¿Cómo se organiza la esperanza?

Estamos empezando el año y es un buen momento para centrarnos en las dimensiones de nosotras mismas que deseamos cuidar. Aunque no hay una receta específica para cuidar de nuestro cuerpo integralmente, es decir de la dimensión física, mental, emocional y psíquica porque somos distintas; este reportaje es una invitación a que dirijamos nuestra atención a las ideas que tenemos para 2020 y observemos cómo estamos movilizando nuestra energía y cómo la estamos protegiendo para no sentirnos drenadas. 

Cuatro mujeres jóvenes nos comparten reflexiones y vivencias que nacieron a raíz de su participación en tres espacios diseñados para mujeres: Círculas de apoyo Feminista, Portales Feministas a la futura y Círculo de Bordadoras, donde encontraron apoyo para afrontar la realidad atravesada por las consecuencias de la crisis sociopolítica nicaragüenses detonada en 2018.

La primera de ellas es Cynthia Gaitán, quien es comunicadora social y tiene 24 años. Ella experimentó duelo por sus proyectos que se quedaron estancados producto de la crisis, además de sentir que la realidad no le daba cabida  a sus pensamientos y sueños, continuó procurándose una rutina en medio de la incertidumbre. 

Cynthia decidió aceptar una invitación a participar en una iniciativa llamada “Portales Feministas a la Futura” integrada por mujeres artistas y educadoras de Managua, donde se plantean preguntas e imaginan posibilidades para el futuro de Nicaragua desde una mirada feminista a través de  lenguajes artísticos.

En las Portales como Cynthia se refiere, encontró una estrategia de apoyo, un espacio de libertad a sus pensamientos y destaca el poder ser escuchada sin temor a ser juzgada. Fue también un lugar para tejer nuevas relaciones con mujeres, sentirse inspirada y respaldada en sus intuiciones; recuperando su capacidad de agencia sobre sus sueños.

Nos hace notar también que en la organización y la claridad de los acuerdos, podemos aprender a relacionarnos con nosotras mismas y con las demás de una manera sana.

Raquel Gómez artista teatral, docente universitaria y pastelera en tiempos libres, es la segunda voz de este reportaje. Ella participó en la Círculas de apoyo, una alternativa desarrollada desde Enredadas por el Arte y la Tecnología, con el objetivo de fortalecer las prácticas de autocuidado de la red de Colaboradoras de La Quimera.

Ella registra esta experiencia como encuentros donde  inició procesos de auto observación, escucha empática, profundización en el amor propio y amplió su red de afectos y apoyo que hasta el día de hoy sabe que la sostienen y puede confiar. 

Raquel nos cuenta que identificó en este espacio de mujeres un lugar seguro y de estímulo para continuar pese a lo inhóspito del presente.

Alejandra Carrión estudiante de ingeniería ambiental y “nueva en el feminismo” a como expresa de sí misma, es la tercera experiencia y  habla de cómo se ha potenciado en la colectividad al participar en actividades feministas.

Comenta que antes de empezar tenía prejuicios para organizarse, se limitaba a participar en eventos por sentir que no manejaba completamente la teoría feminista o por temor a ser criticada, porque sus prácticas personales no siempre estuvieran totalmente alineadas al feminismo.

No obstante, ahora reflexiona, que estar en contacto con feministas, participar en performances, sesiones de las Portales y conversatorios, han sido espacios donde se reconocen sus ideas  y se siente acompañada e inspirada a seguir aprendiendo cómo puede cuidar de sí misma y aportar a las demás. Sentir que “no lo sabe todo” dejó de ser un obstáculo.

La cuarta voz, es Luise Siu, fotógrafa que es parte del Círculo de mujeres Bordadoras. Cuando se juntan además de aprender técnicas propias del arte de bordar van creando lazos que les fortalece su resiliencia. El bordado para ellas es más que un modo de ilustrar con hilo, sino es la forma que encuentran para socializar sus ideas y  sentimientos ante la realidad.

