La vitalidad nos viene de la tierra

El 22 de abril se conmemora en muchos países del mundo el Día de la Tierra, con el propósito de construir conciencia y alternativas saludables para reducir las acciones que contaminan y destruyen al planeta Tierra, la Pachamama.

En esta edición de Gafas Violetas, vamos a colocar en el centro cómo el bienestar y auto sostenibilidad de nuestras vidas están totalmente en conexión con la Tierra; para esto dialogamos con Samya Coen, Sara Pérez y Ana Patricia Morales, quienes con sus reflexiones nos ofrecen una mirada ecosistémica y de cuidado en la intersección de nuestros cuerpos y la tierra.

Malestares que enfrentamos  

La sección de noticias sobre cambio climático y medio ambiente de la Organización de Naciones Unidas (ONU), publica varias informaciones que permiten actualizarnos y tomar el pulso de cómo está la tierra.

Estos hechos nos evidencian que también los problemas ambientales son manifestaciones de la violencia capitalista, patriarcal y de lógicas colonizadoras que deterioran, destruyen y matan a la Tierra; mismas que también afectan a la vida de los cuerpos de las mujeres.

Hacia una relación más justa y digna con la tierra

Aunque consideremos que las acciones pueden ser pequeñas realmente tienen un efecto en mayor escala.

Samya Coen, ingeniera en calidad ambiental, nos cuenta cómo trabaja para que sus acciones tengan el menor impacto negativo sobre la tierra. Ha impulsado desde su profesión tres iniciativas donde promueve tener un estilo de vida saludable y ecológico, producir los alimentos en casa, tener una alimentación consciente; y compartir acciones cotidianas en pro de un estilo de vida más natural y amigable con el medio ambiente. Lleva 11 años sin comer carne y tres de ser vegana, decisiones que tomó a partir de su consciencia de que todo lo que hacemos y consumimos, afecta nuestros cuerpos, nuestro entorno y la tierra. 

Ella considera que no solamente es responsabilidad de los gobiernos o instituciones aprobar leyes, hacer campañas y estrategias que reduzcan el impacto negativo a la tierra sino que desde nuestra cotidianidad podemos ser parte del cambio de forma participativa, justa y responsable.

Entrevista Samya Coen

“Cuando veo a un niño que le está pegando a una planta a mí me preocupa, porque ese niño está aprendiendo violencia y eso va quedando en su registro y se va instalando de que si algo no le gusta lo resuelve a palos y así se va formando el machismo, porque este sistema está diseñado perfectamente para que sigamos viviendo en violencia y destrucción. Por eso en mis iniciativas me gusta decir que es un movimiento anti sistémico a través de trabajar la consciencia. El sistema está diseñado súper perfecto para estar inconscientes, nos relata Samya.

Su mayor preocupación es el nivel de inconsciencia y desconexión que tienen las personas con su alrededor, con sus realidades y con la tierra misma, y que para lograr esa conexión no se necesitan grandes cosas: “para hacer un huerto no necesitás un gran espacio, quizá no vas a producir todos los alimentos del año y todo para tener una dieta balanceada. Podés empezar con una macetera, con un cajón de un metro cuadrado, pues con tal de que le dé el sol vas sobre, y eso te permite no sólo conectar con producir, sino que conectás con el suelo y la alimentación” , describe.

Desde El Carao, una comunidad de Pueblo Nuevo, Estelí nos acompaña Sara Pérez, una joven feminista campesina, apicultora, promotora agroecológica y becaria de la Fundación entre Mujeres, también estudiante del quinto año de la carrera física-matemática. Ella destaca que toda su vida ha sido en un entorno rural y ha visto la importancia de la tierra para la vida de su familia y de la comunidad “sin ella no comeríamos ni tampoco viviríamos”, señala contundentemente.

Sara tiene un huerto biointensivo, establecido en su parcela y cuidado por principios agroecológicos, donde aplica la doble cavación, la siembra cercana, rotación de cultivos, el uso de semillas criollas, la elaboración de composta como abono orgánico y bio reparadores naturales, vinculado con la apicultura para que todo el sistema nutra todos los tipos de vida. 

Entrevista Sara Pérez

“Yo trato a la tierra con respeto, porque ella es un ser vivo que lo merece, la trato con amor y con dignidad. Como promotora agroecológica lo primero que hago es sensibilizar sobre una alimentación saludable, porque hemos visto como normal consumir los productos sin preguntarnos de dónde vienen, cómo los cosecharon y qué daño hacen los agroquímicos a nuestros cuerpos. Buscamos que las mujeres tengan alimento en cantidad, calidad y diversificados, pues reivindicamos cambiar la relación que nos enseñó el capitalismo de ver a la madre Tierra como una mercancía y no como un ser vivo con derechos”, amplía Sara.

