Decidir sobre nuestros cuerpos, un derecho que no nos pueden arrebatar

La autonomía sobre los cuerpos de las mujeres no admite ningún tipo de negociación, no son las restricciones legales ni los estigmas sociales los que priman cuando se trata de decidir sobre nuestras vidas, es la imperante necesidad de ser las dueñas de nuestras decisiones y de nuestras vidas lo que en realidad cuenta.

Les contamos las historias Juanita, Arbolita y Amapola (nombres ficticios) mujeres que decidieron abortar en Nicaragua a pesar de que este derecho humano está prohibido y penado en nuestro país desde hace 13 años.

Juanita, una joven diseñadora gráfica que resultó embarazada a los 22 años, al poco tiempo de haber terminado una relación con un chico que según su testimonio estaba claramente obsesionado con ella y quien la embarazó con el propósito de retenerla.

“Yo no quería eso para mí, no estaba preparada para ser madre, ni menos con un maje que está así de loco y eso fue lo que me motivó a buscar ayuda”, nos cuenta Juanita.

Juanita contaba con la suficiente información como para no dudar de que interrumpir su embarazo en ese momento, sabía que era la mejor decisión, pues asegura que no estaba lista para ser madre.

“No planeo ser madre tan joven y si pasa deseo que sea mi voluntad, no por voluntad de otra persona ni de la casualidad, sino que sea mi decisión, porque mi vida no gira en torno de tener una familia, tengo metas, sueños, trabajo”, nos comenta.

Juanita también es artista, perteneció a una banda y actualmente está enfocada en forjarse como solista, ella se identifica como feminista y estuvo muy entusiasmada de relatar su historia con el fin de que poder ayudarle a otras mujeres.

Para practicarse el aborto ella contó con el apoyo de una amiga bien informada sobre el tema, que además tenía contactos con un organismo no gubernamental, cuyo nombre omitiremos por seguridad,  pero que a partir de ahora llamaremos la organización.

En esta organización le brindaron unas pastillas y las instrucciones para tomarlas, mismas que siguió al pie de la letra para interrumpir el embarazo de aproximadamente seis semanas.

“Fue un alivio, me sentí súper afortunada de contar con una amiga que me iba a apoyar con mi decisión, fue mágico sentirme así de apoyada y de comprendida también y de que íbamos a salir de eso a como fuera”, manifiesta con una sonrisa en su rostro.

Por su parte, Arbolita,  una chavala actualmente exiliada en Costa Rica a causa de la represión política que se vive en Nicaragua, notó a sus 19 años que la menstruación se le había retrasado por dos semanas y nos comparte que se sintió en shock tras confirmar el embarazo. Asegura que en ese momento los estudios como prioridad pasaron a un segundo plano.

Antes de estar en esta situación, ella había tenido ciertas referencias sobre el aborto, incluso supo de una amiga que en el último año de la secundaria se practicó uno, ambas estudiaban en un reconocido colegio religioso de Managua en donde hablaban del aborto como una idea siniestra con un par de tenazas entrando al útero y que calificaban como “pecadoras” a las mujeres que interrumpían sus embarazos, ideas reforzadas por la formación católica de su hogar. 

Pero ni esas ideas, ni el miedo detuvieron a Arbolita, ella decidió que abortar era lo mejor, por lo cual decidió contactar a su amiga, la chica que ya se había practicado uno y que por ende tenía la información y los contactos necesarios.

Arbolita recibió medicinas para realizarse un aborto químico, un método que no tiene nada que ver con el que escuchó en sus años de secundaria.

Ella dice que su principal temor no era experimentar dolor físico, ni los malestares a los que se enfrentaría, sino que el medicamento no funcionara, pues tampoco quería estar vinculada de por vida con su pareja de ese entonces.

Por otro lado, conocimos la experiencia de Amapola, de 34 años, Comunicadora Social de profesión. Ella se ha realizado dos abortos, el primero de ellos lo describe como un proceso “muy doloroso” que duró doce horas en promedio y que empezó una noche en compañía de su pareja y con la asesoría de una amiga cercana que vía telefónica seguía de cerca el proceso.

Ella interrumpió el embarazo a las nueve semanas de gestación, con la convicción de que era lo mejor para ella, puesto que apenas tenía 25 años  y aunque el proceso fue doloroso, ella dice que “era algo que yo podía soportar” en comparación con parir y criar un hijo.

“Hoy, han pasado muchos años de eso y yo pienso ‘qué alivio’, veo a mi hermana criando y pienso que realmente tomé una decisión de la que no estaba tal vez completamente segura, no tenía miedo, ni creo que llegué a pensar en que después me iba a arrepentir, pero sí tenía dudas sobre si quería ser mamá en ese momento, cuando dije ‘no, ahorita no’ y ahora pienso ‘qué bueno que lo hice’”, relata con tranquilidad.

