El arte de migrar

Breves historias de mujeres artistas migrantes

En esta edición de La Quimera, me abrieron un espacio para escribir en la revista ya que justamente la temática es sobre mujeres y migración. Gran tarea la de elegir y delimitar qué compartir cuando hay tanto que decir sobre ser mujer, ser centroamericana, ser migrante y ser artista. 

En esta búsqueda tuve el honor de escribir sobre ese viaje migratorio de Alma, Karen y Zolank, tres mujeres nicaragüenses que están viviendo fuera de Nicaragua. Luego de haberlas conocido me di cuenta que para ellas  haber migrado les cambió, de cierta manera, la perspectiva en la que percibían su arte y la forma de crear, cada una desde su disciplina y, también, sumando nuevas. 

Decidí entonces hacer un breve perfil de cada una con el deseo de compartir una parte de su experiencia, de su trabajo artístico y de contar un poco cómo las migrantes siguen, seguimos resistiendo, cada una, desde su singular vivencia y desde su forma de hacer arte.

Zolank Campos es de Managua, estudió Marketing y Publicidad en la UCC y se recibió de Instructora de Danza Folklórica por la Academia Nicaragüense de la Danza. Ella conectó con la danza porque siempre tuvo la inquietud de bailar, “siempre necesité encajar y el único lugar donde siempre he encontrado que encajo a la perfección es bailando en un escenario y enseñando a bailar”

En el año 2015, decidió migrar porque le ofrecieron la “oportunidad” de mudarse a España. El año anterior quedó desempleada debido a que el apoyo del proyecto que financiaba su labor docente en la Costa Caribe decidió re-dirigirse para otros usos académicos. Estuvo mucho tiempo en búsqueda de un nuevo trabajo como docente de danza y también en su carrera de marketing, pero no lo pudo obtener.  

Zolank llegó a los 22 años a España con dinero prestado, sola y creyendo que le sería muy fácil conseguir la residencia. La primera vez que rentó un espacio de vivienda le cobraron una cantidad exorbitante de dinero por una habitación sin las condiciones sanitarias necesarias. Luego del poco tiempo de haber llegado, le ofrecieron un trabajo en un pueblo lejos de la ciudad, cuidando a una persona. Estuvo dos años sin un solo día de vacaciones y, cuando las solicitó, la echaron dejándola sin su equipaje, sin su ropa y sin sus ahorros. 

Luego, Zolank se mudó de nuevo a la ciudad de Zaragoza, con la ayuda de una amiga. En varias ocasiones asistió a entrevistas que eran trabajo sexual encubierto. A pesar de todo esto, pudo trabajar  y, paralelamente, empezar de nuevo a practicar la danza. 

En Zaragoza, una noche de salida con amigas bailó por entretenimiento, por darse el gusto, y esta misma noche conoció gente interesada en aprender a bailar. Así fue como empezó a dar clases particulares y luego se vinculó con una casa de cultura y abrió un taller de danza para un grupo grande de personas.  Además, en el 2018 tuvo muchas presentaciones apoyando a los migrantes nicaragüenses que llegaron a España. 

Para Zolank el baile es una forma de mostrar su cultura. El arte la ha ayudado en todos los sentidos: “a una bailarina se le nota su arte en su postura en caminar, en la manera de expresarse, en cómo habla, en que puede relacionarse mejor. A mí el arte me abrió un mundo que yo desconocía, me salvó de la tristeza, de la no aceptación, la danza es integral”. 

Ella percibe que su trabajo artístico se ha retroalimentado enormemente con la migración: “yo siempre escuché a mis profesores hablar sobre el sincretismo, de cómo se mezclaron las culturas. Ahora que estoy en España, en Sevilla, percibo todas las similitudes. Veo los bailes de acá y veo Nicaragua, veo los volantes de las faldas flamencos y veo nuestras enaguas, tenemos esa mezcla, queramos o no. Migrar me ayudó a percibir de manera diferente mi aprendizaje, a saber que somos un poco de todos lados”. 

Recientemente se mudó a Sevilla y siente que es un lugar que le gusta mucho, la percibe como una ciudad multicultural. La emergencia sanitaria causada por el Covid-19 también ha significado una dificultad para ella y su actividad artística porque ha tenido que parar. Sin embargo, Zolank tiene como proyecto futuro abrir un espacio y seguir como docente para que los nicaragüenses y latinos, a través de la danza, se sientan orgullosos de sus raíces, que no olviden sus orígenes, los orígenes de sus ancestros. 

ALMA RODRÍGUEZ nació en Masaya. Empezó a trabajar como intérprete y cantante hace 10 años. Estudió vocalización y técnicas con un profesor particular y luego estudió en el Conservatorio de música de la UPOLI. 

Se la solía ver cantando con su banda en Barceló Managua y en otros lugares turísticos de Nicaragua. Ella se define como alguien versátil en la música: “no tengo límites, en Nicaragua cantaba desde jazz hasta bossa-nova, rock, música italiana, trova hasta testimonial. He hecho hasta música para bailar, música para entretener”. 

Alma migró en agosto del 2018 hacia Costa Rica, debido a la crisis política. Se ha vinculado, desde su llegada, con proyectos y artistas costarricenses y migrantes. Ella define como muy enriquecedora su experiencia migratoria en términos artísticos, sin embargo, debido a la crisis sanitaria que inició en el 2020, tuvo que dejar los escenarios. 

