Mi relación con el espejo

“De ahora en adelante, voy a decir cosas como eres resistente o eres extraordinaria, no porque crea que no eres bonita, sino porque eres mucho más que eso.” Rupi Kaur

La belleza ha sido un concepto que se ha transformado a lo largo del tiempo y está mediado por factores culturales, según los contextos. En particular para nosotras las mujeres, ser bellas o sentirnos bellas mayoritariamente deja de ser una experiencia placentera sino que se convierte en una cárcel, cuyos barrotes son mandatos homogeneizantes que dictan cómo deben ser nuestros cuerpos,  cómo debemos vernos si estamos saludables y por supuesto, cuáles son las recetas para alcanzar los cuerpos aceptados socialmente.

En este primer reportaje del año para Gafas Violetas, dialogamos sobre la relación que tenemos con el espejo, es decir nuestro autoconcepto y autoimagen con el propósito de considerar elementos para sostener una relación integral, saludable y amorosa con el cuerpo que habitamos. En este sentido, nos acompañan las experiencias y reflexiones de Indira Narváez y Fernanda Martínez.

Los cuerpos: historias que se transforman

El cuerpo de cada persona es único, tiene una historia única y tiene un proceso digestivo único. Esta afirmación es clave para entender que cada existencia encarnada en un cuerpo es diferente, ni físicamente se ven de la misma manera aún cuando hagan los mismos ejercicios físicos, coman de la misma manera, tengan la misma procedencia, estudios o estén en  procesos de sanación semejantes: los cuerpos aunque se parezcan nunca serán iguales. 

Fernanda Martínez tiene 43 años, es ingeniera química y de alimentos, desde 2018 ha estudiado también psicosomática clínica y humanística y nos amplía más acerca de la relación cuerpo, mente y nutrición. Martínez, nos comparte que renunció a  una trayectoria en investigación dentro de la farmacéutica en productos de nutrición y la industria de alimentos, al reconocer el lado inhumano de este trabajo y de sufrir un burnout o desgaste profesional, que la llevó a descansar por un mes en casa,  replantearse y reinventarse cómo quería su relación con ella misma, los alimentos y la nutrición; así pues en 2017 formó el proyecto Alimentum Consciente, para trabajar en tres ejes: educación, transformación y bienestar.

No somos lo que comemos somos lo que podemos digerir y allí el componente psicoemocional es todo,  porque te das cuenta que no vemos al cuerpo, a nuestro organismo como un ecosistema que convive con lo que le rodea sino que se nos ha enseñado de verlo como partes desmembradas que coaccionan. Entonces todo lo que estamos viviendo automáticamente nos conecta con nuestra historia de vida, de nada sirve comer saludable si emocionalmente no estamos bien porque nuestro sistema digestivo está afectado y todo lo que somos”, nos explica Fernanda, y enfatiza también que las tres dimensiones que nos componen corporal, mental y espiritual, van a cambiar según los momentos y etapas de nuestras vidas.

Indira Narváez tiene 23 años y es comunicadora, durante su adolescencia practicó atletismo, entrenaba todos los días y su cuerpo se miraba tonificado y “torneado por los ejercicios”. 

Sin embargo, ella relata que recibía opiniones y comentarios de familiares, amistades y entrenador, que le indicaban siempre  “algo malo” sobre su físico y la urgencia de bajar de peso, lo que   agudizó en ella un trastorno alimenticio y una relación violenta con su cuerpo.

“A los 13 años empecé a practicar atletismo porque quería bajar de peso; para ese entonces yo venía con un problema de trastornos alimenticios donde no comía pero el atletismo me demandaba comer, y como tenía esa mala relación con mi cuerpo, empecé a alimentarme muy mal y subí algunas libras. Entonces mi entrenador me decía que estaba demasiado gorda para las pruebas físicas, que me miraba como un ‘banano cuadrado’ y comparaba mi cuerpo con el de otras chavalas. Era un señor totalmente gordofóbico que empeoró mi situación, porque yo pasaba solo pensando en comida para no engordar, a decirme cosas horribles y también a tener pensamientos suicidas”, recuerda Indira.

Ahora Indira reconoce una relación sana consigo misma: su cuerpo, sus pensamientos y sus vínculos, gracias a decidirse vivir un proceso de sanación. Destaca su consciencia de cómo las críticas y frases de desprecio por los cuerpos de otras, impactan en las vidas concretas de quienes las reciben, por tanto, ha elegido sostener con las demás el mismo respeto que ha desarrollado para ella misma.

