Sí, es momento de hablar de la lucha de las mujeres

La Quimera

, Voces

En los últimos dos años el país ha estado sumido en una de las peores crisis sociopolíticas y de violación de derechos humanos de su historia. Ante este escenario, se ha conformado una oposición heterogénea, compuesta por distintos sectores de la sociedad para hacerle frente a la crisis. Es en este momento de la historia donde nos situamos.

Soy una joven que le tocó entrar a este escenario político a los 20 años, en medio de la esperanza de ser parte de cambios profundos y estructurales. Me vi involucrada en un movimiento que no solo vendría a cambiar mi propia vida, sino la de todas y todos los nicaragüenses. 

Mis únicos espacios políticos, hasta antes de abril 2018, habían sido el arte y los espacios feministas. Mis principios e ideales políticos se han regido desde un eje en el cual reconozco la inequidad que vivimos las mujeres dentro de la sociedad, y a su vez reconozco las prácticas y los comportamientos que corresponden al orden patriarcal; que viene acompañado de verticalismos, caudillismos, egos, violencia, machismo, clasismo y demás males sociales. 

Luego de este preámbulo quiero ser directa: en este espacio hablaré de ser feminista y ser parte de la oposición hacia el régimen dictatorial de Daniel Ortega.

La doble lucha

Eran dos días antes del primer diálogo nacional cuando en la mesa del sector estudiantil había solo hombres cuyas funciones eran representar y leer los comunicados que las mujeres, en su mayoría, eran quienes los redactaban. Esos eran los primeros días y las primeras veces que como mujer feminista, junto a otras compañeras, recibimos gritos y señalamientos por exigir visibilidad en estos espacios. Muchas de ellas ya no pertenecen a estos espacios y al ojo público son anónimas, sin embargo fueron fundamentales para hacerle frente a esta problemática. Una de las frases que recibimos fue: “No es momento de hablar de las mujeres, ese tema dejémoslo para después, cuando salga Ortega”.

Ahí comprendí que la lucha por justicia, democracia y derechos humanos no significaría para una parte de la oposición lo mismos derechos para todos y todas. Sino que esta lucha estaría condicionada por sesgos políticos y machistas, donde no se reconocen las libertades de todos los cuerpos y las distintas opresiones que existen para los grupos más vulnerables de la sociedad, como lo son las mujeres, campesinos/as, comunidad LGBTIQ, comunidades indígenas y afrodescendientes. 

Los espacios se les siguen dando a los mismos sectores, muchos de ellos representados en su mayoría por figuras masculinas. Se me viene a mi mente la imagen de una de las últimas mesas de diálogo donde todos los representantes eran hombres y la mitad de ellos del sector empresarial. Así de desigual. 

Sin embargo, reconozco la lucha de muchas mujeres en la historia de nuestro país. La lucha de hacerle frente a un sistema que nos oprime. Reconozco la lucha de las mujeres que han alzado su voz, y desde antes de abril han hecho temblar a todo Estado violador. Por ellas estamos aquí en estos espacios, pero las violencias siguen existiendo porque existe un sistema que las perpetúa, y no solo el gobierno es parte de ello, lo es toda la sociedad, entre ellos “azuliblancos”, el gran capital, hombres y mujeres. Nadie está exento de perpetuarlo. 

Durante estos dos años mi denuncia ha sido mayormente hacia la dictadura, algo que seguiré haciendo. No obstante, eso no me exime de no hablar de la oposición de la cual soy parte. Una parte de esta oposición que se denomina “azuliblanco” también es parte del sistema que nos violenta, repite los mismos patrones y deja de último tema de agenda la pandémica violencia hacia mujeres.

Por parte de las filas del gobierno del FSLN he recibido amenazas de muerte, de violación, de atentar contra mi identidad física y acoso cibernético. Nunca pensé que algunas de estas amenazas y violencias, en menos grado, las viviría por parte de un sector que se asume como oposición y que al reconocerme públicamente como mujer feminista este mismo sector me acosaría, me anularía como actor político y me señalaría. 

Dentro de espacios de oposición también recibimos violencia. Muchas veces nos ha tocado callar sobre estos temas por la presión de ser vistas como “divisionistas”, pero la unidad no está por encima de los derechos humanos. Ser “azuliblanco” no nos sitúa en una posición moral superior. Reconocer las violencias que ejercemos y existen en nuestros espacios es necesario para cambiar el sistema que nos tiene hoy oprimidas y bajo otra dictadura.

Las distintas organizaciones que encabezan la oposición han puesto poca atención a las violencias que se generan dentro de estas mismas. Muchas tenemos que convivir con abusadores que participan en nuestros espacios políticos y verlos ocupar posiciones de visibilidad. Dentro de estos espacios no existen o no se aplican protocolos para abordar la violencia de género, no se preserva la cultura de paz y las voces de mujeres jóvenes muchas veces son silenciadas. Recordemos que a Ortega en los noventas se le acusó de violación hacia su hijastra y las únicas que creyeron a Zoilamérica fueron los movimientos de mujeres, mientras que para los demás actores políticos era permisible que Ortega ocupara un cargo público a pesar de esto.

Sí, es momento de hablar de la lucha de las mujeres. Sí, es momento de cuestionarnos. Ortega se irá tarde o temprano y la oposición tiene la deuda de no cometer los mismos errores con un pueblo que ha sufrido tanto. Para muchas de estas organizaciones que encabezan la oposición, la lucha de las mujeres solo existe en ciertas fechas, como el Día Internacional de la Mujer. Se abanderan de defensores de derechos humanos o pretenden instrumentalizar esta lucha cuando sea conveniente. ¡Somos más que eso! Somos actoras activas en la construcción de esta sociedad y los movimientos de mujeres tienen mucho que aportar para el camino de la democracia.

El grito de las mujeres como ola que rompe con todo

Hoy estamos mas juntas y fuertes. En abril ocurrió –está ocurriendo– una de las mayores olas de denuncias de mujeres sobre violencia de género. Está demostrado que la fuerza de las mujeres no solo ha hecho temblar al régimen en años anteriores, sino que pone en cuestionamiento los cimientos morales en los que se basa nuestra sociedad. Los medios y la oposición poco han tocado el tema de esta ola de denuncias a pesar de llevar más de 5 días en auge. En sus agendas ha quedado de último frente a la pandemia actual de COVID-19, entre otros. 

Pero las denuncias no terminan y los gritos se hacen más fuertes. Es así como hoy también alzo mi voz y pierdo el miedo de exponer las violencias que vivimos en nuestros espacios, las desigualdades y la carencia de coherencia que les ha faltado a algunos al señalar estas problemáticas que nos afectan. 

La reflexión está en la autocrítica, en alzar la voz, en no perder el norte de hacia dónde queremos que vayas el país, de cuestionarnos si lo que queremos es cambiar la estructura o solo la cara del dictador. No seamos igual que ellos. No cometamos el error de dejar temas como este para después por el bien de preservar “impoluta” la lucha.

 

Carta abierta a:

Alianza Cívica 

Unidad Nacional

Coalición Nacional

Articulación de Movimientos Sociales

Partidos políticos 

Movimientos estudiantiles: CUDJ, AÚN, ME19, MU19 y demás movimientos del país. 

Gran Capital

Autora:

Madelaine Caracas

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