Autonomía sobre nuestras cuerpas

La Quimera

, Voces

Cada vez que nos referimos a este concepto inevitablemente pensamos en la lucha de las mujeres por el aborto legal, el derecho a vivir plenamente nuestra sexualidad y a elegir nuestra identidad de género, pero puede que este abarque otras decisiones que, quizás, no las pensamos como un espacio de reflexión.

Reflexiones que, si  bien no tienen la urgencia que puede tener la obligación de garantizar la vida de una mujer o la necesidad de vivir sin violencia, puede que finalmente sumen a lograr eso por lo que tanto hemos luchado: la autonomía.

Me refiero, en esta ocasión, a la autonomía sobre nuestra cuerpa y al derecho a decidir sobre este, en cuanto y tanto es nuestra.

Mi historia 

Era yo, tenía 15 años y muchas ganas de hacerme una perforación en la ceja. No recuerdo haberle preguntado a nadie, no recuerdo haberle pedido permiso a nadie, tampoco recuerdo si realmente pensé en que esa modificación podría haber significado una transgresión.

Pues bien, lo hice y fue el primero de unos cuantos que tuve. Después, siguieron el de la nariz, el del ombligo y el de la lengua. De la misma manera que iban aumentando la cantidad de perforaciones, lo hacían los comentarios de la gente, los juicios de valor que vinculan las perforaciones con mi capacidad de funcionar en el sistema y con la pérdida de feminidad.

Que “una chica decente no se hace una perforación en el rostro”, que “te va a quedar una marca”, que “no vas a conseguir trabajo”, que “es una etapa de rebeldía, que “qué fea te ves”, que “es mejor el arete brillante que el círculo”, que “además te cortaste el pelo”, que “qué bárbara cómo cambiaste”, y el sin número de comentarios que espontáneamente me decían.

Después de las perforaciones, me vinieron las ganas de tatuarme. Finalmente lo hice haciendo caso omiso a todas estas advertencias y atentando en contra de mi futuro profesional y mi capacidad de auto-sostenimiento en este sistema (sonrío por dentro).

Y nuevamente se hicieron presentes las caras largas, los comentarios y las advertencias de cuál parte del cuerpo podría tatuarme, cuál no, y qué tipo de tatuaje sería menos rudo.

Pareciera entonces, haciendo un análisis de estas frases y sacando ciertas conclusiones de lo que me decían en esa época, que algunas modificaciones corporales atentan en contra de la feminidad. Como si el ideal de mujer estuviera siendo amenazado por hacerse una perforación o un tatuaje, una suerte de des-feminización de la mujer.

Porque recordemos: las mujeres debemos ser femeninas, medidas, ni poco ni muy sexuales, atrevidas pero no tanto, y nunca transgresoras. Si te hacés un tatuaje, obviamente no tiene que ser ni tan grande ni tan visible, y sería ideal si suma a la sensualidad femenina discreta y funcional.

Y, por supuesto, no ser femenina o decidir no serlo, supone ciertas desventajas dentro del sistema. Dicho de otra manera, digamos que, como se menciona en el libro Teoría King Kong de Virginie Despentes, la feminidad hegemónica te trae ciertas compensaciones en el intercambio social desigual, al bajo costo de ceder autonomía sobre nuestros cuerpos.

Tenemos que ser “pulcras” y femeninas, de esa manera podríamos tener un puesto mediano en alguna empresa y jugar a ser exitosas.

Pequeñas autonomías

Finalmente me hice cuanta perforación y tatuaje se me vino en gana. En ese momento nunca lo pensé como una trasgresión, a pesar de que, a todas luces no fue ni es bien visto.

Quizás si, no llegué nunca a trabajar en un banco o en un lugar donde tenés que tener necesariamente “buena presentación” (como dicen algunos anuncios de búsquedas laborales), pero tampoco lo quise. Esa “buena presentación” hubiera significado para mi ceder el poder sobre mi cuerpo, sobre cómo quería verme.

Para mí, amigues, habría que animarse a hacer con su cuerpa lo que a una le venga en gana, animarse a pensarnos y vernos como queramos.

Ahora, mí yo de ahora, no tiene muchos deseos de seguir perforando ni de usar los aritos que adoraba tanto. Y no significa que cedí ante los comentarios (nunca solicitados), sino que devine en lo que soy, por gusto, porque ese fue el camino que he decidido recorrer.

He de decir que para mí, para mí yo de 16 y para mí yo de ahora, las perforaciones y los tatuajes significaron y siguen significando pequeñas autonomías sobre mi cuerpa.

Flor Velásquez

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