Computación en femenino

La tecnología me vino por una máquina de escribir” recuerda Yadira Mena, Ingeniera en Computación de la clase de 1989 de la Universidad Nacional de Ingeniería. Y es que a mediados de los años 80 las computadoras eran única y exclusivamente instrumentos de trabajo de las grandes empresas del país.

En 2017 se reportaba que en la Universidad Nacional de Ingeniería, de cada 10 estudiantes sólo 3 eran mujeres. ¿A qué se debe? En gran parte a que, aunque estamos en 2019, persiste  la idea de las ciencias y la tecnología como ámbitos para hombres.

Y es que sólo hemos aprendido sobre los aportes que los hombres han hecho. Pero la mayoría de nosotras no aprendió, en el sistema educativo tradicional, sobre la contribución de las mujeres a estas áreas.

Reconociéndonos

De hecho la primer universidad del mundo, la Universidad de Al Qarawiyyin fue fundada por una mujer, Fátima al-Fihri, en 859 en Marruecos. El primer lenguaje para dar instrucciones a una máquina fue escrito por una mujer en los 1800: Ada Lovelace quien hoy es reconocida como la primera programadora. Nos conectamos a Internet de forma inalámbrica gracias a Hedy Lammar y mujeres como Linda Hamilton, Katherine Johnson y Dorothy Vaughn hicieron posible la exploración espacial.

En Nicaragua, la primer mujer en obtener un título universitario fue Concepción Palacios, graduándose como la primer doctora de Nicaragua y Centroamérica en 1925. Y 33 años después, en 1958 Celina Ugarte Peñalba se gradúa como la primer Ingeniera Civil de Nicaragua.

En este reportaje conoceremos a Raquel Rodríguez, Regina Tenorio y Yadira Mena, tres mujeres que estudiaron Ingeniería en Computación a mediados de los años 80, en la recién fundada la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y sus memorias de la época.

Una carrera femenina

La realidad del Servicio Militar tuvo un impacto directo en la configuración de la vida universitaria de esos años. “La mayoría de los jóvenes o estaban fuera del país o estaban en la guerra” nos comenta Regina Tenorio, quién inició su vida universitaria en 1987.  

Originaria de Chinandega, Regina se gradúa de secundaria con un Técnico en Secretariado Comercial y motivada por su familia realiza su examen de admisión en la UNAN León. Sus opciones: Ingeniería Civil e Ingeniería en Computación.

“No tenía problemas ni con la matemáticas, ni problemas con esas materias que hay mucha gente que le tiene miedo” recuerda. Fue aceptada en Ingeniería en Computación, dónde conoció a Raquel Rodríguez quién se encontraba en su cuarto año y era alumna ayudante.

Raquel es originaria de Diriamba y en 1982 ingresó a estudiar Licenciatura en Computación en la Universidad Centroamericana, sin saber que terminaría siendo una de las primeras ingenieras en computación graduadas de la UNI.

Y es que la UNI es fundada en 1983, con estudiantes de ingeniería y arquitectura de otras universidades; como parte de un esfuerzo nacional para unificar la educación tecnológica.  

Realidades paralelas

Los años 80 es una década reciente y compleja. El triunfo de la Revolución Popular abre paso a nuevas oportunidades y se evidencia que es necesario reconstruirlo todo. Las nuevas autoridades elaboran planes para optimizar los recursos e iniciar procesos de modernización nacional. Como parte de estas estrategias se funda, en 1983, la Universidad Nacional de Ingeniería.

Paralelamente el país vuelve a entrar a otro conflicto bélico con la aparición de la Resistencia Nicaragüense, popularmente conocida como La Contra, un cuerpo armado en oposición al gobierno. Y es también en 1983 cuando se decreta el Servicio Militar Patriótico para fortalecer al Ejército Popular Sandinista en la lucha armada a través del enlistamiento obligatorio de hombres entre 18 y 40 años.

“Por supuesto que las condiciones de la UNI, no eran las de ahorita. Era un edificio de escombros” comenta Raquel. Y en su segundo año de estudios, se hizo evidente que la universidad no tenía personal docente capacitado o las condiciones técnicas para completar la currícula de estudio.  

Raquel describe que para practicar lo aprendido en clases, a partir de segundo año la única opción era programar a mano y llevar los códigos al Ministerio de Planificación, donde había un equipo que hacía pruebas a los códigos y les regresaban los errores encontrados.

