El Movimiento de Mujeres en Nicaragua, una historia de entereza y determinación

“Las mujeres siempre estamos buscando espacios propios de libertad”, indica con aplomo Sandra Ramos, fundadora del Movimiento de Mujeres Trabajadoras y Desempleadas ‘María Elena Cuadra’ (MEC), al referirse al porqué muchas mujeres decidieron alejarse, a inicios de la década de los 90, del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Sandra, al igual que muchas mujeres se integró en la lucha por el derrocamiento de la dictadura somocista (1937- 1979), con el propósito de contribuir a una Nicaragua libre de represión, en donde se redujeran las desigualdades de clase y se mejorara el nivel de vida de los más desfavorecidos.

“Yo me integré  al FSLN en 1977 aproximadamente, cuando ya se levantó todo el chavalero porque yo era joven en esa época, yo acababa de salir de la secundaria, recuerdo muy bien, en el 72 fue el terremoto yo estaba en primer año de secundaria”, precisó Sandra de 59 años.

A sus 18 años se integró a los movimientos estudiantiles que emergían en su colegio, participó en huelgas y apoyó en la logística de algunas misiones, llevando agua y alimentos a estudiantes que se tomaban edificios de Managua y relata que desde temprana edad se identificó con la lucha revolucionaria. “Me acuerdo que me le escapaba de la casa para ir a dejar alimentos o para ir a abrir la boca de noche donde estaban ellos (los estudiantes)”, nos dice la activista entre risas.

Por su parte, María Teresa Fernández de la Coordinadora de Mujeres Rurales, quien también se involucró en la revolución, recuerda como si fuera ayer sus inicios en el movimiento estudiantil del Instituto Nacional de Camoapa en 1974, en esa época ella contaba con 16 años de edad.

“Había como una efervescencia, empezaron a circular papeletas, entonces eso era lo que hacíamos los estudiantes, y me integré al FSLN jovencita, te estoy hablando de que tenía 16 años, yo tenía claro de que había que botar a la dictadura”, rememora Fernández.

Foto cortesía. María Teresa Fernández

Las papeletas contenían proclamas o pronunciamientos que invitaban a la población a unirse a la lucha por derrocar a la dictadura y a la vez funcionaban como mecanismo de denuncia ante la desigualdad social, éstas se distribuían con mucha cautela por temor a represalias por parte de la Guardia Nacional, principal fuerza armada del régimen.

Al llegar a la universidad, en donde obtuvo la licenciatura en Economía, María Teresa continuó organizada y participaba en protestas masivas cuyo principal objetivo radicaba en exigir el fin de la dinastía; “se quemaban llantas, se quemaban buses, y era algo tremendo”, nos explica.

Posteriormente, empezó a trabajar en el Banco Nicaragüense en donde además de desempeñar el cargo para el cual fue contratada, continuó regando papeletas e involucrándose más en las estructuras del frente.

Por otro lado, no podemos hablar de la participación de las mujeres en el Frente Sandinista durante fue movimiento guerrillero, y durante el triunfo de la revolución, pasando por la insurrección popular, sin referirnos a la socióloga y reconocida activista feminista, María Teresa Blandón, quien fue combatiente guerrillera, secretaria política del FSLN en zonas de conflicto armado, enfrentando los riesgos de la guerra en las montañas de Matagalpa y Jinotega.

La deuda del Frente Sandinista con las Mujeres: desencantos y rupturas

Al hacer una retrospectiva en las propuestas del Frente Sandinista, nos encontramos con una proclama emitida en el año 1969 por el entonces movimiento guerrillero, en donde detalla 15 puntos que según sus dirigentes entre ellos Carlos Fonseca, resolverían la problemática que vivía el país.

A ese documento lo llamaron Programa de Revolución Popular Sandinista y el sexto punto del mismo consistía en “la emancipación de la mujer”, sin embargo, en la proclama, que fue distribuida como volante clandestino, no se explica a qué se refieren con el término “emancipación” ni la estrategia que implementarían para concretizarla.

En este sentido las tres activistas entrevistadas coinciden en que esa propuesta no fue más allá de un simple enunciado político.

“¿Qué si el Frente Sandinista tenía claro el tema de la igualdad y la emancipación desde la perspectiva de género? Nos responde María Teresa Blandón con elocuencia: 

Entrevista María Teresa Blandón

Al respecto, Sandra Ramos indicó que el lugar que las mujeres nos hemos ganado no fue obtenido de manera fácil, e hizo referencia a testimonios e historias de mujeres que fueron las primeras en lograr abrirse camino en los distintos momentos de la historia y considera que a ellas “les fue muy harto difícil”.

