Cultura de violencia

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia contra la mujer constituye un grave problema de salud pública y una violación de los derechos humanos de las mismas. Está presente en todos los países y sociedades, y se perpetúa a través de la imposición cultural de algunos patrones y modelos de crianza donde el género femenino es sinónimo de debilidad.

“(A diario) lucho con (contra) la violencia diariamente para tener un mejor mundo para mis hijas y nietas”, nos comenta María, una mujer palmeadora de tortillas, originaria de Matagalpa. Ella afirma que diariamente lidia con comentarios de doble sentido de algunos de sus clientes. 

Y es que en sociedades como la nuestra, la normalización de las violencias simbólicas y psicológicas empieza desde la niñez, como explicamos en el Caleidoscopio de este mes, esta normalización da paso a otras violencias más extremas. 

Para Hazel Jirón, especialista en género, la clave para la deconstrucción de las sociedades machistas es el trabajo con la niñez. “Desde las familias, construir hombres y mujeres que puedan establecer relaciones de género en igualdad y equidad, relaciones no violentas, nuevas formas de ejercer la masculinidad y no desde el poder y el dominio, desde la no discriminación, empoderar a las mujeres”, reflexiona. 

Violencias en cadena

ONU Mujeres indica en sus estadísticas a nivel mundial apuntan el 35% de las mujeres de todo el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental o violencia sexual por parte de otra persona distinta a su compañero sentimental (estas cifras no incluyen el acoso sexual) en algún momento de sus vidas. 

Así mismo, en el mundo menos del 40% de las mujeres que sufren o experimentan algún tipo de violencia buscan o buscaron ayuda. Prevalece la idea que la violencia es un asunto privado, que se encadena con otras ideas discriminatorias hacia las mujeres, como: que las mujeres somos culpables de las violencias que vivimos, que los hombres son seres irracionales que no se pueden controlar “al ser provocados”, que la violencia o los celos son señales de amor, entre otras. 

Construcción cultural

Para María, una de sus grandes luchas es el que la descalifiquen por estar siempre llamando la atención en contra de comentarios abusivos. “Yo quiero hacer ver a mis clientes que deben abrir su pensamiento y para tener paz debemos respetarnos todos los días”, comenta, pero también tiene claro que esto le puede costar su clientela y tener repercusiones económicas en su vida. 

Un elemento que contribuye a la normalización de la violencia es la construcción de la imagen de las mujeres como seres pasivos, que deben aceptar los comentarios, actitudes, acciones que la sociedad, y particularmente los hombres, puedan proyectar sobre sus cuerpos. En este sentido, una mujer como María, que levanta su voz para la denuncia a nivel local, no sólo recibe admiración sino también desaprobación comunitaria. 

Los medios de comunicación y la cultura popular contribuye a la difusión de estos imaginarios. Cada vez que las notas rojas nombran a la violencia contra las mujeres en tono de burla, o escuchamos canciones en las que se exalta la violencia sexual, o cuando vemos una novela que nos presentan una situación en la que el acoso y la manipulación son un gesto romántico: estamos consumiendo violencia simbólica, que continua siendo internalizada. 

¿Cómo construir sociedades menos violentas?

“Empoderarte es, realmente, tener la capacidad de identificar todas esas situaciones y condiciones que te hacen creer, pensar que tenes menos valor; y poder hacer estrategias para impulsarse como persona”, reflexiona Hazel Jirón, al analizar cómo podemos crear sociedad menos violentas.

Reflexiones Hazel Jirón, especialista en Género

Ante la violencia, las compañeras de la Red de Mujeres contra la Violencia nos recuerdan lo siguiente:

  • Vivir sin violencia es posible. 
  • La violencia contra las mujeres no es un asunto privado. 
  • Si estás en una relación de violencia, no te culpes. 
  • Para construir una sociedad igualitaria, hombres y mujeres tenemos que hacer cambios. 
  • ¡No más silencios!

Nuestras voces son fundamentales para nombrar y denunciar todas las formas de violencia. Desde nuestras casas, nuestros trabajos, nuestras comunidades: podemos y debemos contribuir a la deconstrucción de estos imaginarios que tanto daño nos hacen. 

Kiang´tsu Galeano. Sonidista, productora audiovisual y comunicadora.

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