Una mirada a las emociones y las relaciones en tiempos de cuarentena

Es de conocimiento de todas que estamos navegando una pandemia mundial a causa del COVID 19 o Coronavirus, lo cual ha generado cambios en nuestras cotidianidades que tienen implicaciones diferentes para cada una. En general, las medidas estrictas de higiene y el distanciamiento social son las orientaciones principales para prevenir la enfermedad, reducir el riesgo de contagio y frenar la propagación.

A todas, sea que estemos adentro o afuera de las casas, nos atraviesa estar aprendiendo a cómo afrontar esta crisis desde nuestras realidades, recursos emocionales, saberes y experiencias. En este artículo hemos conversado con cuatro mujeres que nos hablan de sus vivencias de cuarentena y comparten con nosotras algunas de sus prácticas y reflexiones. 

La primera voz es la socióloga Fernanda Siles, que lleva ya cuatro semanas de cuarentena. Fernanda vive muy cerca de la casa de su abuela y abuelo, ha mantenido una rutina de visitarles y ser un apoyo para las gestiones que les implica salir de sus casas. También observa que en su familia se han organizado más para estar revisando las maneras en que todas y todos se expongan lo menos posibles. En un nivel más profundo identifica que se ha movido entre distintas emociones y navegado la crisis desde diversas miradas.

“Desde una perspectiva ecosistémica la veo como una crisis de nuestra relación como seres humanxs con la tierra y la necesidad de restablecer ciertos equilibrios sobre todo sociedades que están permeadas por el consumo, el extractivismo y la producción. Desde una mirada política muy preocupada por la degradación de todos los derechos ciudadanos en el contexto que estamos y a nivel mundial, de ver cómo se han organizado las prioridades en torno al mercado y no en torno al resguardo de la vida, entonces siento mucha frustración y tristeza.  A veces con ánimos de que ojalá en este tiempo podamos generar reflexiones y hábitos que nos hagan replantear cuál es la relación que queremos tener con la vida, extrañando  encontrarme con personas que quiero y pues en la dimensión laboral, preocupada como trabajadora por cuenta propia, todo mi trabajo por ahora se ha detenido”.

Patricia Rodríguez es la segunda voz entrevistada, ella es cirujana pediatra pero desde hace dos años explora otros oficios desde su nuevo domicilio en Costa Rica. Comparte que a nivel práctico está aprovechando el tiempo libre para dedicarse a su bienestar físico, comiendo saludable, haciendo ejercicios, aprendiendo cosas nuevas y enseñándole español a su novio e hija. A nivel emocional está preocupada por su mamá de 74 años y su hermana mayor que padece una enfermedad autoinmune ambas en Estados Unidos. Le asusta no poder viajar para cuidarlas si llegaran a enfermarse y no poder enviarles productos de limpieza y alimentos que están escaseando en algunas ciudades de los Estados Unidos, “en este caso, el dinero no sirve de nada” expresa.

Extraña compartir con sus amistades costarricenses y para aliviar la nostalgia ha usado una aplicación que se llama Houseparty para videollamadas y entretenerse con juegos que están dentro de la plataforma. También piensa en su familia y amigxs de Nicaragua, especialmente en sus amistades que trabajan en el área de salud por “lo expuestos que están ante esta pandemia sin tener ninguna medida de prevención secundaria debido a las creencias erróneas del gobierno nicaragüense”.

La tercera voz que nos acompaña es Martha Juárez, educadora de profesión. Ella nos cuenta que en general no le molesta el aislamiento físico “desde el 2016 trabajo mucho en casa y esto se acentuó en el 2018, llevo mucho tiempo haciendo reuniones por teléfono, por Zoom, WhatsApp y desde el 2018 comencé a organizar cursos en línea, todo ese entrenamiento previo me ayuda ahora. Además tengo 58 años y no tengo toda esa energía desbordante que en la juventud me empujaba a ir de un lugar a otro”. 