“Por lo tanto aunque existiera en la proclama del Frente Sandinista la emancipación de las mujeres que está vinculada a la igualdad, al ejercicio de los derechos de la mujer, a todo el tema de ‘yo decido sobre mi cuerpo’ de la lucha contra la violencia, eso fue meramente un pronunciamiento” sostuvo Ramos.

Para María Teresa Fernández ese punto del programa mencionado nunca fue discutido, en las estructuras del movimiento, y tampoco cuando años más tarde se constituyó como partido político.

Es oportuno retomar parte de una entrevista que realizó el espacio radial “Cuerpos Sinvergüenzas” a la activista Klemen Altamirano, en donde ella afirma que durante la revolución sandinista cualquier planteamiento que hicieran las mujeres en torno a sus derechos era catalogado como “diversionismo ideológico”, es decir que “estábamos hablando de cosas que no eran importantes”.

El descontento de las mujeres ante la marginación de sus planteamientos y de sus realidades no se hizo esperar.

Tanto Ramos como Blandón compartieron una anécdota que ilustra el nivel de desvalorización de las opiniones de las mujeres, ellas dicen que alrededor de 1988, ya estando el Frente Sandinista en el poder, se celebró una asamblea de mujeres a la que asistió Daniel Ortega y llevaron a centenares de mujeres de barrios, comunidades rurales y sindicalistas para expresar problemáticas que las aquejaban como; acoso sexual, abuso de poder, muerte de mujeres por practicarse abortos clandestinos.

Días después Ortega declaró en otro espacio que “las mujeres teníamos que seguir pariendo para reponer a todos los hijos que habían caído en combate”.

Debido a esto y al convencerse de que los derechos de las mujeres nunca fueron una prioridad para el partido y que la Asociación de Mujeres Luisa Amanda Espinoza (Amlae) no respondía a sus demandas, las mujeres deciden tomar su propio camino y empezar a organizarse.

Algunas quedaron desempleadas, otras se dedicaron a sus familias, en algunos casos empezaron a trabajar para la cooperación internacional, pero buena parte de las mujeres que tomaron distancia del partido sandinista apoyaron diversos esfuerzos tendientes a sensibilizar a las mujeres sobre sus propios derechos.

“Yo fui a trabajar a la UNAG, entonces desde ahí empezamos a trabajar en función de las mujeres porque ahí había desigualdad, las mujeres no eran visibilizadas, es decir las mujeres tampoco tenían claro que tenían derecho a tener tierra”, María Teresa Fernández.

María Teresa dice con entusiasmo que ella empezó a trabajar “con mujeres del campo y eso una cosa que me apasiona, que me encanta y me alegra ver cuando las mujeres avanzan. 

Ella estima que las mujeres empezaron a aglutinarse en el Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM) alrededor de los años 90, época en que surgieron las redes de apoyo, las casas de la mujer, las clínicas, “y empezó todo el trabajo e contra la de la violencia contra las mujeres”.

La Coordinadora de Mujeres rurales se constituyó legalmente y obtuvo su personería jurídica en el 2009.

La memoria del movimiento de mujeres en Nicaragua

Los testimonios de estas mujeres, que desde sus diferentes ejes de trabajo, han aportado a poner en la palestra pública nuestros derechos en una labor que les ha tomado aproximadamente 29 años y contando, contribuyen a construir la memoria del Movimiento de Mujeres y Feministas en Nicaragua.

Con tenacidad y determinación demostraron su capacidad de agencia para hacer efectivos los derechos que les fueron negados en el seno del frente sandinista, y además empoderaron y continúan empoderando a otras mujeres para reclamar los espacios que nos corresponden en el ámbito público y privado.

Visibilizaron problemáticas que hasta hace casi tres décadas no se abordaban como la violencia machista y sus diferentes aristas, las brechas de género, los femicidios y hacen patente la frase de la gran activista Ángela Davis; “el feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas”.

Martha Delgado, Comunicadora Social

Fre Sia, Comunicadora / Fotógrafa Feminista.

Fotografías

Cortesía de María Teresa Fernández y Sandra Ramos

Contenido creado por participantes del Curso de Actualización Profesional: Memoria e Investigación Feminista, a través de Becas de Contenido facilitadas gracias al apoyo de COSUDE. 2019.

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