Escuchemos y respetemos a las niñas

Las niñas en Nicaragua y en todo el mundo tienen voz propia, sueños y cuerpos que merecen total respeto y crecer en entornos que propicien su bienestar. En esta edición de El Cuarto Propio recibimos y escuchamos las voces de Dayhra S. y Milena, ambas son niñas que tienen nueve  y seis  años de edad respectivamente, quienes  nos hablan como han aprendido a poner límites y aplicar el consentimiento a través de la relación con sus madres, que también nos compartirán acerca de las acciones cotidianas que han puesto en práctica para  empoderar y dar seguridad a sus hijas desde el hogar.

¿Quiénes son Dayhra y Milena?

Dayhra y Milena no se conocen entre sí porque habitan distintos barrios de Managua, pero tienen en común que quieren vivir su niñez sin prisa y sin agobios, tienen actividades que disfrutan hacer en su presente y desde ya sueñan para su futuro. Ambas se sienten amadas y cuidadas por sus madres de quienes han aprendido sobre la comunicación, la confianza y el consentimiento. 

¿Cuáles son sus sueños?

Dayhra ama colorear, trazar formas, hacer manualidades como flores y casas de papel. Afirma con seguridad que le gustan las letras y los números al contarnos que  lengua y literatura como matemáticas son sus clases favoritas.

De grande sueña ser “una abogada de derechos, pero también quiero estudiar pastelería, aprender a hacer y decorar pasteles. Cada vez que hay un cumpleaños y mi mama hace una torta, yo le ayudo y le paso todos los ingredientes, o sea a mí me gusta la cocina. También quisiera ser abogada para ayudar a la gente a resolver los conflictos que tengan en su vida”.

Milena se siente feliz cuando va al parque, juega con sus amistades y pasea a su perrita. “Mis sueños es ir a una montaña, ir a un lugar con nieve e ir a la playa y cuando sea grande quiero aprender a defender a la gente buena, de la gente mala”, cuenta con determinación.

¿Qué saben sobre los Derechos de las Niñas?

Dayhra tiene acceso a programas culturales y formativos de un centro cultural comunitario de Managua, aquí ha reforzado conocimientos que su mamá Priscila C. le ha hablado desde la casa, “yo pienso que toda niña y mujer tiene derecho a ser libre, a ser como son. Si a una mujer le gusta otra mujer no hay que criticarlo, dejarlas que tengan su vida en paz”.

También enfatiza que “yo he aprendido que no debe violarse a las mujeres y a las niñas, nadie debe obligarlas a que se toquen sus partes íntimas y de que los hombres no deben tocar a las mujeres sin su permiso o sin su consentimiento”.

Milena sabe que realizando las actividades que le gusta, sentirse acompañada  y respetando el espacio personal, está viviendo sus derechos, “he aprendido a compartir, a jugar con los otros y a no empujar a los demás, también a respetarlos”, destaca.

Sobre el consentimiento.- Dayhra

Con sus propias palabras, ¿qué es el consentimiento?

Para mí el consentimiento es el permiso que doy para hacer algo. Mi mamá es la única que tiene permiso de hacerme preguntas sobre mis partes íntimas, por ejemplo si ya me bajó la regla. No me gusta que alguien agarre mis cosas sin mi permiso o que lea mi diario, o que alguien quiera agarrar algo de mí o tocarme a mí, no me gusta”, explica Dayhra.

“Que no me gusta que me empujen, que hagan cosas que no me gustan y que me quiten mis juguetes y mi bicicleta sin mi claro permiso”, describe Milena.

La mirada y el sostén de las madres

Ambas madres, Priscila y Vania, tampoco se conocen pero las une que ambas están practicando maternidades que enseñan a sus hijas -Dayhra y Milena- la importancia del amor propio, de la confianza y el consentimiento, a continuación nos comparten más sobre el acompañamiento a sus hijas. 

Priscila es mamá de cinco niñas, la menor tiene seis y la mayor 17, Dayhra junto a su melliza son la penúltima de la familia. “Estudié derecho pero no ejerzo porque soy mamá a tiempo completo y mis hijas requieren totalmente mi tiempo por ahora”, expresa Priscila.

En la experiencia de Vania, la crianza de Milena ha sido positiva,  y los momentos que está en su casa luego del trabajo son los espacios para compartir tiempo de calidad, “trabajo en un hospital y la mayor parte del tiempo lo paso aquí pero los fines de semana lo procuramos pasar en familia y dedicar tiempo de calidad”. 

¿Cómo definirían la experiencia de ser mamá de niñas en Nicaragua?

Pienso que ha sido un reto, no pensé tener tantas niñas pero después decidí que iba sacar provecho de tener tantas niñas y he tratado de educarlas de la mejor manera; yo me considero feminista 100% y yo trato de transmitirle ese sentimiento a ellas. Estoy en contra del abuso, de la violación de derechos y de que se le toque a una persona -sea niña, adolescente o adulta- el cuerpo sin su permiso o consentimiento, yo trato que ellas aprendan esto. Ha sido un reto aquí en Nicaragua porque sabemos que las calles son peligrosas”, afirma Priscila.