Ella tuvo que reinventarse: hizo muchos conciertos virtuales, celebró sus 10 años de carrera a través de una plataforma virtual, empezó un pequeño emprendimiento de comida nicaragüense, y, además, logró vender algunas de sus pinturas.

En términos de xenofobia, ella nos comparte que, si bien dentro de la escena artística no ha percibido discriminación, en la cotidianeidad la historia es otra: “si te miran que sos de un color más oscuro que el de ellos te tratan diferente, lo he vivido, también acá”.

Estas vivencias, la migración, la añoranza, la hicieron replantearse su propio rol en la música: “yo en Nicaragua cantaba canciones de otros artistas, pero  hoy en día viviendo en Costa Rica, yo he cantado mi propia música. Ha sido excelente experimentar esta madurez musical que tengo ahora, antes decía no estoy lista para mi música, pero ahora sucedió”.

Su música, también ha significado una propuesta frente a los mandatos sociales: “no estoy de acuerdo con sexualizarnos en el ambiente musical, creo que nuestro talento va más allá que una falda corta. Siempre me decían que bajara de peso para poder ser artista y yo me siento bien con mi peso y con lo que profesionalmente le doy al público”. 

En cuanto a sus proyectos futuros, tiene planeado grabar con otros artistas un disco de música navideña con sones de pascuas, grabar su primer producción audiovisual con una productora local. Además, está en el proceso de finalizar su primer y propio proyecto musical: su disco como cantautora.

La música de Alma es de protesta, del llamado a la consciencia social, habla sobre el empoderamiento femenino, sobre la esperanza, sobre “la añoranza y el deseo que yo tengo de estar en mi tierra”. 

KAREN BERMÚDEZ es originaria de Chontales. Ella estudió en Nicaragua, Filología y Comunicación en la UNAN-Managua. Trabajó siendo activista. El último que ejerció fue como reportera para la ONG ACDNicaragua y, paralelamente, cooperaba con la Fundación Amarte, dedicada a la protección y bienestar animal. 

En el 2018, debido a la crisis política en Nicaragua, Karen decidió salir temporalmente de Nicaragua. Sus planes eran aprovechar la invitación de la dueña de una galería de arte en Frankfurt para exponer su obra, además, estar fuera por unos meses mientras la situación en Nicaragua cambiaba.

Sus primera temporada en Alemania la dedicó a pintar. Pasaron seis meses y Karen ya tenía una primera exposición hecha en la galería ARTyCON con el proyecto Triángulo en transición, además, una decisión tomada: no regresaría a Nicaragua. La razón la excedía. El panorama socio-político no había cambiado y, si regresaba, no tenía garantía de seguridad.

Ya han pasado dos años y Karen ha convertido su habitación en su “pequeño taller para pintar”. Algunas pinturas las hace por encargo y otras de manera espontánea. Debido a que aún no habla el idioma y no ha obtenido la residencia definitiva, se dedica mayoritariamente al arte.  Se le ha hecho muy difícil encontrar un trabajo en relación de dependencia sin los papeles y sin poder hablar alemán. 

Ella siente que ha sido muy bien recibida por sus amistades, pero las vivencias diarias, el estar sola en un país extranjero han sumado a las dificultades. Ella percibe la discriminación con otros extranjeros, sobre todo con los migrantes del continente africano.

Estas vivencias, la experiencia de migrar, ha cambiado la percepción de su arte. En Nicaragua significaba solamente un pasatiempo, ahora “quiero estudiar, quiero vincularme al arte profesionalmente, aprender todas las técnicas, ya que soy empírica”. Además, el choque cultural, la situación en Nicaragua  la llevaron a querer enfocarse no solo en la parte estética del arte: “ahora no solo me interesa pintar algo bello, sino expresar algo, un descontento, una injusticia, expresar una denuncia social”.

La mayoría de las  obras que ha hecho en Alemania, a diferencia de las que hacía en Nicaragua (que eran meramente ornamentales), tienen un contenido social, una denuncia: es su leitmotiv, su tema central. Los movimientos con los que se identifica son el surrealismo, el naturalismo, el impresionismo y el primitivismo. 

Karen también está estudiando inglés y haciendo voluntariado en un lugar que se llama “La mesa”, en el cual se distribuyen alimentos a personas empobrecidas y a gente en situación de calle. 

Su próximo proyecto, en el que ya está trabajando, es una colección de pinturas sobre Hamburgo, con la cual busca plasmar las diferentes caras de la ciudad. Además, planea estudiar arte y terminar de aprender alemán. No sabe cuánto tiempo estará en Alemania, pero sueña algún día volver a Nicaragua.

No amigues, estas no son historias rosas de superación personal. Verán ustedes, cuando migrás dejás todo y vas a un lugar donde, casi siempre, no tenés “nada”. Acá, todo resta: si sos morena, si sos flaca, si sos baja, si sos alta, si sos, si no sos. 

Sin embargo y a pesar de, seguimos acá y queremos alcanzar una voz propia, una voz con la cual podamos decir abiertamente: estar acá no es un delito. Existimos en este espacio que no nos vio nacer y estamos en permanente resistencia. Las migrantes nos la rebuscamos, nos inventamos, nos re-inventamos y  creamos constantemente nuevas formas de vivir. Migrar es un arte. 

Flor Velásquez, comunicadora y productora audiovisual.

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