El millonésimo círculo, escrito por Jean Shinoda Bolen, doctora y psiquiatra radicada en Estados Unidos, es un libro que describe lo transformador de crear círculos de mujeres y una guía posible de cómo hacerlo. “En el círculo no existen jerarquías y eso es igualdad,  así se comporta una cultura cuando escucha a cada uno de sus integrantes; compartiendo la sabiduría de la experiencia, las mujeres del círculo se apoyan mutuamente y se descubren así mismas a través de las palabras”. 

Vemos que constituir colectividades donde compartamos en un espacio fundamentado en la confianza y seguridad mediante  la palabra o el arte, nos sirven como laboratorios para acoger nuevas posibilidades y practicar lo que deseamos ver en gran escala.

¿Qué necesitamos para organizar la esperanza?

“Red”, “ colectividad”, “ apoyo”, “creatividad” y “momentos a solas”. Para llegar a ese tejido necesitamos primero algunos hilos:

Autocuidado: cada persona es distinta y es su propia especialista, porque sabe qué le aporta bienestar, sin embargo, si hemos llegado al punto de no saber qué es lo que nos hace bien podemos empezar por lo básico; tomar agua, comer, procurar el descanso y empezar con algún ejercicio, pues son maneras de regresar a nuestro cuerpo, nuestro primer espacio de convivencia. 

Autoregulación: podemos aprender a autoregularnos a través de la observación a nuestro cuerpo, nuestros sentimientos y nuestras necesidades; es decir tomar pausas para escuchar que nos incomoda o nos calma, qué sentires nos provocó esa situación y qué es lo que nos hace falta para regresar a nuestro centro. 

Pedir ayuda: es también una manera de auto cuidarnos porque en nuestras amistades o familiares hay otras alternativas posibles para superar o sentirnos contenidas en el momento difícil que estemos viviendo.  

Escuchar profundamente: cuando estemos en una conversación bilateral o grupal donde somos quienes pedimos ayuda o las que brindamos el apoyo, es vital sentirse escuchada o escuchar completamente la experiencia.

De manera práctica podemos escuchar atentamente sin interrumpir con una opinión o dar consejos sobre lo que nos están contando; es solamente estar como contención y cuidando de no indagar detalles, porque lo importante no son los datos sino los sentimientos y cómo lo vivió nuestra amiga, conocida, familiar, etc.

Juntarnos con amigas: Buscar a nuestras amistades de confianza para compartir cómo estamos y cómo nos sentimos, para no sentirnos solas y socializar nuestras vivencias. Son una base para construir una posible círcula de apoyo. 

Crear un grupo en una aplicación de comunicación: aprovechando que hacemos uso de las redes sociales, podemos hacer un grupo destinado a compartir libros, videos, música, ejercicios y técnicas para calmar nuestro sistema nervioso y prácticas de autocuidado.

También se puede utilizar para pedir apoyo si estamos en crisis. Una manera de hacerlo es pactar una palabra de seguridad, que indique que en ese momento estamos descentradas y necesitamos una llamada o una visita.

Es importante tomar en cuenta que si una amiga nos habla de sus sentires y básicamente nos dio un grito de auxilio, no deberíamos consumir alcohol o drogas porque eso solo nos anestesia temporalmente, nos desconecta de nosotras mismas y no resuelve el origen del malestar.

Con estos hilos podemos nutrir la voz propia, la colectiva y la energía vital para generar espacios seguros y consentidos para todas.

Jennifer Birmania Bello. Filóloga, Comunicadora y Educadora Social Feminista. Escritora en construcción, que registra desde lo que identifica como códigos de la sensibilidad: aprendizajes, descubrimientos, reflexiones y poesía.

Eugenia Lucía Carrión Soto. Fotógrafa, Docente e Ilustradora entusiasta. Co-fundadora de el LABO, laboratorio y comunidad de fotografía analógica de Nicaragua.

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