Guardiana de la memoria

La Quimera

, Voces

No es casualidad que aprecie el hábito de la lectura y escritura, me gusta conocer historias, crear historias y documentar mi propia historia. Ahora veo que tampoco es casualidad que haga constantemente el ejercicio de recordar. No es casualidad que mi soledad y yo nos amemos tanto, pues solo juntas nos hemos sumergido en el inmenso mar de sostener la memoria a través de historias escritas en papel y fotografías.

Cuando crecí y revisaba las fotos familiares, encontré retratos de mis hermanos -yo soy la menor de tres- y siempre me pregunté porqué no había ninguna foto mía. Mis padres congelaron en retratos los momentos más inéditos de mis hermanos cuando eran bebés, mientras crecían e incluso, sus primeros años. Pero de mí, de la menor, no había nada.

Y mi afán de tener memorias por eso, quizás por eso, no es casualidad. Aunque no puedo dar ningún paso atrás porque el tiempo se comió esa parte de mi vida, hoy me siento la guardiana de la memoria. Soy la persona con aquella necesidad de ver sus rostros, de ver sus logros, de ver sus aventuras colgadas en un cuadro en la sala de la casa, o en la habitación, donde sea que pueda poner una fotografía que hable de ellos, de nosotros, de mí. 

Después de no tener una infancia registrada en fotos, decidí documentar cada momento de mi vida, y a la vez insertar la cultura en mi familia de tomar fotos y revelarlas para tener el material en la mano, poder tocarlo y vivir de esos recuerdos.

Las fotografías me iluminan, son como un pequeño talismán. Hay muchas de ellas llenas de risas, de alegrías, nacimientos y otras que evocan momentos difíciles, pérdida y muerte. Pero ¿qué sería de mí si no lograra volver a sentir? Y sentir todo, porque cada emoción y episodio vivido es lo que ha narrado este cuento. Con las fotos a mi vista, al abrir los ojos y ver los retratos me transporto; voy, regreso, vivo, disfruto, lloro… todo pasa y siento de nuevo.

Aunque las fotografías me llevan a lugares y personas que tuve, no me regresan a nadie. La esperanza de ver a alguien y sentirlo de nuevo se esfuma en la realidad. Una foto me ayuda, me conecta pero no me cura la herida, es solo una pequeña luz en medio de tanta tiniebla.

Crear la necesidad de volver a tener algo puede ser una señal de alerta. ¿Qué tan listxs estamos de no caer en las garras de la dependencia emocional? La respuesta es individual, pero cual sea la que le demos, es la que está dentro de lo que necesitamos. En los últimos tres años de mi vida siento que perdí espacios, personas, momentos y el ejercicio de tener las fotografías a la mano, me regresó un poco a mi centro.

No es fácil superar ningún tipo de pérdida, tampoco una foto te regresa todo, de hecho, por eso es “algo perdido” porque no vuelve más. Pero las imágenes me han funcionado como una curita, como un suspiro, como un sueño donde tengo todo de nuevo y por eso no me quiero despertar. 

Si supiera donde están los que amo, si lograra saber dónde encontrarlos saldría a buscarlos, pero como eso no tiene sentido, porque el tiempo se los llevo, yo continúo mirando sus fotografías.

Margarita Dávila. Comunicadora social, activista feminista, locutora y productora radial. Ecoturista.

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