Decidir sobre nuestro cuerpo es decidir sobre nuestra vida

El acceso y el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres sigue siendo una deuda en la agenda del estado en Nicaragua, pero especialmente hablando del Derecho a decidir nos encontramos con mayores vacíos que atraviesan la legislación y los imaginarios sobre los cuerpos de nosotras las mujeres.

En esta edición de las Gafas Violetas reconocemos ¿por qué es tan polémico el derecho a decidir? y nos acompañarán en este análisis, las experiencias de la médica “Erin”, la terapeuta “Flora” y la estudiante universitaria “Lisella”, todas han decidido utilizar seudónimo.

La historia accidentada del Derecho a decidir en Nicaragua

Específicamente en el artículo 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el derecho a la vida está plasmado de la siguiente manera:Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. 

Nótese que la definición está escrita en masculino, lo cual no es casualidad porque la lucha por los derechos que garantizan la vida de las mujeres y a tomar decisiones sobre nuestro propio cuerpo ha sido parte de la reivindicación de los movimientos feministas y de mujeres en los distintos contextos y períodos históricos.

En Managua, Nicaragua el 26 de octubre del 2006, la Asamblea Nacional con 52 votos a favor de 91 diputados eliminó el artículo 165 del Código Penal, penalizando así todas las formas de aborto en Nicaragua.

Desde la tarde del 25 de octubre se organizó y llevó a cabo una vigilia con centenares de mujeres de distintas partes de Nicaragua frente a la Asamblea Nacional, toda esa  noche estuvo  llena de documentales, testimonios y pronunciamientos en contra de la penalización.

El artículo 165  había estado vigente desde 1893 y planteaba literalmente que: “El aborto terapéutico será determinado científicamente, con la intervención de tres facultativos por lo menos, y el consentimiento del cónyuge o pariente más cercano a la mujer, para los fines legales” (Fuente diario Confidencial, reportaje Aborto en Nicaragua: 12 años de lucha por el derecho a decidir publicado el 26 de noviembre de 2008).

En 2009 Amnistía Internacional, un movimiento global por los Derechos humanos publicó una investigación llamada La prohibición del aborto en Nicaragua, la vida y la salud de las mujeres en peligro, los profesionales de la medicina criminalizados, donde se describe que:

“La prohibición total del aborto no hace excepciones en los casos en que la vida o la salud de la mujer corre peligro, y por tanto exige implícitamente a los médicos que hagan caso omiso de las Normas y Protocolos para la Atención de Complicaciones Obstétricas del Ministerio de Salud (Protocolos Obstétricos). Las mujeres o las niñas que quedan embarazadas a consecuencia de actos de violencia sexual deben tener acceso a servicios de apoyo, incluido el acceso a un aborto seguro y legal… Los profesionales de la salud pueden ser encarcelados por proporcionar información sobre el aborto o practicarlo.”

Sin embargo, el movimiento feminista y de mujeres ha sido constante en visibilizar, explicar y luchar por el derecho a decidir, como también ha trabajado en educar con argumentos legales, científicos y culturales para apropiarnos de nuestro espacio cuerpo.

Apropiándonos del Derecho a decidir

Hay un sentido profundo en el Derecho a decidir para las mujeres y las respuestas de Erin, Lisella y Flora lo confirman porque no es únicamente tener las leyes y el sistema de salud que garantice un procedimiento médico justo y en las mejores condiciones para todas, sino sabernos que tenemos opciones y somos dueñas de nuestras decisiones.

Erin es una médica feminista en un hospital nicaragüense y para ella el derecho a decidir son todas las motivaciones, las metas y cómo las mujeres hemos planificado o queremos ver construida nuestra vida, también todas las acciones para cuidar y gozar de su propio cuerpo.

Con 16 años Lisella y empezando una carrera universitaria, nos cuenta que tomando “las mejores decisiones” con la vida propia y pensando en lo que nos genere bienestar y crecimiento, estamos haciendo uso de este derecho.

Flora, quien es terapeuta y tiene la experiencia consciente de haberse practicado un aborto en un momento donde no deseaba y no estaba lista para la maternidad, nos comparte que el derecho a decidir es un acto de poner al centro la vida de una misma y es el reconocimiento a lo que una siente y quiere, no lo que dictan las normas sociales del deber ser a las mujeres.

De la controversia e imaginarios

Cuando hablamos del Derecho a decidir nos podemos encontrar con muchos cuestionamientos, mitos y críticas destructivas. Flora coloca como eje de la polémica que se trata “de que somos mujeres”, que no estamos buscando una validación externa.

Por su parte, Erin destaca que el patriarcado “odia que una mujer sea lo suficientemente fuerte y empoderada para poder decir esto es lo que yo quiero hacer con mi vida”, y por eso se generan tanta deslegitimación y limitaciones para acceder al ejercicio de este derecho.

Lisella considera que la verdadera molestia de quienes critican o se oponen al ejercicio de este derecho está en el hecho de que una mujer tome control de sus decisiones sin “pedir segundas opiniones”.

El pañuelo Verde

El pañuelo verde es un símbolo que empezó a usarse en Argentina en el año 2018, cuando centenares de mujeres exigían la despenalización del aborto frente al Congreso -semejante a la vigilia del 25 de octubre de 2006 aquí en Nicaragua-. Este evento fue importante para el movimiento feminista en América Latina y desde entonces hemos usado este símbolo para reivindicar este derecho.

Ahora grupos providas usan un pañuelo en color celeste que basan su retórica en fundamentalismos religiosos que refuerzan la culpa y la misoginia. Debajo de ese “Salvemos las dos vidas” o “las dos vidas importan”, hay un manojo de prejuicios y mandatos patriarcales que intentan mantener la subordinación de las mujeres y anular la autonomía.

Una Cultura en que nos sintamos seguras 

La penalización del aborto en Nicaragua, problematiza y dificulta a que todas las mujeres que necesiten practicarse este procedimiento, lo hagan en condiciones seguras, higiénicas y con la debida atención. La interseccionalidad de clases y procedencia (campo o ciudad), por nombrar algunas, media en este acceso, por tanto, es un vacío fuerte y un tema de urgencia en nuestro país, porque debería estar integrado en el sistema de salud pública.

Practicarse una interrupción debería ser una atención médica de calidad y no un proceso cargado de silencios y temores tanto para la mujer, como para la médica o médico capacitado por estar penalizado en la legislación nacional.

Lisella, que es adolescente, quiere que las siguientes generaciones de mujeres puedan acceder a este derecho sin la carga moral que lo rodea, que en las familias se hable que el aborto es una opción, que las niñas y adolescentes violadas no tengan que parir porque la ley lo penalice, quiere sentirse segura en su cultura.

Flora y Erin como trabajadoras de la salud mental y física respectivamente, están de acuerdo que es un asunto de salud pública y destacan que, pese a este vacío, las mujeres seguimos acuerpándonos y resistiendo para construir nuestros proyectos de vida.

Jennifer Birmania Bello. Filóloga, Comunicadora y Educadora Social Feminista. Escritora en construcción, que registra desde lo que identifica como códigos de la sensibilidad: aprendizajes, descubrimientos, reflexiones y poesía.

Johanna Baca. Fotógrafa, Productora Audiovisual y Madre Feminista

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