Mi cuerpa gorda en cuarentena

La Quimera

, Voces

Desde mediados de marzo he limitado mis salidas a la calle a lo más esencial. Salgo con mi mascarilla y sólo a lugares a donde pueda ir caminando. Básicamente he ido al supermercado, a retirar mis lentes a la óptica, a mi oficina y paro de contar. No he visto a varias de mis amigas en todo este tiempo. Tampoco a mis sobrinas.

Durante la cuarentena, mi relación con las redes sociales se ha vuelto más caótica que nunca. Desde que me levanto estoy conectada. Y a la par de consumir contenido sobre cómo lavarme las manos o recomendaciones para el distanciamiento social, están los mensajes pseudo positivos de cómo mantenerme “saludable” en este distanciamiento social autoconvocado. Mensajes que me hacen daño.

El gran tema aquí es que soy gorda. Habito en una cuerpa gorda desde niña y es algo que indudablemente ha marcado mi vida de múltiples maneras. Y si la sociedad de por sí rechaza a las cuerpas gordas, en tiempos de pandemia, las desprecia.

En mi camino feminista he leído a muchas autoras, he reflexionado individualmente y de forma colectiva sobre las imposiciones sociales a los cuerpos de las mujeres. Sé que el mito de la belleza es una construcción social, que propicia un sistema que controla nuestros cuerpos. Sé que las industrias se benefician de mantenernos pensando que debemos hacer todo lo posible para presentarnos de la forma “más bonita” ante la sociedad. Y estas certezas me iniciaron en un camino de cuestionamiento y deconstrucción, en el que todavía estoy andando.

¡Pero qué difícil es este camino! Desde que amanece hasta que anochece, recibo mensajes sobre cómo el subir de peso durante la cuarentena es lo peor que nos puede pasar. Sí, parece que lo peor no es el virus: es la gordura.

En un grupo de Whatsapp me pasan un flyer de una coach que está dando recomendaciones para “evitar el sobrepeso”. En un grupo de amigas, me pasan la imagen de una chanchita que recomienda no usar la balanza para no agregar más terror a nuestras vidas. En mi timeline de Facebook una foto reciente de Adele, con una cita textual: “Convertí mis lagrimas en sudor”. En una videollamada me dicen que han aprovechado este momento para ayunar 16 horas al día y que han bajado de peso, gracias al ayuno. Una amiga dice que según un artículo las mascarillas no son para todo mundo, que la deben evitar personas con asma, hipertensión y… sorpresa, sorpresa: sobrepeso.

Porque claro, en la lógica de una sociedad gordafobica: estar gorda es igual a estar triste, estar gorda es igual a estar enferma, estar gorda es una desgracia, estar gorda es indeseado. Y yo no estoy fuera de esa sociedad. No estoy aislada de estos comentarios, de estos pensamientos: también los tengo.

A mi cuerpa gorda en cuarentena también le da miedo engordar más. Mi cuerpa gorda no quiere ser población en peligro. Mi cuerpa gorda se preocupa por lo que come y trata de hacer yoga dos veces a la semana y se siente mal consigo misma cuando no lo logra. Mi cuerpa gorda quiere verse bonita en las fotos y tembló de miedo ante la idea de un autorretrato para la portada de este artículo. Mi cuerpa gorda ya no quiere limitarse o que la ridiculicen.

Mi cuerpa gorda quiere politizar su propia experiencia. Quiere enunciarse a sí misma. Quiere evidenciar todas estas limitaciones estructurales. No quiere endulzar sus experiencias, para no lastimar los sentimientos de quienes la han lastimado sin querer con comentarios gordafobicos. No pretende ser la vocera por todas las experiencias de otras cuerpas gordas.

Mi cuerpa gorda quiere ser libre, aunque esté en cuarentena.

Gema Manzanares. Comunicadora (ciber) feminista. Recién iniciada en el camino del feminismo gordo.

Deja una respuesta