Reconoce que ha reducido el tiempo de las noticias y empezó a participar en un grupo de apoyo, hacer yoga con amistades y jugar ajedrez con su sobrino desde la virtualidad. El ritual desinfectante de la casa y las compras lo hace en equipo con su pareja y tienen acuerdos individuales para cuidarse como familia; y con sus otros parientes han pactado medidas de cuido para visitar a su mamá y tía, quienes son adultas mayores.  

Margarita Calderón es la cuarta voz cuyo oficio es ser terapeuta y nos habla de su proceso en estos días. Desde que se oficializó el primer caso de contagio en el país, ella suspendió sus atenciones en la clínica porque no podía asegurar las medidas de cuido necesarias para las personas atendidas y cuando tomó la decisión de quedarse en casa, compró alimentos para al menos dos semanas y lo necesario para guardar las medidas sanitarias y “como las mascarillas estaban agotadas me compré una de tela en Masaya, de muy buena calidad” comenta. Aun cuando ha evitado el contacto físico ha estado en espacios abiertos como senderos, playas, montaña y ha mantenido la comunicación con sus padres, familia y amistades de manera fluida.

Nos comparte que atravesó una gripe atípica muy fuerte con síntomas muy parecidos a los del COVID 19 que le exigió completo descanso, empezó a contactar más con sus emociones y pensamiento interno. Transitó por varias fases que clasifica de la siguiente manera:

  • Sorpresa y negación: “no puede ser que me enfermé si me he estado cuidando tanto, ¡debe ser solo un resfrío!”.
  • Confusión: “¿ahora qué hago? ¿qué medidas debo tomar ¿debo ir a una unidad médica? ¿cómo evito contagiar a mi pareja?”.
  • Optimismo: “bueno, no estoy tan mal, se me va a pasar”.
  • Estrés: “esto no está cediendo al ritmo que esperaba, ya se hizo largo el asunto, y si efectivamente es COVID. Contacto con el miedo al sufrimiento y a la muerte”.
  • Culpa: “no debí haber salido, debí haber tenido más cuidado, no debí visitar a mis padres posiblemente ya era portadora asintomática y los contagié, puse en riesgo a mi vecina recién diagnosticada con cáncer”.
  • Enojo: “que tonta, como me pude enfermar”.
  • Aceptación y búsqueda de solución: “llamé a la línea del MINSA 132, la respuesta fue inmediata y después de escuchar mis síntomas me afirmaron que no era COVID, que podían enviar a alguien a mi casa o podía asistir a una unidad médica según eligiera. La persona que me atendió dijo que, al tener ya mis datos en el sistema, podía llamar a cualquier hora si requería atención médica en caso de que agravaran mis síntomas pues su servicio está las 24 horas del día. El hecho de saber que si desmejoraba había posibilidades de atención ayudó a tranquilizarme”.

Margarita no necesitó hospitalización y está completamente recuperada. Nos recuerda que este aislamiento tiene repercusiones importantes a nivel psicológico porque les seres humanes somos seres sociales, somos con les otres y el bienestar emocional a su vez tiene una relación directa con nuestro sistema inmune “por tanto podemos distanciarnos físicamente para prevenir el contagio pero mantener los vínculos y las relaciones sociales de manera segura a través de las comunidades virtuales y compartir con quienes tenemos de cerca; así nos acompañamos y superamos la sensación de soledad, abandono y tristeza que trae el distanciamiento” finaliza.

La invitación que queremos dejarles es  a reconocer todo lo que estamos haciendo para gestionar este período y a ser empáticas con nuestros procesos ¡Todas estamos aprendiendo!

Jennifer Birmania Bello. Filóloga, Comunicadora y Educadora Social Feminista. Escritora en construcción, que registra desde lo que identifica como códigos de la sensibilidad: aprendizajes, descubrimientos, reflexiones y poesía.

Ilustraciones por: El Gato Negro Lunar

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