Date un momento de auto-compasión

La Quimera

, Voces

La primera vez que escuche la palabra auto-compassion (traducción del inglés al español: auto-compasión) fue en el centro de desórdenes alimenticios que me interné por decisión propia a los 33, ya hace dos años. Mi vida dio un giro de 180 grados, yo le llamo: un antes y un después. Fue la mejor inversión en mí, como ir a la universidad para aprender más de mí misma. En ese centro fue la primera vez que escuché hablar de temas como la auto-compasión, gratitud, perdonarnos a nosotros mismes, ponerle atención a cómo nos hablamos, entre otros.

Tenía 33 años de sentirme que no era suficiente. Probé todo tipo de dietas, fui vegana, vegetariana, hice un triatlón y un medio maratón. Probé todo tipo de ejercicio que se les pueda ocurrir: spinning, boxeo, crossfit, muay thai. Tome jugos por siete días, un detox o depurativo que tomaba un polvo verde y solo podía comer un vegetal verde por una semana, escogí la espinaca. Hice una limpieza de azúcar por 30 días, donde eliminé todo lo que tenía azúcar, que está en todo. Hice weight watchers (programa para perder peso). Cada año nuevo mi propósito era rebajar 10, 15, 20 libras. 

Después de todos los sacrificios y cambios de rutinas, nunca me sentía suficiente, hasta que dije BASTA. Ya estaba cansada y frustrada de sentirme así. Comencé a investigar sobre comer emocionalmente y desórdenes alimenticios. Me di cuenta que tenía patrones de desórdenes alimenticios. Tenía terror a engordar, hacía ejercicio para cambiar mi cuerpo, contaba calorías, me pesaba todos los días, me medía por lo menos una vez al mes, le tenía terror a ciertas comidas por miedo a engordar, por ende no las comía. 

Esta realización me llevó a investigar qué hacer y cómo sanar. Comencé a investigar psicólogos, centros y encontré Westwind, en Manitoba, Canadá. Me tomó un año tomar la decisión de ir, desde ahorrar lo suficiente para ir, a pedir permiso en mi trabajo, a estar en una lista de espera, porque solo aceptaban cinco mujeres a la vez. 

Pedí permiso en mi trabajo para ir un mes, pero a la primera semana en el centro me di cuenta que un mes no era suficiente. Me dije: “Ale, tenés 33 años de patrones abusivos y tóxicos que tenés que desaprender, un mes no es suficiente”, y pedí permiso en el trabajo para quedarme un mes más. 

Durante dos meses tuve terapia diaria, donde me di cuenta que no tenía nada que ver con la comida o el ejercicio o el tamaño de mi cuerpo, sino la manera en que me hablaba. Me acuerdo cuando la terapeuta me preguntó: “Cuando te ves en el espejo: ¿qué es lo que te decís?” , y yo dije en voz alta: “sos una gorda, mirate como estás llena de estrías, cómo te dejaste ir, sos una cerda, estás llena de celulitis, mirate tu panza y esas piernas que asco”. 

Si vos le hablas así a alguien que querés y aprecias, esa persona se va a sentir sola, triste y mal. Y allí fue donde me di cuenta que yo era una abusiva conmigo misma. Era como estar en una relación abusiva y la abusadora era yo. Y me di cuenta que tenía que sanar mi relación conmigo misma y hacer cambios. Auto-perdonar, dejar ir cargas y errores del pasado, cambiar mi lenguaje hacia mi misma, sanar mi relación con el espejo, comencé con un ejercicio que me decía todas las mañanas: “¡Buenos días, Ale, te quiero!” y sin darme cuenta comencé a tener conversaciones como si fuera mi mejor amiga, hacer paz con la comida, y tener auto-compasión. 

La auto-compasión es estar presente en el momento, sentir las emociones, no juzgarlas, pero darnos un momento de gentileza y de esta manera aliviar el dolor. Es decir, si estás en un momento de estrés, sufrimiento y estás llorando, es estar presente, decirte: “Estás en un momento de sufrimiento, sufrir es humano, ¿qué necesitas ahora para sentirte mejor? Date un momento de auto-compasión”.

Al decir que el sufrimiento es humano, nos damos cuenta que somos los únicos que la estamos pasando mal. Y que estar triste es humano y es parte de las emociones que sentimos en la vida. Aprender de auto-compasión me salvó la vida. Es la idea de hablarnos a nosotros mismos como si fuéramos nuestro mejor amigo o amiga. Y con esta herramienta, no necesitamos de nadie para darnos lo que necesitamos. Nosotras solitas nos podemos dar el apoyo, el amor y el cuidado que necesitamos. La idea es estar presentes de cómo nos sentimos, y preguntarnos qué necesitamos. 

Necesito sentirme segura, necesito sentirme amada, necesito sentir que pertenezco. Nos podemos poner la mano en el corazón, o en cualquier parte del cuerpo que te haga sentir bien y decirnos: “Lo siento mucho que estas pasando por este momento tan difícil, sufrir es humano, date un momento de auto-compasión”. Y claro, lo que nos digamos en ese momento es bien personal, este es solo un ejemplo, cada quien puede crear su frase o oración de auto-compasión. 

La idea es aprender a estar consciente y darnos el cariño que necesitamos sin depender de nadie más. Lo que más aprendí de mi jornada es lo importante de aprender aceptarnos a nosotros mismos. Ahorita. 

Esta es mi experiencia, y no tenés que tener esta jornada para darte cuenta y cambiar la manera de cómo te hablas. Ni haber tenido un desorden alimenticio, ni estar en sobrepeso. No tienes que ir a un centro de desórdenes alimenticios, ni tener mi jornada para darte cuenta cómo nos hablamos. 

¿Estás consciente de cómo te tratas? ¿Sos amable cuando hablás? ¿Cómo te tratás cuando algo te sale mal? ¿Te castigás a vos misma? ¿Te criticás? ¿O te animás? ¿Sos agradecido/a por todo lo que tenés? Antes de hacer una actividad retadora: ¿qué te decís? ¿Crees que sos suficiente?

Ejercicios que podés hacer:

  1. Escribe una carta de auto-compasión a tú vos del pasado 
  2. Comenzar el día dando Gracias.
  3. Tomar nota de cómo nos hablamos.
  4. Celebrar las ganancias.
  5. Te invito a que hagas este ejercicio, ponte la mano en el corazón y di en voz alta, si puedes hazlo frente al espejo: “Me acepto, te pido perdón, por tratarte tan mal y te prometo que de ahora en adelante voy a aprender a ser gentil con vos misma, a quererte y aceptarte y darte auto-compasión. 

Espero que te guste mi relato, y si te gusta este tipo de anécdotas te invito a que me sigás en mis redes sociales @alejandraporta y estate atenta porque pronto sacaré la versión 2 de mi diario un ratito para vos. 

Alejandra Porta. Diseñadora de profesión, activista por el amor propio radical. Creadora del diario “Un ratito para vos”, una herramienta para el autodescubrimiento y crecimiento personal. 

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