la realidad mediática y decidimos utilizar el arte escénico como canal de visibilización, de denuncia y acción para el cambio”, afirma Elsa Espinoza, integrante de PCIN y co creadora de la obra. 

Uno de los monólogos que integran la obra, se basa en el testimonio de la periodista Flor Mendoza, quien valientemente lo ha compartido para este reportaje.

Testimonio Flor Mendoza

La violencia de hoy

A partir de abril 2018, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha gestionado medidas cautelares para 53 mujeres activistas, periodistas, abogadas y defensoras de derechos humanos que, por estar políticamente activas, han recibido diversos tipos de violencias. Destacan relatos de acoso en redes sociales, difusión de datos privados y campañas de desprestigio. 

Alicia (seudónimo utilizado para proteger su integridad) declara que: “ser periodista hoy ha implicado sacrificar mi vida, prácticamente, porque uno sale a las coberturas a la calle pensando en que si regresará con vida o teniendo suerte, que al menos sean sólo golpes. Ejercer [la profesión de periodista] en este tiempo ha significado reforzar mi carácter, ser más segura y a la vez más desconfiada de todo lo que me rodea durante mis horas de trabajo en la calle. Quedarte en el país en estas condiciones injustas es porque amás tu trabajo y querés que a través de él la gente sepa y juzgue lo que sucede en Nicaragua. Siento que esa es una manera de contribuir a la búsqueda de soluciones”.

Por incidentes como estos, en octubre de 2019 PCIN creó el Observatorio por la Libertad de Información y de Prensa Independiente de Nicaragua, con el objetivo de documentar, atender, denunciar, y dar seguimiento a casos de violaciones a la libertad de prensa, de expresión y acceso a la información. 

Hasta la fecha han publicado dos informes, de los cuales se desprenden los siguientes datos, mismos que hemos preparado para visibilizar la situación particular que enfrentan las mujeres. 

Sobre las agresiones identificadas como violencia sexual, queremos aclarar que se expresan en acciones de chantajes, manoseos, amenazas de violación, acoso y hostigamiento. Estos delitos fueron ejercidos por paramilitares, funcionarios públicos, parapolicías, fanáticos provenientes del partido de gobierno y oficiales de la policía nacional y se produjeron mientras ellas ejercían la labor periodística. 

Además de esa violencia laboral y física a la que están expuestas, hay violencias menos visibles y más silenciosas como la digital, que ha venido en aumento y que tiene un impacto directo en la integridad emocional y psicológica de las mujeres que tienen un rol en lo público. 

FUNIDES en 2019 realizó una investigación de carácter nacional bajo el título: “Violencia de género a través de la tecnología contra mujeres políticamente activas”, y bajo esa categoría se engloba el quehacer de las mujeres periodistas. 

Uno de los principales resultados de la investigación fue la reflexión sobre el carácter interseccional de la violencia digital, pues no se expresa de manera aislada, están relacionadas entre sí y con otros tipos de violencia ya conocidas en el mundo físico, por lo que también tienen un impacto en la vida diaria de las personas.

Otra evidencia importante del estudio es el carácter de peligrosidad que representa el incremento de la violencia digital, pues más del 30% de las amenazas, uno de los principales mecanismos utilizados en el contexto de la crisis que enfrenta el país, se han concretado, trascendiendo del entorno tecnológico; afectando el espacio privado y la vida íntima de las mujeres que la padecen. 

Es alarmante la violencia ejercida contra periodistas y profesionales de la comunicación, pero sobre todo la impunidad que caracteriza nuestros días en Nicaragua. 

Autora: María Martha Escobar. Comunicadora Social, Activista feminista y Docente universitaria. Adoradora de gatos y cervezas.

Fotografías: Cortesía

Ilustración de portada: El Gato Negro Lunar

Deja una respuesta