La relación con nuestro cuerpo a partir de la danza

Desde pequeñas vamos estableciendo una relación con nuestro cuerpo para entenderlo, llena de cuidados o descuidos, pero siempre estando al pendiente de qué nos quiere decir. Establecer esa conexión con tu cuerpo lleva su tiempo, implica una búsqueda, solicita escucha y comprensión para llegar a conocerlo en las diferentes etapas de la vida. 

En el arte esta relación es profunda cuando hablamos de artes performáticas, como la actuación, la danza y el performance, siendo el cuerpo la mayor herramienta de trabajo. En esta ocasión, en la sección Cuarto propio, compartiremos con Lucía y Aurora, quienes nos cuentan sobre la conexión que han establecido con sus cuerpos a partir de la danza.

El trabajo del cuerpo

Lucía Jarquín, comenzó a bailar desde los 8 años, estudió la carrera de Bailarín Intérprete de Danza Contemporánea en la escuela Adán Castillo, aquí en Nicaragua, e hizo un técnico de Instructora de Danza Folclórica, bailo por 10 años en el Ballet Folklorico Haydee Palacios y por 13 años en la Compañía Arte y Danza, nos dice: “Para mí la danza es lo primero en mi vida. Siento que en ese sentido me ha dado valor, independencia de hacer otras cosas, me convirtió en una mujer más fuerte, más atrevida a la vida.”  Se ha presentado en diversos festivales de danza a nivel nacional el internacional, recibió e impartió talleres por toda Centroamérica, México, EEUU y Europa, es coreógrafa y hace marketing artístico, actualmente es parte del colectivo de danza Sinergia, nos comparte que la danza le ha dado el ser responsable, disciplinada y la perseverancia de conseguir todo lo que se propone. 

Al llevar un poco más de 20 años bailando, ha establecido una relación con su cuerpo de autoconocimiento y mucho cuido. “He aprendido que tengo un límite y lo respeto, si yo quiero seguir bailando más allá de los 40 años tengo que cuidar mi cuerpo… Saber hasta dónde poder llegar, en ese caso se impone la juventud pero a  la hora de bailar se impone la experiencia, es como un equilibrio.”

Para Aurora Sandino la danza es constancia, desde siempre le gustó bailar, nos cuenta que aprendía las coreografías de los videoclips que pasaban por MTV y performeaba delante de sus peluches. A los 20 años estudió la carrera de Profesionalización en Danza en la Academia Nicaragüense de la Danza, bailó en la Compañía Arte y Danza y desde 2016 se ha presentado a un nivel profesional en diversos festivales, también forma parte del colectivo de danza Sinergia. “Yo me identifico como una persona que baila, me divorcie de llamarme a mí misma bailarina, precisamente por esa presión de decir: ¡ala! es que no me veo como una bailarina! Me identifico más como una persona creativa, porque también me gustan muchas áreas de la expresión escénica.”

Para Aurora su cuerpo ha cambiado gracias a la danza, por un lado le ha dado más resistencia, agilidad y flexibilidad, mentalmente le ayuda a concentrarse y a tener mejor memoria, por otro lado también las lesiones se van acumulando con el tiempo. Otra cosa que la danza le aporta es sentirse acuerpada en escena por sus compañerxs y a desarrollar la confianza, “Para mi es súper importante que te sintas cómoda con tu equipo, si no hablas de esas cosas va a ser más difícil para vos identificar si alguien te está violentando.”

En un mundo de cuerpos normados

En la danza hay varios estereotipos en cuanto a la apariencia de los cuerpos, las bailarinas deben tener un cuerpo delgado, alto, estilizado y en la danza contemporánea, específicamente, es buscado el “tono muscular”, pero Lucía nos comparte que hay que romper con esas imágenes que tiene el público “si el cuerpo recio puede hacer lo mismo que un cuerpo delgado o mejor, porque no aceptarlo.” 

Para Aurora la relación con su cuerpo ha sido agridulce, por un lado ve los resultados de su constancia en la fuerza, resistencia y flexibilidad, por otro lado estos logros estuvieron acompañados por un sentimiento de no pertenencia, porque pensaba que no se miraba a “cómo debía de verse”, sus profesores de ballet le hacían sentir constantemente que estaba “gorda” y no podía ignorar todas esas expectativas “varias veces me preocupé a tal punto que me palmaba del hambre, me ejercitaba excesivamente, y entonces se resolvía momentáneamente, perdía de peso pero lo volvía a recuperar. Creo que al final, lo que me ayudó para no permitir que ese tipo de cosas me afectaran tanto, fue empezar mis propios proyectos, tener otro trabajo, que no necesito bailar para tener una identidad, hacer yoga.”

Para ella la danza no fue lo que la conectó con su cuerpo de una manera sana, sino más bien fue el feminismo. Bailar le dio un sentido en la vida pero también pero le trajo muchas inseguridades que antes no tenía. Aunque ha sido un camino difícil nos comparte: “Lo que más le agradezco a la danza es que me dio una herramienta más para expresarme y que me dejó un apreciación del cuerpo muy importante, el  agradecerle a tu cuerpo.”

Para Aurora es importante que el público se acostumbre a ver todo tipo de tamaños en escena, una de las cosas que más le gusta de la danza contemporánea es que el género es tan abierto y con tantas posibilidades que se pregunta: ¿también debería de ser lo mismo el tener diferentes posibilidades de cuerpo? pero la danza no ha llegado a ese punto todavía. Motiva a las personas de diversos tamaños a que no dejen de bailar y expresarse sin temor a estereotipos.  

Autora.

Raquel Gómez. Diseñadora escénica, artista teatral y docente universitaria, miembro del equipo multidisciplinario Versus Laboratorio Teatral.

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