Desde el 2010 Amapola acompaña a otras mujeres a acceder al aborto como un derecho reproductivo y explica que las razones por las que deciden practicarse un aborto son muy diversas, por ejemplo; porque falló el método anticonceptivo, debido a embarazos producto de violaciones sexuales, porque su vida está riesgo,  porque no se dieron cuenta cuando salieron embarazadas, entre otras.

De ese año hasta la fecha calcula que ha acompañado a alrededor de 27 mujeres, a razón de 3 mujeres por año, dice nunca haber empujado su activismo feminista hacia ese lado, pero entre risas confiesa que desde que ayudó a la primera mujer es como si el aborto la persiguiera, porque no han parado de tocar a su puerta en busca de ayuda.

“Pese a la penalización las mujeres no hemos dejado ni de necesitar abortar ni de abortar, pero entonces eso nos ha empujado a la clandestinidad y la clandestinidad siempre es un riesgo, pero también implica que las mujeres no puedan acceder más fácilmente a lo que es un derecho reproductivo, entonces existen esfuerzos y hay maneras de resolverlo, pero hay muchísimas mujeres que no logran llegar hasta ahí entonces tienen que o asumir grandes riesgos para su salud y para sus vidas o asumir embarazos que no quieren”.

La importancia del apoyo emocional durante el aborto

En todos los casos de las mujeres que decidieron contarnos sus experiencias, dijeron que el apoyo que recibieron de amistades cercanas fue fundamental para hacer más llevadera la situación, tuvieron compresión y solidaridad en ese momento, algo que no toda mujer encuentra al tomar una decisión de esta naturaleza.

Normalmente las mujeres no se sienten seguras de poder hablar de este tema, incluso a veces ni con sus familias por temor a ser juzgadas, a que las vean como pecadoras o como asesinas.

En Nicaragua existen diversas organizaciones que trabajan desde hace muchos años para desmontar ideas erradas sobre la interrupción del embarazo, igualmente exigen la despenalización del aborto pues consideran que es un derecho reproductivo al que toda mujer debería poder acceder teniendo como único criterio su decisión. 

En el 2006 la Asamblea Nacional de Nicaragua eliminó del Código Penal la figura del aborto terapéutico y en el 2007 se establece la penalización absoluta del aborto, no hubo excepciones terapéuticas para considerar la interrupción del embarazo.

Consecuencias de la penalización del aborto en las vidas de las mujeres

Según la activista feminista María Teresa Blandón, las principales consecuencias de que el aborto sea considerado como un delito en Nicaragua recaen directamente en la salud de las mujeres.

Entrevista María Teresa Blandón sobre el Derecho a decidir

“Penalizar el aborto es condenar a las mujeres, por supuesto, sobre todo a las mujeres pobres con embarazos que pueden dañar su salud, que pueden llevarlas a la muerte o que está en contra de su propia voluntad”, señaló Blandón.

Según Ipas Centroamérica, entre 18 y 23 mujeres han muerto cada año en Nicaragua a partir de la penalización absoluta del aborto terapéutico.

“La vida de las mujeres, no aparece como una vida importante en sí misma y esto tiene que ver mucho con la noción muy antigua de cuál es el papel de las mujeres en la sociedad y es un papel subsidiario, es decir, es un papel que se valora y se reconoce en la medida que el cuerpo de las mujeres es útil en la vida de otros, entonces te celebran como madre, pero no como cualquier madre, te celebran como madre sacrificada, como madre abnegada, como madre sacrificada, no es a vos mujer, es a la función que desarrollas de cara los hijos”.

De estas muertes a juicio de Blandón  es responsable “el estado es de Nicaragua porque les han negado el derecho a una atención médica de calidad, les han negado el derecho en los hospitales a tomar decisiones informadas sobre su capacidad reproductiva”.

María Teresa afirma que las implicaciones económicas también son “severas” porque la mayoría de las mujeres, niñas o adolescentes que han sido obligadas a parir son pobres, ya tienen hijos o se ven obligadas a juntarse con un hombre aunque no quieran porque son rechazadas por su familia.

Por otro lado, considera que la penalización aún cuenta con “un enorme aval social”. La gente que está muy influenciada con el fundamentalismo religioso, o que tiene menos información sobre derechos humanos son los que tienen una posición implacable en relación al aborto y dicen “no” al aborto en ninguna circunstancia.

La prohibición del aborto terapéutico en Nicaragua se da por peticiones de la iglesia  católica y evangélica en el marco de la campaña por las elecciones presidenciales de 2006, hasta ese momento la legislación facultaba a practicar este tipo de interrupción del embarazo si era “determinado científicamente, con la intervención de tres facultativos, por lo menos, y el consentimiento del cónyuge o pariente más cercano a la mujer”. 

A casi 13 años de la penalización de todas las formas de aborto en Nicaragua, las consignas siguen vigentes: “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, “saquen sus rosarios de nuestros ovarios” y “Aborto Si, Aborto No, eso lo decido YO”.

Autora:

Martha Delgado, Comunicadora Social

Ilustración: Tania Ortiz – El Gato Negro Lunar 

Fotos: Martha Delgado

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