Existir

La Quimera

, Voces

“Así que es mejor hablar
acordándonos
de que no se esperaba que sobreviviéramos”
Audre Lorde

Esta vez, quiero que mis palabras nombren que mi vida es invaluable, así como lo fue la vida de mis ancestras y como es la de mis contemporáneas; sin importar la raza, la clase o la orientación sexual. 

“Ser alguien en la vida”, “ganarnos el respeto”, “ganarnos la vida” o “andate con cuidado” en un escenario ideal serían solamente el registro de lo que hemos superado, puras frases obsoletas, pero no es así.  El sistema muta sus formas de empequeñecernos, ningunearnos o matarnos; entonces toca que sigamos reivindicando y a veces convenciendo que tenemos derecho a la vida, a existir.

Cuando ocurre un femicidio sucede el atentado máximo en contra de la vida: es la historia de una mujer que ha sido interrumpida para siempre por el poder, la misoginia y la violencia encarnada en un hombre agresor y machista; su voz y su vitalidad ha sido arrebatada. No es solo un número más de las estadísticas.

Nosotras en Nicaragua convivimos en esa realidad hostil que solamente en papel garantiza los derechos, además de  socavar nuestro bienestar y descentrarnos de nuestros deseos.

Sin embargo para seguir existiendo, hemos movilizado nuestros enojos, nuestras frustraciones y nuestros sueños para crear mundos y espacios seguros que nos funcionan como terrenos fértiles para seguir cultivando  nuestras distintas voces. 

Reconocimiento

Si tuviera que hacer una línea de tiempo para ubicar cuándo fue que me sentí “humana” o “persona” me es difícil. Cuando aprendía a leer recuerdo ver en mis libros de textos de estudios sociales o cívica y moral, la categoría “hombre” para referirse a la humanidad y me recuerdo preguntando ¿por qué? y sinceramente no hubo una respuesta lógica; entender el significado de “ser mujer” fue más evidente porque los mandatos de género a través de la socialización saben hacerlo muy bien desde que somos niñas.

Identifico que al terminar mis estudios universitarios hubo un punto de inflexión, lo registro como ganas de apropiarme de algo y ahora me doy cuenta que significaba poner la mirada en mí misma, decidir sobre mi tiempo y encontrar mi propia voz; no obstante, aparecieron los miedos, el autosabotaje como también condiciones económicas que hicieron desafiante el camino de tomarme la vida.

En esos pasos de reconocerme y atravesar diferentes versiones de mí misma, encontré amigas, feminismos y espacios seguros que facilitaron hacerme otras preguntas y aprender que en la medida que voy explorando mi propia forma de estar, de sentir y voy construyendo mis filtros para ver el mundo, amplío mi manera de existir, de estar viva y habitar mi cuerpo.

Estoy convencida de que me necesito viva y me quiero viva, que quiero honrar a mis ancestras y apoyar a mis contemporáneas viviendo. Estoy convencida que mi red de la vida se nutre con mi historia y la historia de las demás mujeres (las de antes y las de ahora) que “¡Vivas nos queremos!”  es un llamado profundo que reclama nuestra existencia.

Autora:

Jennifer Birmania Bello. Filóloga, Comunicadora y Educadora Social Feminista. Artista en construcción, que registra desde lo que identifica como códigos de la sensibilidad: aprendizajes, descubrimientos, reflexiones y poesía.

Fotografía: Flor Velásquez

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