Hablar desde el alma es sanar

El arte desde los tiempos de las cavernas ha sido para la humanidad una ventana de comunicación, contacto con el mundo y  registro de su sensibilidad, emociones, percepciones, sensaciones e ideas; pero ¿qué es lo que vuelve sanador o terapéutico? es la consciencia de su potencialidad para sanar, desbloquear, comunicar sombras, compartir el dolor y  ser un medio de autoconocimiento.

Pese a cualquier etiqueta, seamos artistas o no, somos en primer lugar personas. Somos  cuerpos que tienen historias y memorias con alegrías, frustraciones, tristezas, enojos, traumas, duelos y carencias, por lo tanto vamos encontrando maneras en cómo destrabar las cosas que nos limitan a crecer.

Desde los tiempos ancestrales en todas las culturas, el arte, ha tenido consecuencias sanadoras.  Se identifica desde las pinturas de Altamira a las pinturas de arena de los Navajo, los mandalas de los lamas tibetanos, las máscaras africanas o los íconos de Bizancio; una función restauradora de la visión y la realidad de las personas y grupos sociales.*

La convergencia entre los estudios en el ámbito psicoterapéutico, el arte y lo social,  propició que se considerara al arte como una vía terapéutica para sanar miedos y trastornos psicológicos y como técnica de desarrollo personal, autoconocimiento y expresión emocional. Algunos de los factores que destacan en el acondicionamiento y catalización de  su reconocimiento, fue el auge del estudio del psicoanálisis y las vanguardias artísticas del siglo XX.

En el devenir del arte nicaragüense, también ha estado presente la búsqueda de trabajar nuestra historia, atravesada por traumas de guerra, invasiones, desastres naturales, violencia de género, etc.  Así que desde los distintos lenguajes artísticos se registra y canaliza energía vital en virtud de regenerarnos.

Ilimani de los Andes, artista visual, antropóloga, guionista y artesana, nos comparte su hacer arte a través del performance, explicándonos que encontró la posibilidad de decir cosas mediante su cuerpo “siento que el performance te humaniza, porque no estoy fingiendo dolor sino que lo estoy sintiendo en carne propia.”

Una de las líneas en la que ha trabajado sus obras performáticas se llama Embalsamar a mis ancestrxs, tomando su tristeza por la muerte de sus seres queridos a modo de sanar recordándolos, sin ocultar sus heridas, dando espacio a que se manifieste el dolor y de esa manera avanzar y aprender a vivir con el duelo.

“El arte ha sido parte de mi proceso de sanación porque he canalizado el duelo a través de él, por medio de expresiones que me permiten avanzar y a veces encontrar respuestas. Con el performance invoco a mis muertos simbólicamente, siento que no me someto a un dolor por exhibición sino que es un regalo para ellos, para de alguna forma hacer algo y no quedarte con todo eso que te atraviesa.” 

Ella también trabaja a partir de la psicoantropología, planteándonos que nosotras no heredamos solamente la genética física sino también la psiquis de nuestrxs ancestrxs por medio del inconsciente colectivo, y desde el psicochamanismo, utiliza técnicas chamánicas transgresoras con el sistema y terapias de visualizaciones para estar en armonía con la naturaleza.

Por su parte Karen LaBruja Rodríguez, nacida en Bilwi, feminista, artivista y Bruja; ha tenido un recorrido desde la palabra manifiesta en la poesía hacia el movimiento corporal expresado en danza, teatro e improvisación; para la expresión de sus emociones, encontrarse, contar su historia, conectarse con el mundo y construir vínculos profundos con otras mujeres. Ella baila para defender su primer territorio, su cuerpo y existe en las palabras conjuradas de un poema y en la poesía rebelde de sus ancestras.

Ha descubierto que hay procesos que son largos y  hay cosas de sí misma de hace 15 o 20 años que todavía no ha escrito, pero no está ansiosa por producir, pues considera que  las historias salen y si las apresurás duelen “la idea es que la herida vaya sanando, es un proceso suave, orgánico, es algo que sana, es algo que da placer.”

El arte también fue una búsqueda de espacios para conectar con lxs demás “al inicio me sentía aislada porque no miraba a nadie que tuviese las mismas inquietudes que yo, pero al entrar al mundo del arte, empecé a construir relaciones de amistad y de acompañar y sentirme acompañada.”

Su  hacer artístico empezó con la poesía. En la niñez escribía en su diario las cosas que le pasaba en versos abstractos, metáforas e imágenes poéticas; en la medida que crecía y con la universidad, nutrió su escritura con diferentes escenas artísticas como exposiciones de arte, conciertos, teatro, danza, etc. apreciando y analizando lo que se estaba diciendo en esos momentos fuera de lo cotidiano, las expresiones políticas, los tabúes, la búsqueda de quiénes somos y qué estamos haciendo aquí.

“Todo lo que viene de la tripa para mí es sagrado, todas las historias que mi cuerpo contiene son sagradas, todas las historias que las personas están haciendo arte son sagradas: al escuchar a alguien leyendo o verla tomando una foto y compartiéndola, haciendo un video o un documental, para mí es un momento sagrado y estoy presenciando algo que es único y que no se va a volver a repetir de ninguna manera, es como de  leer un libro en un solo segundo.”

Actualmente su energía creativa está hacia la investigación de sus ancestros y ancestras, su árbol genealógico; acompañándola con terapias como el reiki, las constelaciones familiares y el tarot. Este proceso le permite profundizar sobre sí misma, comprender por qué ha recorrido ciertos caminos, hilar fragmentos de su historia familiar y acceder a la sanación transgeneracional.

A partir de lo que Ilimani y Karen nos comparten, hacemos consciencia que en el arte hablar desde el alma es sanar. Encontramos mágica esa transformación de los procesos personales en performance, poesía, escultura y artivismo, vemos que nuestro acercamiento al arte es una extensión de la relación con nosotras mismas y los procesos de sanación son un vivir constante cuya riqueza está en no poner resistencia.

Preguntémonos ¿qué lugar le damos a la historia propia y las ajenas?, ¿cómo es nuestra mirada a las expresiones artísticas? y ¿cuáles han sido las capas de nuestro proceso sanador?

Autoras:

Jennifer Birmania Bello

Filóloga, Comunicadora y Educadora Social Feminista. Escritora en construcción, que registra desde lo que  identifica como códigos de la sensibilidad: aprendizajes, descubrimientos, reflexiones y poesía.

Raquel Gómez

Diseñadora escénica, artista teatral y docente universitaria, miembro del del equipo multidisciplinario Versus Laboratorio Teatral.

Foto de portada: Cortesía / La Quimera

Performance “Silencio”, curada por Pancho Lopez, expuesto en el Festival internacional de performance Forma y sustancia en San Salvador, con colaboración de Xochilt Guevara (2015)

Contenido creado por participantes del Laboratorio de Comunicación Cultural y Feminista, a través de Becas de Contenido facilitadas gracias al apoyo del Centro Cultural de España en Nicaragua. 2018.

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