Entre sus más grandes preocupaciones están: cómo los seres humanos por acaparar, siguen el camino hacia la destrucción de las formas de vida y el colonialismo heredado, que se manifiesta en el uso indiscriminado de agroquímicos y de semillas transgénicas.

Ana Patricia Morales es ingeniera agrónoma de profesión y la conocen como la mama cactusera, porque es la pionera en el cultivo de cactus en Nicaragua sobre todo exóticos; tiene 25 años de cultivarlos y 10 de venderlos. Desde su emprendimiento “Cactus Anita”, comparte todos sus conocimientos y experiencias en este cultivo.

En 2020 apoyó a la creación del Cactario Nacional en la Reserva volcán Masaya, donando la gran mayoría de las 200 especies nacionales que alberga, al cual eventualmente le da mantenimiento: “he trabajado constantemente en preservar nuestras especies nativas en Nicaragua, ya que en nuestro país tenemos muy pocos cactus nativos silvestres”, explica. En su vivero es promotora del mundo de los cactus y ha participado en diversos foros, conferencias y encuentros cactuseros. 

Entrevista Ana Morales

“Siempre digo que tengamos las manos en la tierra para tener ese contacto con la naturaleza. Cuando comenzó el ‘boom’ de los cactus aquí en Nicaragua, el melon cactus, por ejemplo, especie silvestre que crecía en cualquier lado, comenzó a ser extraído para la venta y ahora está en extinción. Entonces hice una campaña y comencé a reproducirlos para evitar la extracción, regalé unos mil ejemplares,  y así sentí que hice un aporte para de alguna forma palear un poco lo que es la extracción y explotación de esas plantas. Siempre soñé hacer algo por la naturaleza y por nuestros cactus”, nos cuenta Ana, sobre su conexión con la madre Tierra.

Ana nos comenta que sostiene con la tierra una relación armónica, sustentable, sostenible y  amorosa y da lo mejor de ella para regresar un poquito de lo que le quitamos: “con todo mi trabajo, intento luchar por las especies que están amenazadas de extinción, reproduciéndolas para evitar su extracción y concientizando en cuanto a la contaminación; si cada ciudadano pusiera un granito de arena pudiéramos lograr muchos más cambios.”

Sanar  la Tierra, una responsabilidad colectiva

La Tierra nos sigue sosteniendo y siendo una aliada en nuestros proyectos de vida, por tanto es importante pensar cómo incluímos en nuestra reflexión y autocuidado, acciones para restaurar también su salud. Colocar la mirada en la catástrofe y el conformismo no es parte del plan.

Para Samya las acciones restaurativas pueden venir desde tomar consciencia de cómo nuestras palabras, pensamientos y acciones a mí misma impactan a nuestro entorno y en reestructurar nuestros hábitos consumistas. También en cuestionarnos constantemente todo:  ¿Por qué consumo esto? ¿De dónde proviene? ¿Cómo se hizo? En esencia, es abrir los ojos y ser el cambio para que el sistema cambie.

Por su parte, Sara hace un llamado a la humildad, a reconocernos pares con las otras formas de vida de la naturaleza, que todos los seres vivos, incluída la tierra, merecen su lugar y respeto; a deconstruir también los hábitos que perjudican la salud de la humanidad y la tierra. Considera necesario restaurar todo: remover el pensamiento arraigado que solo los hombres producen alimentos, cultivar los suelos de forma sana, emplear la forestería análoga y aplicar las prácticas agroecológicas que cuidan la tierra.

Ana considera que la educación ambiental es la más importante acción que debemos aplicar. “A las personas desde la infancia se les debe educar con valores y amor a la naturaleza, si un niño o niña no respeta a la naturaleza desde pequeño/a más adelante no respetará a los demás”. Otra de las acciones que recomienda es reforestar, sembrar y cultivar desde el espacio en el que podamos: “tal vez no podemos salvar el planeta, pero si desde nuestro rinconcito de nuestras casas, patios o porches, podemos ir sanando a la tierra”.  

Texto por Jennifer Birmania Bello, filóloga, comunicadora feminista e investigadora social. Encantada por el arte, el café, el campo y los viajes. #LosCódigosdelaSensibilidad.  

Raquel Gezpi, diseñadora, artista teatral y docente universitaria. Entusiasta de la ilustración y la fotografía analógica, miembra del grupo multidisciplinario VersusLab.

Foto de portada: La esquina indómita 

Fotos internas: La esquina indómita y cortesía

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