Sobre el consentimiento.- Milena

Vania en cambio, nos cuenta que personalmente no ha sentido una dificultad y destaca que ha sentido libertad en compartir con ella sobre distintos temas: “he tenido la libertad de enseñarle a mi hija sobre tema de salud, educación, de su relación con la familia y ha fluido positivamente. Le hemos enseñado que tiene iguales derechos y responsabilidades que otros niños, hablamos sobre temas que por lo menos cuando yo era niña mi familia, no me los abordaba”.

¿Qué hacen para enseñarles a sus hijas sobre el consentimiento?

Todas, las cinco, nos sentamos en una mesa a platicar: la de 17, de 12, las mellizas y la chiquita de seis años; todas están claras y tienen bien definido que su cuerpo es de ellas y nadie se los puede tocar o tomar algo de ellas sin su consentimiento. Yo las voy a dejar y a traer a la escuela, yo las llevo y traigo a la clase de música y aunque es cansado a mí me gusta porque siento que estoy formando a cinco personas diferentes”, comenta Priscila.

Además, agrega que la comunicación es un hilo fundamental para la confianza con sus hijas. A todas les ha enseñado a que le platiquen todo lo que les pasa, independientemente que ella esté ocupada en las tareas de cuidado del hogar; hace tiempo y espacio para darle la atención a sus hijas, e identificar cómo están o si necesitan apoyo especial.

Vania reconoce en su hija la capacidad de entender, por eso ella habla con Milena de temas diversos y le reafirma la confianza recordándole que ella puede hacer lo que quiera dentro de los acuerdos que ambas han pactado; también señala la importancia de permitirle imaginar “ella me dice quiero ir a la luna y yo le digo: «bueno pues vaya a la luna». Lo que ella quiera ser no importa si sea chiquito o grande, nosotros (con el papá) le decimos con naturalidad «hacelo» y si dice que no es buena o no puede, le decimos que lo vuelva intentar”.

Con el tema del consentimiento ha enseñado a su hija sobre el poder del y el no, la manera en cómo lo practican es respetar lo que dice Milena, cuidan de darle su espacio; que también lo refuerzan en el colegio, enseñándoles que personas extrañas o conocidas no pueden tocar su cuerpo.

Sobre el futuro.- Vania

¿Qué futuro quiere para sus hijas?

“Yo quiero que cada una de ellas tenga una carrera que les guste, no quiero que una me diga que estudió derecho porque yo le dije. Si una me dice yo quiero bailar ballet pues que baile ballet, si una me dice quiero ser titiritera pues que maneje los títeres tiempo completo, no quiero que mis hijas tengan un título universitario pero que tenga su vida frustrada, no quiero a ninguna de mis hijas estudiando algo que no quiere estudiar, no quiero a una hija estudiando una carrera universitaria quiero a una mujer feliz que a ella le guste lo que haga”, nos describe Priscila.

“El que ella quiera, ese futuro es el que quiero, lo que a ella la va hacer feliz y la va llenar”, responde con certeza Vania.

Sobre el Futuro.-  Priscila

¿Qué consejos le darían a  otras madres para fortalecer la comunicación?

“Yo le diría a cualquier mamá de niñas, que la mejor forma de fortalecer la comunicación es platicando con las niñas desde pequeñas, ganándose la confianza, desde el momento que la niña pregunta ¿cómo se llama esto? (refiriéndose a las partes del cuerpo) decirle su nombre: vagina, mano, pie y así en la medida que vaya creciendo la confianza y la comunicación estará con la niña”, expresa Priscila.

“Que le digan a sus hijas que ellas pueden llegar hacer lo que quieran hacer, que aunque haya momentos difíciles, ellas tienen todo para levantarse. Enseñarles desde chiquitas a las niñas que su futuro, su felicidad y lo que ella quiera hacer va depender en gran parte de la actitud que desarrollen”,  comparte Vania.

En contextos como el de Nicaragua, los derechos de las niñas son prioridad y  la enseñanza del consentimiento desde las prácticas cotidianas es un recurso fundamental para ir construyendo una cultura que respeta y cuida a las mujeres en cualquier etapa de su vida como niñas, adolescentes o  adultas. Gracias Dayhra y Milena por compartir sus voces y a sus madres que acuerpan su existencia. 

Jennifer Birmania Bello. Filóloga, Comunicadora y Educadora Social Feminista. Escritora en construcción, que registra desde lo que identifica como códigos de la sensibilidad: aprendizajes, descubrimientos, reflexiones y poesía.

Eugenia L. Carrión. Arquitecta y fotógrafa. Profesora de Fotografía, ilustradora entusiasta y amante de las artes. Trabaja por su cuenta creando, asistiendo y colaborando en distintos proyectos creativos

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