Grupo de teatro 8 de Marzo: humor, reflexión y feminismo

En Condega, Estelí, una actriz entra a escena con un banquito sobre la cabeza.  Un público lleno de mujeres la observa, en casi toda la obra lo carga y lo arrastra amarrado al pie. Las espectadoras le dicen “¡Pero quitátelo mujer!” y sienten angustia real por ella. Al final reflexionan que también “andan a tuto sus banquitos” y es ahí donde la obra Ser como el aire quisiera abre preguntas en sus espectadoras.

Que la gente se cuestione y se ría, ése es el punto de partida del Grupo de Teatro Feminista 8 de Marzo. El grupo nace de una búsqueda de formas e instrumentos que faciliten ante la comunicación de la problemática que viven las mujeres, como una iniciativa del Colectivo 8 de Marzo, una organización feminista comprometida con la defensa de los derechos humanos, la no violencia contra las mujeres y los derechos sexuales y reproductivos.

Las activistas feministas Sandra Arceda, Migdalia Torrez, Marta Meneses y Cristina Arévalo, quienes conforman el Grupo de Teatro 8 de Marzo, nos cuentan cómo fueron sus inicios y como ha sido su quehacer teatral desde un discurso y práctica feminista.

¿Cómo fue el camino para llegar a hacer teatro feminista?

Sandra: Llevamos haciendo teatro desde los años 90, el grupo lo fundaron Estela Valle, Reyna Gómez, Arlen Alemán, Rosario y Shirley. Inicia con mujeres adultas, que llegaban a formarse al colectivo, ellas decidieron hacer un sociodrama en el que se reflejara el maltrato que sufrían las mujeres a manos de sus parejas, lo presentaron en una actividad pública pero ni siquiera lograron terminarlo porque las sacaron del escenario.

Martha: Comenzamos haciendo un teatro que era más bien panfletario, entonces nos dimos cuenta que teníamos que mejorar y buscamos directora o director, recibimos clases en el Justo Rufino Garay y nos alimentamos de diversos talleres de teatro, para que así las obras mejorarán tanto en el contenido como en la técnica.

Fuimos aprendiendo en el camino y descubrimos que el teatro era lo que queríamos hacer, y a medida que participamos en procesos de formación, nos dimos cuenta que queríamos hacer teatro feminista y tomamos conciencia de cuál era nuestro enfoque.

Un elemento clave fue cuando la directora Els Van Poppel nos dijo “Hay que hacer obras creativas, lúdicas, sin perder el contenido y que lleven un poco de humor a las mujeres”. Cuando ya recibimos talleres con Las Reinas Chulas, de México, confirmamos que no queremos hacer teatro meramente dramático.

¿Cuál es su búsqueda en sus obras?

Sandra: En los inicios del grupo, comenzamos trabajando los temas de la salud de las mujeres, hacíamos sociodramas educativos para que las mujeres no tuviesen miedo de hacerse un Papanicolaou.

Martha: Trabajamos el tema de la violencia contra las mujeres, los derechos sexuales y reproductivos y el aborto y el contexto político todo el tiempo está presente en nuestras obras.

Cristina: Hacemos humor desde cosas que la gente no se atreve a decir, por ejemplo la violencia contra las mujeres, la necesidad de una mujer para abortar, la necesidad de la tierra para las mujeres, el amor romántico, el peso y la imagen de las mujeres. Y una cosa que tenemos muy presente, y que aprendimos con el Teatro Cabaret es que nos burlamos de nosotras mismas, del poder y del machismo pero nunca nos burlamos de las víctimas.

¿Cómo es el proceso creativo de sus montajes?

Cristina: Antes de ser teatreras/cabareteras somos activistas feministas y sociólogas. Nos dirige una directora, sin embargo en la parte de contenido está presente la creación colectiva, es decir, lo que aportamos nosotras y también lo que nos aportan feministas nicaragüenses.

Para crear el guion de “Ser como el aire quisiera,” hubo muchas miradas. Fue dirigida por Els Van Popel, comenzamos a trabajarla en 2010 y fue estrenada en 2012, la obra nos exigió investigar y pensar cómo hablar del tema de la violencia sin revictimizar a las mujeres.

La obra está basada en historias de mujeres vinculadas y atendidas por el Colectivo 8 de marzo y nuestras historias personales, porque nosotras tampoco estábamos exentas de haber sufrido violencia; retomamos una investigación que hizo Almaquiara de Ángelo y la campaña de comunicación del Colectivo “De tu violencia me voy a defender, que provocó muchas reacciones tanto al interior del movimiento feminista como en otros espacios.

Martha: También la trabajamos con Marco Canale, director argentino, quien a partir de un taller de dramaturgia nos ayudó mucho en trabajar los personajes de la obra: Quién era cada quien y por qué decimos lo que decimos. Norma Vázquez, psicóloga y feminista mexicana, nos dio un taller sobre violencia machista que nos aportó, entre otras muchas cosas, que no podemos dar soluciones o recetas a las mujeres víctimas de violencia y el hecho de que no depende de las mujeres parar la violencia, sino que es responsabilidad de los hombres.

Cristina: Hay una frase que nos dice la protagonista en esa obra “Ustedes no me están escuchando, es que yo quiero que mi Fidencio vuelva a ser el de antes”, entonces nosotras damos voz a ese personaje que no es escuchado, cuestionamos y damos elementos, porque cada mujer es dueña de su proceso, lo que enfatizamos es que decidan lo que decidan, cuentan con nosotras.

Desde sus experiencias ¿Cómo es hacer teatro feminista en Nicaragua?

Martha: Lo que huele a feminismo es excluido, algunas personas sienten miedo de lo que podamos decir, esto tiene que ver con prejuicios y estereotipos que hay sobre las feministas.

Cristina: Hay algunas personas que dice que nosotras no hacemos teatro o no lo entienden, se predisponen, les incomoda que digamos lo que decimos, sin embargo considero que en Nicaragua hay muchas ganas de ver y disfrutar teatro y sobre todo ver teatro con un humor feminista.

Sandra: En el teatro feminista que nosotras hacemos, el énfasis son las mujeres, pero eso no quita que les hablemos a los hombres también. Hablamos sobre nosotras, y en el proceso creativo nos cuestionamos a nosotras mismas; de igual manera, consideramos que es transgresor y creemos que podemos brindar esperanza a quien nos ve en el escenario. El teatro te ayuda a que la gente se acerque y tenga la confianza de expresar lo que sienten, queremos tener un discurso que genere empatía. En nuestro camino ha habido retos pero eso nos motiva a continuar, porque el teatro te cambia la vida y desde lo que hacemos aportamos al feminismo en Nicaragua, a la construcción de nuevos espacios y grupos de teatro feministas y nos sentimos felices porque estamos aportando a un cambio social.

Raquel Gómez

Diseñadora escénica, artista teatral y docente universitaria, miembro del del equipo multidisciplinario Versus Laboratorio Teatral.

Fotografías: Cortesía Colectivo de Teatro 8 de marzo

Contenido creado por participantes del Laboratorio de Comunicación Cultural y Feminista, a través de Becas de Contenido facilitadas gracias al apoyo del Centro Cultural de España en Nicaragua. 2018.

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