Mujeres Negras en el Pacífico

El 8 de mayo de 2019, Lottie Cunningham, defensora de derechos humanos del Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (CEJUDHCAN), denunció a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que el conflicto entre indígenas y colonos ha tenido consecuencias devastadoras en la alimentación, salud y el desplazamiento forzado.

No hay cifras exactas, ni estudios de cuántas personas se desplazan de las Regiones Autónomas del Atlántico Norte y Sur (RAAS, RAAN) hacia la capital, Managua. Teniendo en cuenta la precariedad, violencia, falta de acceso a la salud y educación las personas migran para cambiar su realidad. 

En este El Cuarto Propio conversamos con Eva White y Jessenia Martínez Espino, dos jóvenes afrodescendientes que nos comentan su experiencia de vivir en el Pacífico. 

Realidades entre las Mujeres Negras

Eva y Jessenia se identifican como mujeres negras, ambas sufrieron racismo por su color de piel desde pequeñas; sin embargo, ellas han aceptado sus raíces, lo cual es una lucha interna y colectiva.

Eva White, nos cuenta que desde la escuela primaria le hacen comentarios racistas y rodeados de mitos como “¿hablas en Miskito?, ¿inglés?, ¿vendés drogas? o ¿sabés hacer trenzas africanas?”. “No es algo que me quite la vida”, nos dice, pues no le aportan nada.

Para Jessenia Martinez Espino, vivir en Managua es ir “encajando en medio de muchos estereotipos, es explicar el lugar donde nací”. Ella es estudiante de Comunicación, trabaja en un medio de comunicación deportivo y como recepcionista en un hotel. 

Mi cabello, mis reglas

Acerca de su melena, Eva nos relata que de niña, las señoras y quién podía le tocaban el cabello; ya sea, por curiosidad de saber cómo se sentía o por puro afán de molestar. Es por eso, que no le agrada que toquen su cabello, peor si no preguntan. 

“Es que claro, aquella cabellera enorme, que por más que la peines es como que tuviera vida propia, que siempre se ve grande, llamativa. Supongo que se les hace inevitable no tocarlo; pero no, ya les gustaría tuviéramos el mismo afán de tocar a las cabello de lluvia, cómo popularmente se dice.”

Melena, sinónimo de Resistencia

Jessenia nos confió que le decían “la campesina” y en reiteradas ocasiones la señalaban por su forma de hablar, su nariz y su cabello, tanto que este último se lo empezó a planchar a los 12 años.

A ella le hacían comentarios como “chiva, ella sabe de brujería” o “tu cabello es feo”. Ahora nos afirma que su cabello es sinónimo de resistencia, por solo el hecho de conservarlo, “aunque me hayan señalado por mi cabello y físico, siempre lo llevaría conmigo porque es lo que me define y me identifica”.

Hipersexualizacion de la mujer negra

Actualmente, Eva White estudia Diseño de Modas, realiza deporte con frecuencia y es modelo. Le preguntamos cómo incursionó al mundo de la moda y su respuesta fue que nunca tuvo ningún tipo de afición sobre eso, “pero se dio la oportunidad y por cuestión de aventurarme y adquirir diversos conocimientos incursioné en eso”. A la vez, nos comenta que a pesar de que fue por pocos meses estuvo en un ambiente arduo, por lo que hay mucho que manejar como el físico, la alimentación y personalidad.

White nos relata que dentro del modelaje no era un requisito ser blanca, sino ser alta. “Lo que sí, cómo en todos sitios pasa, es que el no ser común o verte extravagante claramente llama la atención y la gente lo ve así, en exageración: ser negrx es ser estrambóticx, aunque no te veas con afanes de ser ostentosx, simplemente llamas la atención y pues eso lo usaban a su favor”.

A la vez, nos menciona que ha recibido comentarios obscenos de personas externas e internas a su círculo debido a su color de piel. Etiquetas como “las negras lo hacen mejor” son las que reivindican la cosificación de las mujeres negras.

Vivir en Managua siendo Afrodescendiente

De su experiencia en Managua, Eva White nos asegura que es una “Negra Managüense” porque nació y se crió acá; por lo cual no puede fingir o aparentar que es de otro lado y practicar cosas  de la cultura local del Caribe, que ella no vive a diario.

Mientras que Jessenia nació en Siuna, en 2006 se desplazó a la capital con sus hermanas para vivir en un hogar temporal, porque su mamá estaba mal de salud y no tenía suficientes recursos para poder sustentarlas.

“Vivir en Managua es explicar donde queda el lugar donde nací porque muchos a veces no saben, vivir en Managua es explicar que la Costa es un región multicultural porque lo primero que me dicen es «¿pero por qué no hablás miskito si sos de la Costa?», vivir en Managua es identificar de dónde vengo, por mi pelo porque es lo primero que ven.”

Nos explica que no tiene muchos recuerdos de pequeña, solo que sus tutoras le decían que era muy inquieta y llorona. “Creo que me costó acoplarme a la gente que no conocía, me hacían bullying (acoso) por mi ascendencia”. 

¿Cómo preservar la Cultura Afrodescendiente?

Acerca de cómo preserva su cultura en familia, nos detalla que hacen sus propias medicinas, cocinan a fuego y hacen guacales para beber el Pozol, el baile que comparte con lxs demás, una que otra palabra que aún conservan y la manera de vestirse. 

“Voy cada diciembre a Siuna, es momento de reunirme con mi familia, ir a la finca, visitar a cada unx de mis familiares, comer lo que no hay en Managua y disfrutar del ambiente”, puntualiza. 

Jessenia nos confiesa que ya se acostumbró a vivir en la capital, pero le gustaría que la Costa Caribe no sea ignorada. Su realidad es una de muchas en Siuna, en un inicio nos dice que es un privilegio venirse a la capital porque pudo estudiar, en su lugar de origen no hay acceso a una escuela, “puesto que hay que caminar dos horas o más, solo hay una profesora para tres grados y no hay recursos económicos de parte de los padres para invertir en la educación; por estas causas muchxs niñxs comienzan a trabajar desde los ocho años”.

Ella nos afirma que no hay limitantes para las mujeres negras, “solo las mismas que vos te ponés”. Ella argumenta que si se lo proponen, aunque cueste lo que cueste, lo van a lograr, sin importar el qué dirán.

Yo le diría a la mujer afro que viven en Managua, que nunca entierre su pueblo, que no olvide quien las vio nacer. Les diría que es mejor ser diferente a querer ser igual a quienes nos señalan, les diría que nadie las haga sentir que tienen limitaciones, les diría que ellas pueden lograr más de lo que ellas creen.” 

Para finalizar, Jessenia expresa que “un día salí de mi pueblo, pero mi pueblo nunca salió de mi corazón”.

Gloria Darce Jiménez. Feminista, casi Comunicadora y Fundadora de Mininos UCA. 

Ilustración por La Esquina Indómita

Fotos: Cortesía

Deja una respuesta