Manos a la obra

Cuando Yadira Mena entró a la carrera en 1989, Raquel y Carmen fueron sus profesoras. Originaria de Tola, Rivas, Yadira evoca a una generación de estudiantes y docentes “soñadores y con ganas de retribuir”. Una generación que reconoce a Cornelio Hopmann como fuerza impulsora para el avance tecnológico.

Y es que en 1985 Cornelio vino a Nicaragua con dos computadoras Macintosh como donación de una universidad alemana para la UNI, como parte de las brigadas de apoyo internacional al país. Y una vez aquí, asumió la tarea de encontrar una solución a la falta de condiciones para la carrera de computación.

“(Cornelio) nos dijo que sí queríamos terminar (la carrera) teníamos que apoyar y meternos a la UNI como docentes, como instructores de cátedra y nosotras le tomamos la palabra: renunciar a nuestros trabajos y entrar a la universidad” recuerda Raquel.

Ese mismo año, se funda el Laboratorio Jorge Bolívar Campos, momento inmortalizado en el lente de la fotógrafa alemana Angélika Lukat. El Laboratorio se funda en honor a un estudiante matriculado en la UNI que había caído en combate meses antes.

La foto retrata al grupo de estudiantes de tercer año que asumió el papel de docentes para sus compañeros.  En la foto Raquel es la muchacha con la camisa a cuadros y pantalón blanco; está acompañada por Leyín González, Imara Paíz, Álvaro Calero, las secretarías de la Escuela de Computación y el mismo Cornelio Hopmann.

Cornelio gestionó que profesores extranjeros dictarán las clases más complejas de programación y cálculo para este grupo de estudiantes, quienes luego se preparaban para replicar lo aprendido con otros grupos de clases.  

Para Regina el Laboratorio fue un espacio de aprendizaje y enseñanza, ya que ella también luego se incorporó, al igual que Raquel, como alumna ayudante para la docencia.

“El laboratorio era un cuartito, con unas mesitas rusticas, cuidado que de Playwood. Y habian tal vez unas 4 ó 6 máquinas. Dos Macintosh que estaba en alemán” recuerda Regina.

Para Yadira, la generación de profesionales que estudió durante los años 80 tienen como punto común “la conciencia social de que si queríamos algo, teníamos que trabajar por ese algo”.

La primera conexión

Tres años después de la fundación del Laboratorio, en 1988, la Escuela de Ingeniería en Computación logra que Nicaragua haga historia en la región al ser el primer país en obtener un nodo de Internet y establecer el dominio .ni

“La tecnología era una cosa que apenas venía naciendo, el Internet era una cosa que la miraban como lejana… definitivamente no era prioridad” reflexiona Yadira, quien insiste en nombrar el protagonismo estudiantil en lograr la primer conexión a Internet; contrario a lo que pasaba en otros países, donde era un esfuerzo estatal.

“Recuerdo la alegría de ya haber tenido nuestros propios correos electrónicos”, recuerda Regina con una sonrisa. Y es que antes de crear la primera página web, se crearon cuentas de correo para todas las personas involucradas en el proyecto, que para ser enviados eran procesados por el ente regulador de las telecomunicaciones como llamadas internacionales. La conexión por vía telefónica generaba unas facturas bastante elevadas que eran asumidas por el mismo Cornelio.

1990 marca un cambio socio político importante que indudablemente tiene repercusiones en el desarrollo tecnológico del país. En los últimos 30 años la tecnología ha invadido cada faceta de nuestras vidas, y ahora nos toca reconstruir las memorias y las historias de las mujeres que han hecho posible esta realidad.

Autoras

Gema María Manzanares. Comunicadora (ciber)feminista, ilustradora autodidacta, bloguera, wikipedista y docente universitaria. Co fundadora EnRedadas, por el Arte y la Tecnología. gemadenisse.net

Edith Barreda. Economista y Socióloga.

 

Animación y edición del vídeo: Hassel Paz y Meyling Paz

Ilustraciones: Tania Ortiz – El Gato Negro Lunar

Contenido creado por participantes del Curso de Actualización Profesional: Memoria e Investigación Feminista, a través de Becas de Contenido facilitadas gracias al apoyo de COSUDE. 2019.

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