A su vez, Fernanda añade que el 2018 pese a todo lo que representó para las, los y lxs nicaragüenses, personalmente le significó entender que el bienestar integral es la base del bienestar social, cuyos cimientos se encuentran en el territorio cuerpo y que el bienestar no es ni debe ser un elemento aspiracional sino una vivencia cotidiana; sobre todo porque nuestro cuerpo es el primer acompañante de vida.

El encuentro con una misma

Cuando nos colocamos desde cualquier ángulo frente a un espejo tenemos una especie de fotografía efímera que solo dura los segundos o minutos del tiempo en que estemos situadas en el lugar y veremos lo que decidamos o queramos ver en ese momento.

Para algunas el acto de verse en el espejo es parte de la rutina como lavarse los dientes. Sin embargo hay mujeres que deciden no tener espejos en sus casas o habitaciones porque no les convoca ver sus reflejos, o porque nos les gusta lo que ven o tienen una mirada distorsionada sobre ellas mismas.

Nos cuenta Indira que cuando ella  decidió sanar la relación tóxica que había establecido con su cuerpo, no quería volver a verse a un espejo porque le resultaba  “feo”  lo que  veía de sí misma, su percepción de la realidad.

He ido paso a paso mejorando, ahora cuando me veo a un espejo lo hago para ver mis ojos que son una parte muy característica de mí, pero cuando quiero hacer consciencia de mi cuerpo, de cómo me veo, si estoy guapa o ver mis manos que son bonitas y útiles, recurro a la autoobservación y uso mis ojos para recorrerme parte por parte; no me miro tanto al espejo pero sí voy reconociendo como soy integralmente y cómo me miro yo  hoy en día”, nos indica Indira.

Como sabemos, la delgadez está asociada al canón de belleza, se utiliza como un indicador de un “buen estado” de salud y de “bienestar” social porque podés usar las tallas y los estilos de moda, en estos casos tenemos otra evidencia de cómo el capitalismo opera e impacta en la relación con nuestros cuerpos.

Fernanda nos cuenta que ella toda su vida ha sido delgada sin importar cuánto coma porque su tránsito intestinal es rápido ; y nos coloca unas preguntas importantes para cuando sentimos la necesidad de bajar de peso: ¿cómo estoy yo que quiero bajar de peso?, ¿por qué?,  ¿cómo estoy yo que quiero que me digan que delgada estás?, ¿cómo estoy yo que quiero tener una estructura osea que a lo mejor mi cuerpo no lo tiene?, pues así podemos pensarnos un camino más integral, abrirnos a la posibilidad de ver qué está pasando en nosotras, qué está pasando con nuestro metabolismo y por qué estamos digiriendo de esa manera, nos recomienda. 

Además resalta un nuevo mandato “los kilos emocionales” que vienen acompañado de frases como: “cuando te ‘trabajés’ vas a bajar de peso”, siendo esto una afirmación totalizante que no aplica para todas las personas porque “una se puede ‘trabajar’, puede sanar y va tener el cuerpo que esté en armonía con el estado emocional y no necesariamente será delgado. No hay kilos emocionales, hay un sistema digestivo que está funcionando bajo las circunstancias que esa persona está viviendo”, señala Fernanda.

Provocaciones para una relación integral, amorosa y respetuosa con nosotras mismas

Indira y Fernanda nos comparten acciones que podemos permitirnos desde nuestras casas y condiciones materiales, partiendo de la reflexión que el autocuidado y amor propio no tienen que ser aspiracionales sino construcciones cotidianas:

  • Recibir el sol de la mañana que viene recargado de vitamina E.
  • Caminar unos 20 minutos en un lugar que reconocemos como seguro  o poner música para bailar en la sala o nuestro cuarto.
  • Respirar unos minutos al día con consciencia y explorar la meditación en silencio al iniciar o finalizar el día.
  • Celebrar los logros y ser amables con nosotras cuando no nos salen los proyectos.
  • Dormir entre seis a ocho horas.
  • Tomar agua en vez de jugos o bebidas enlatadas.
  • Meditar 
  • Ir al baño cuando nuestro cuerpo quiera (no aguantar).
  • Comer los tres tiempos de comida, agregando a nuestro gallopinto, ensalada y tortilla tostada, queso de vez en cuando.
  • Revisar nuestras heces para desarrollar consciencia de cómo estamos digiriendo.
  • Atender nuestro ciclo menstrual para autoreconocer qué sentimos de distinto en cada fase y qué nos da deseos de hacer y comer.
  • Sentir empatía con el hecho de que somos cambiantes.

Texto por Jennifer Birmania Bello, filóloga,comunicadora feminista e investigadora social. Encantada por el arte, el café, el campo y los viajes #LosCódigosdelaSensibilidad.  

Fotografías e ilustración por La esquina indómita 

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