Un corazón que no late, sino que relincha

La Quimera

, Voces

Rescatar caballos es parte de mi día a día y  son parte de mi familia. Al inicio, pensaba que yo les salvaba la vida y poco a poco me di cuenta que en realidad ellos salvaron la mía. Ser voluntaria de este grupo me ha aportado un sinfín de regalos intangibles. Los caballos me enseñaron que la única diferencia entre ellos y los seres humanos, es que ellos saben perdonar porque tienen un alma generosa. 

Hola, soy Nancy del Carmen Manzanares Solís, nicaragüense, tengo 38 años, soy profesora de francés, vegana, soy rescatista de animales, soy madre de 19 caballos/yeguas, un burro, cuatro gatos y dos perros. Bueno, en resumen, tan solo soy lo que soy, una Mujer espejo de otra.

Co-fundé con otra mujer en el año 2016, el primer grupo de rescate de caballos de carretón: El Mirador de Galán, y fue el primer gran Sí que le di a mi camino hacia mi resiliencia. Fue un gran reto como ser humano el hecho de ir en contra de lo que los demás han naturalizado durante milenios, el maltrato animal.
Y así, todo empezó por amor, fuimos construyendo con esa base un grupo sólido. Nuestra misión es arrebatarle al maltrato esas vidas y reconstruir sus derechos como seres sensibles: techo, alimentos, agua, amor, en sí, su Libertad. Nuestra visión es abolicionista, No más caballos maltratados en las zonas urbanas de Nicaragua.

Aprendí y sigo aprendiendo a conocerme a través de sus reacciones cuando me acerco. Si perciben mis miedos se alejan y si estoy frustrada ellos respiran pesado y se van, si no me enfoco en ellos puede ser grave y la comunicación debe ser asertiva y prudente. Estas prácticas las he llevado a mi vida en general y he crecido como ser humano, aunque les confieso que he tenido que morir muchas veces, es decir, dejar atrás esas ideas petrificadas que me inculcaron de niña que me limitaban y me hacían una mujer que vibraba desde la carencia.

Fue un hermoso desafío como mujer porque me vibró rescatar caballos, una especie que normalmente es dominada por hombres, ya que se consideran animales imponentes que deben ser tratados con fuerza. Aquí entran en juego mis deseos de demostrar que no solo quiero rehabilitar su estado físico sino más bien curar esas heridas emocionales, que deja en esos bellos seres, la indiferencia de toda una sociedad. 

Después de cinco años de lucha, tener hoy en día un Refugio, es un enorme regalo que fue posible con la constancia y el nunca tirar la toalla. Han sido 19 vidas que logramos rehabilitar y muchas que partieron habiendo conocido al menos aires de libertad.

“Mi felicidad camina en  patas y tiene dos orejotas que me indican su estado de ánimo, me hace feliz levantarme de madrugada e ir a curar sus heridas porque mi felicidad tiene un corazón que no late, sino que relincha y va galopando hasta la Libertad.”

Nancy del Carmen Manzanares Solís

Deja una respuesta