Buscar en un baúl muchos relatos

“Es como buscar en un baúl muchos relatos y asuntos que desconozco”

Conectar con las propias  raíces puede ser un camino desafiante, lleno de espacios vacíos y rupturas heredadas de la colonización, el patriarcado y el capitalismo que impactan  en nuestra identidad como mujeres y en la relación con nuestra historia y pueblos indígenas de nuestro territorio, pero la curiosidad es un excelente motor para investigar a nuestras abuelas y abuelos y recuperar prácticas ancestrales; por lo cual,  Laura Sofía Barreto desde su oficio como Sanadora se ha planteado preguntas y estrategias para estar conectada a su origen.

Contame sobre vos ¿quién sos?, ¿ a qué te dedicás?

“Yo soy Laura Sofía Barreto Báez, actualmente estudio tercer año de Medicina oriental, pero anteriormente viví dos años en México donde me formé como profesora de yoga kundalini, constelaciones familiares y biodanza, también varios cursos de sanación pránica; con base a eso me atrevo a decir que soy una sanadora, una terapeuta corporal”.

¿Cómo fue que vos empezaste a hacerte preguntas sobre tus raíces? ¿qué fue lo que te llevó a eso?

“De mi lado materno ha sido muy importante conservar los lazos familiares, identificar los ancestros y ancestras desde allí, del lado familiar paterno es una familia pequeña y bastante diluida porque a mi abuelo paterno lo abandonó tanto su madre como su padre. No tenemos mucha información. Mi anclaje fue mi bisabuela materna, una señora que vivió 104 años quien nació en Acoyapa y vivió toda su vida allá, ella fue mi punto de partida, de búsqueda. Entonces cuando yo comienzo a crecer, me empiezo a cuestionar muchas cosas de mi familia: a identificar rasgos, a preguntarme sobre la historia de Acoyapa y el significado de la palabra y eso a mí me dio mucha curiosidad, quería saber más de donde era mi familia”.

¿Qué hallazgos de tus orígenes te trajo esa curiosidad?

“Empecé a partir de mis apellidos. Mi bisabuela era Núñez Ocón, los apellidos completamente españoles y mi bisabuelo era Sevilla también español; pero eran personas color canela, altas, delgadas, narizones, muy murrucos colochones y labios gruesos, entonces me atrapó la idea de ir más allá cuando comencé la constelación familiar y me planteé con más seriedad cuáles son mis raíces, de ambos lados. Descubrí mezcla entre españoles, turcos, de la India, pero indígena como tal no me aparecía, aunque lo que yo veía eran personas con rasgos predominantemente indígenas o afrodescendiente. Todas y todos nacieron en Nicaragua del lado de mi mamá, pero del lado de mi papá no lo sabemos”.

“Sigo teniendo muchas preguntas. Es como buscar en un baúl muchos relatos y asuntos que desconozco y no sé qué tantos años lleva mi familia habitando este espacio geográfico pero mis orígenes yo los ubico con los que he podido tener en mi experiencia de vida, que además de Acoyapa por el lado materno, está también León del lado paterno”.

¿De qué otras maneras te has puesto en contacto con la ancestralidad nicaragüense? 

 “A través de las fiestas patronales de Acoyapa en honor a San Sebastián o la Gritería en León esto ya es producto de la colonia y mestizaje, pero yo lo vivo y lo rescato como la práctica ceremonial y comunitaria que tenían nuestros pueblos originarios. Tuve una vez la oportunidad de vivir todo el proceso del baile de los diablitos en Masaya, me disfracé de tigresa y aprecié el significado y la identidad de cada elemento, conecté muy fuerte con lo ritual, la resistencia, la sabiduría y lo festivo de nuestras culturas ancestrales”. 

“Los Temazcales Tradicionales también. Visité una montaña en Jinotega que se llama Yucapuca, donde unos amigos construyeron un temazcal tradicional con la madera y piedras del espacio, así me preparé para construir uno en el patio de mi casa.  La invitación para hacerlo me llegó de una sanadora costarricense quien me dijo de hacer esta medicina en mi hogar” . 

“La palabra Temazcal es de origen náhuatl que está compuesta por temas: “vapor” y calli :”casa”. Es una práctica de conexión directa con la madre tierra que dura hasta tres horas y una analogía a entrar nuevamente al vientre de la madre, es purificador, desintoxicante; donde  se honra y respeta la tierra, el agua, el fuego y el aire, se pide permiso a los abuelos y abuelas y se entra con un propósito. Hay tambores tradicionales, canciones en lengua nativas para vivir un proceso de transformación y catarsis”. 

“Y por supuesto a través de la práctica de sanar con las plantas medicinales”.

¿Te sentís reconocida en las identidades mestiza o indígena?

“Primero tendría que hacerme un examen de ADN para saber más claro mis orígenes y por otro me siento parte del tejido de la vida. Pienso realmente que todas y todos somos hijos de la madre tierra”.

Autora:

Jennifer Birmania Bello, filóloga, educadora social feminista y artista en construcción desde el teatro y la escritura.

Fotografía analógica cortesía de: Eu Camaleoni

Infografía: Raquel Gómez

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