¿Cómo me quiero enamorar?

El mes de febrero se ha posicionado como el mes del amor y la amistad, hay una programación mediática en nuestro entorno que nos oferta productos sobre todo en nombre del amor romántico y somos espectadoras, a veces partícipes, de un desfile capitalista de corazones rojos con “te amo”, “te adoro” y “juntos por siempre” en todos lados.

Así que nuestra manera de enamorarnos y amar está sesgada por un entramado de condiciones del mercado que marcan relaciones de poder y consumistas, mandatos sociales de género que nos indican lo que debe ser tener pareja y patrones familiares que de una manera más personal nos dan nuestros primeros referentes afectivos, los moldes a seguir.

Politizar entonces, nuestras vivencias amorosas sanas e insanas, son importantes para compartir los aprendizajes y también cuidarnos colectivamente; en ese sentido, escucharemos las voces de Anina y Frida, dos mujeres que decidieron ser nombradas así en este reportaje y nos cuentan sus reflexiones a partir de experiencias personales con relaciones amorosas insanas. Por su parte Hellen Villareyna, que desde su mirada como psicóloga feminista nos ayuda a ampliar la visión sobre cómo el amor romántico nos lleva a dinámicas tóxicas.

Anina es artesana y cantautora feminista, ella se siente orgullosa de haber salido de dinámicas de amistad y de pareja en donde sentía que la anulaban, que no existía. Identifica como una de sus primeras relaciones insanas, la interacción que tenía con su mejor amiga en la niñez y adolescencia donde había expresiones clasistas y humillantes entre sí y con otras niñas.

Más adelante a sus 16 años empezó un noviazgo con un hombre de 21, que poco a poco fue manifestando comportamientos agresivos, dominantes, de control sobre el cuerpo y la vida de Anina que incluía también su dinero que generaba por el trabajo. Cuando ella empezó a salir con alguien más y el tipo se dio cuenta la amenazó de matarla.

Frida es comunicadora y una grandiosa lectora. Tuvo una relación de 8 años que marcó su vida como lo que no quiere volver a experimentar. Ella tenía 16 años y comenzó su noviazgo con un joven dos años mayor que ella, todo estaba rodeado de mucha fantasía y celebración de ambas familias; Frida quería pasar el tiempo solamente con él hasta el punto que se volvió el centro de todas sus actividades, de todas sus relaciones y más importante que ella misma. 

En esa convivencia los malos tratos tomaron forma de comentarios despectivos sobre el cuerpo de Frida, expresiones para hacerla sentir inferior e insegura hasta llegar a la violencia física con guiñones de pelo y golpes en su cara, situaciones que ella silenció por una mezcla de factores; por un lado la obediencia al mandato de que era con su primer novio con quien iba a casarse y por otro, la vergüenza y el miedo a los juicios de la gente.

Generalmente en situaciones de violencia las críticas destructivas y la desacreditación se dirige hacia las mujeres, comportamiento social que responde a la cultura patriarcal donde hemos sido socializadas y frases como “por dunda le pasa”, “el hombre llega hasta donde la mujer lo permite”, “ella se lo buscó” … etc. culpabilizan a las mujeres y normalizan la violencia.

¿Qué hace que vivamos relaciones insanas?

Hellen Villareyna psicóloga feminista nos cuenta de una manera concisa en lo que consiste el amor romántico: “es esta idea de que amar es para toda la vida, todo lo perdona, es un complemento, y tiene como fin el matrimonio; con términos idealistas, absolutos y con mandatos de cómo se tiene que amar. El amor romántico responde a intereses capitalistas e individualistas que llevan a las personas a volcar todas sus necesidades sobre su pareja, lo cual es explotador, irreal y nada ético”.

Brigitte Vasallos feminista anticapitalista, antirracista y escritora originaria de España ha reflexionado también sobre el amor. Ella plantea la necesidad de desmontar el amor Disney es decir toda la fantasía de los cuentos de hada con la que crecimos, asimismo descentralizar a la relación de pareja como la principal, verla como un vínculo más de la red de afectos, importante como las amistades y no ponerla en el más alto peldaño de la jerarquía de nuestros vínculos.

Anina y Frida ahora que revisitan en su memoria estos episodios de su vida, pueden darse cuenta que esas parejas consumían gran parte de su tiempo y ejercían control de sus otras relaciones sociales.

Entonces, agrega Hellen “en estas dinámicas se vuelcan determinadas expectativas o demandas hacia la pareja que son imposibles de atender, dicho en otras palabras, nadie puede satisfacer todas nuestras demandas y menos de por vida. Las necesidades de afecto, erotismo o sexualidad, reconocimiento, etc. no pueden ser todas puestas en nuestra pareja o esperar que en este vínculo se satisfagan todas. Es mucho trabajo para una sola persona, no es sano pensar que es posible algo así”. 

Desde cómo ha sido construido y socializado el amor vamos integrando que es incondicional, salvador y una pócima mágica para todos los problemas.

“Los mandatos de que toda relación tiene como fin el matrimonio, que el amor duele y todo lo perdona, que sin pareja no se tiene valor, la falta de autoestima o amor propio y depender económicamente” nos señala Hellen, son los mandatos o condiciones que refuerzan las desigualdades y relaciones de poder; por tanto, propician que una mujer permanezca en una relación insana de pareja. 

¿Cómo podemos salir de esas relaciones insanas?

Anina y Frida reconocen que donde no hay reciprocidad, cuido mutuo, respeto a los límites personales  y los momentos de dolor o malestar se vuelven cada vez más frecuentes que los de bienestar; es necesario salir y escuchar las voces de amigas, familiares, de nuestra red de apoyo que nos están ofreciendo refugio, afecto y escucha sin juicio.

Hellen nos indica que cuando estamos en condiciones más seguras, tenemos contención y nos sentimos estables, entonces para procesar “es vital que cada mujer pueda pensar en cómo quiere amar y cómo quiere ser amada, o, mejor dicho, cómo quiere relacionarse en pareja. Pero no desde lo que ha visto en novelas, el hogar, o lo que dicen canciones u otras personas, sino siendo honesta a sus propias necesidades y posteriormente evaluar si realmente esa relación satisface algunas de ellas”. 

“El amor es una energía a la que cada persona decide invertir, es decir, el amor se trabaja y se construye para que sea un sentimiento que genere bienestar a la persona que lo experimenta y hacia quien va dirigido. El amor tiene que ser un sentir que construya, no que destruya” añade Hellen.

Nos parece importante enfatizar que una persona no está en una relación insana “porque quiere” hay condiciones históricas, materiales y creencias sobre el amor que nos cruzan a todas, feministas y mujeres que aún no se identifican como tal. Por eso nos estamos planteando preguntas y reflexiones que vayan abriendo nuestro camino hacia formas de relacionarnos erótica y amorosamente con acciones que promuevan el consentimiento, nutran la reciprocidad, la alegría y el placer en el período de tiempo que hayamos decidido compartirnos en pareja, pero también es importante volverlo parte de nuestra cultura y aplicarlo a todos nuestros vínculos.

Jennifer Birmania Bello. Filóloga, Comunicadora y Educadora Social Feminista. Escritora en construcción, que registra desde lo que identifica como códigos de la sensibilidad: aprendizajes, descubrimientos, reflexiones y poesía.

Ilustraciones por: La esquina indómita 

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