#MeTooNicaragua: no más silencios

La Quimera

, CiberChicas

Denunciar la violencia machista nunca es fácil, dos mujeres sobrevivientes de violencia, que denunciaron a sus agresores a través de #MeTooNicaragua  y cuyos nombres han sido cambiados para proteger su privacidad, nos cuentan qué las llevó a tomar esta decisión y cómo lo han vivido.

La violencia contra las mujeres ha alcanzado niveles tan altos que amerita ser considerada un problema de salud pública. El resumen mensual sobre femicidios y violencia sexual del Observatorio por la Vida de las Mujeres pone en evidencia esta problemática: 22 femicidios en el primer cuatrimestre de 2019. Por esta razón se han creado leyes específicas para luchar contra la violencia machista, como la 779 en Nicaragua, aunque en la práctica no se aplique correctamente.

Ante la incapacidad de las instituciones del estado en brindar protección y justicia a las mujeres, y sobretodo la complicidad y apatía de la sociedad ante las situaciones de violencia, es que nacen iniciativas digitales como #MeTooNicaragua. El objetivo final de estas iniciativas no es buscar justicia, sino denunciar la violencia machista y señalar públicamente a los agresores; para alertar a las demás mujeres sobre las estrategias utilizadas para perpetrar su violencia.

Pocos días después de su creación el 24 de marzo de 2019, la cuenta de #MeTooNicaragua había publicado más de 100 denuncias y en varias de estas se repetían nombres de agresores, algunos muy conocidos y otros no tanto. Todas las denuncias tienen en común la violencia machista.

¿Por qué decidieron denunciar?

Decidí denunciar algo que no sólo me había pasado a mí, sino también a otras conocidas y amigas que nos relacionamos con este hombre. Era un secreto a voces entre sus socios y amistades, entonces vi la oportunidad de contar una verdad que muchos encubrían y nadie se atrevía a señalar”, nos dice Elena, quien decidió denunciar a través del #MeTooNicaragua y cuyo nombre real será protegido en esta publicación.

Para Elena no es una moda, como han dicho muchos.  Considera que se volvió tendencia porque trata de una realidad latente en la sociedad, realidad que se ha mantenido callada durante años. “Habemos miles de mujeres muriendo por contar nuestras historias y escuchar o leer las de otras para sentirnos menos solas en un mundo que juzga tanto a las víctimas de violencia” nos comenta.

Por su parte Carla, nombre ficticio, también vió una oportunidad en esa plataforma y se  animó a romper el silencio. “Desde hace mucho quería hacer la denuncia, pero sentía que nadie me iba a creer. Sobre todo cuando a quien denunciás es alguien reconocido y no debe ser tachado por nada ni nadie” comenta.

Según Carla, la cuenta es un buen espacio aunque cree que hace falta brindar algún tipo de seguimiento y acompañamiento psicológico ya que denunciar experiencias de violencia nunca es fácil. “Siento que las mujeres necesitamos hablar de esto, necesitamos espacios para conocer y reconocer los diferentes tipo de violencias a las que nos enfrentamos en nuestras casas, con nuestras parejas, ex parejas, en las calles, en todos lados. Siento que el #MeTooNicaragua vino a decirnos a gritos que necesitamos acuerparnos y escucharnos entre nosotras” reflexiona.

“El daño fue hecho y debe asumir esa responsabilidad”

Elena y Carla sólo son dos mujeres jóvenes de las decenas de mujeres que denunciaron en línea. Al preguntarle a Elena sobre su reacción cuando vió la gran cantidad de denuncias de violencia en Twitter, nos dijo que “fue algo increíble para mí, ya que encontré en esas denuncias similitudes con mis experiencias de abusos o la de personas cercanas a mí. Algunos nombres me sorprendieron y otros no, ya que de muchos ya sabíamos sus abusos, pero decidíamos ver a otro lado o evitar el tema.”

Para Carla, leer las otras denuncias fue un proceso doloroso, pues además de cargar con su propia historia sintió también las historias de las demás. “Física y emocionalmente pasé muy mal, tuve crisis de ansiedad, dolor en el cuerpo, dolor de cabeza y lloré mucho en esos días, porque me duele lo que tenemos que vivir a diario y todavía enfrentarnos al escarnio público” nos cuenta Carla.

Las reacciones negativas a las publicaciones de denuncia de violencia machista en Twitter no se hicieron esperar, mensajes invalidando las historias, insultando a las mujeres, cuestionamientos sobre la veracidad de las denuncias, e incluso tweets en defensa de algunos agresores fueron publicados y compartidos en redes sociales.

“Algunas críticas me dieron asco, porque defendían a hombres solo por su “talento” o “trabajo”, cuando sin importar quién sea o cuánto haya cambiado no borra el daño que le hizo a otra persona. Es como si un asesino dejara de serlo porque se arrepintió, el daño fue hecho y debe asumir esa responsabilidad”, señala Elena.

“Denunciar no es fácil, es revivir todo eso que te causó tanto dolor y que vengan las personas a pedirte pruebas y a decirte que tu denuncia no es válida porque no la hiciste en el tiempo que según ellos debiste es bien injusto”, menciona Carla.

Anonimato como medida de protección

Creo que lo anónimo no invalida las denuncias, en especial porque hay miedos reales en estas víctimas con respecto a sus agresores”, dice Elena.

El anonimato permite proteger la identidad y seguridad de la mujer que decide denunciar. Al realizar denuncias públicas en redes sociales las mujeres se exponen a todo tipo de cuestionamientos, críticas, insultos, amenazas de violencia e incluso de muerte como fue el caso de Cinthia Zeledón en 2017, quien después de denunciar una violación a través de Facebook recibió una fuerte oleada de críticas. E incluso tuvo que enfrentar que el abusador la denunciará legalmente por injurias y calumnias; un proceso que se extendió por meses y tuvo su conclusión en octubre 2018.

“Sin dar nuestro nombre ya nos toca leer mensajes llenos de odio, no quisiera imaginarme dándolo”, menciona Carla. Con mensajes llenos de odio se refiere a los comentarios de rechazo que recibieron en redes sociales las denuncias realizadas en la cuenta de #MeTooNicaragua.

“También pienso que faltaron denuncias, pero esto pasó porque un grupo de personas invalidaron las existentes y eso creó temor en otras víctimas. ¿Imaginate tener temor sabiendo que algo es anónimo? A ese punto de miedo se puede llegar en las redes sociales” nos señala Elena.

No todas las mujeres están preparadas ni tienen herramientas para vivir ese nivel de acoso cibernético. A veces, lo único que quieren hacer es romper el silencio y contar lo que les pasó, sacar de su sistema esa experiencia negativa y poder seguir adelante. Se llame #MeToo o #YoTeCreo o #YoSoyUna, estos espacios digitales se han constituido una ventana para la libre expresión y un primer paso para la sanación de nuestras experiencias.

Alejandra Fonseca de Franco 

Comunicadora Social y una Maestría en Comunicación con Fines Sociales. Feminista.

Fotografía principal: Johanna Baca

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