Mujer y lesbiana, rebelde confirmada

La Quimera

, Voces

Soy mujer, tengo una vida sexual activa, muy placentera y saludable, soy muy amorosa y detallista con mi pareja, a como mi pareja lo es conmigo y soy lesbiana.

Algunas personas cuando se dan cuenta de mi orientación sexual parecen tener un cortocircuito en el cerebro. Como que algo no les hace clic cuando escucha la palabra mujer y lesbiana saliendo de mi boca. Eso justamente le pasó a mi papá cuando yo salí del clóset, allá por el 2014. Obviamente fue un shock para él, porque de las mujeres se esperan muchas cosas: que seás femenina y andés siempre arregladita; que seás recatada y que te “guardés” o te mantengás virgen hasta que te casés o que por lo menos no andés abiertamente cogiendo con quien se te venga en gana; que te gusten los hombres y, por supuesto, que seás o que querrás ser madre.

En nuestra sociedad – como en todo el mundo – todos estos mandatos son condición sine qua non para ser considerada una mujer de verdad y basta con romper con uno de estos mandatos para que te bajen puntos en el mujertómetro. Sin embargo, de las anteriores cosas NADA, pero NADA, puede ser peor que ser cochona. Y no es tan difícil saber el porqué. Yo me di cuenta de que a mi papá le cayó el balde de agua más frío de su vida cuando se lo dije porque ipso facto la verborrea lo delató:

“¡Vos tenés que ser mujer, no te pueden gustar las mujeres!”.

“Nunca hubiera pensado eso de vos”.

“Mi hija no puede tener ese defecto”.

“¿Cómo? Si sos tan bonita y te vestís ‘así’”

“¿No te vas a casar y tener familia?”

Marcha del Orgullo LGBTIQ+, Managua 2018. Adriana Ramírez / La Quimera.

Aparentemente el hecho de que no me gustan los hombres, me dejó sin proyecto de vida a mis cortitas 20 primaveras. Por lo menos así fue para mi papá. Y lo que tienen en común todos esos escenarios a los que él hacía referencia (que no me gusten los hombres; que me vista como “mujer” – es decir, que no me vista como hombre y por ende que sea agradable a la mirada masculina, que no convenga sagrado matrimonio y que no quede preñada) es que suelen ser únicamente posibles si un hombre aparece en mi vida.

En este mundo donde ser mujer, femenina y heterosexual es la norma, las lesbianas pecamos (y con todo el gusto) de ser rebeldes.

¿Por qué somos rebeldes las lesbianas?

Porque para nombrarte lesbiana inevitablemente tuviste que experimentar o desear o al menos imaginarte escenarios donde tus interacciones sexuales y afectivas las llevas a cabo con otra mujer. O sea, NOS IMAGINAMOS A NOSOTRAS MISMAS AMANDO Y COGIENDO con la maje que nos gusta. Exploramos nuestra afectividad, nuestro deseo y nuestra sexualidad, campos que históricamente se nos han negado a las mujeres.

“En este mundo donde ser mujer, femenina y heterosexual es la norma, las lesbianas pecamos (y con todo el gusto) de ser rebeldes.”

Porque demostramos que es posible tener placer sin la presencia de un pene. No somos sujetas castradas, no nos falta nada, estamos completitas así tal cual, y gracias a ese entendimiento nos reconocemos responsables por nuestra satisfacción sexual y la de nuestra pareja, por supuesto. Dejamos de ser objetos para el placer de otro para reafirmarnos como agentes activas en la experiencia erótica.

Porque las miradas de los hombres no son de nuestro interés, por tanto, no construimos nuestras identidades ni manejamos nuestras interacciones basadas en los gustos masculinos. Antes bien, hemos, entre las diferentes expresiones, comenzado a construir y visibilizar otras nuevas feminidades al margen de la norma heterosexual.

Porque ser y nombrarnos lesbianas es una afirmación política de que existen otras formas de ser mujer, de que otras formas de vivir, amar y coger son posibles. Somos ejemplo vivo de esto.

Abrazos, So *Emoji corazoncito morado*.

Soghand Ghadimi

Mujer, lesbiana y feminista. Autora del blog La Vida en Púrpura.

 

Foto principal: Lucero Arte Social / La Quimera

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