Las artistas sin fronteras: existen, aquí están, aquí siguen

El estallido social en Nicaragua trajo consigo una explosión artística dispuesta a defender la libertad de expresión; pero, ¿qué pasa cuando las creadoras deben partir?, ¿el arte acaba con el exilio?. La Quimera Feminista conversó con dos mujeres exiliadas en Costa Rica cuyos talentos traspasan fronteras. 

Para Kerstin Miranda, cantante y poeta exiliada desde agosto de 2018 -del colectivo ARTEX Nicaragua: Articulación de Artistas Exiliados-, su vida está llena de las preocupaciones de cualquier otra adulta joven; sin embargo, considera que logra acoplarse a su vida entre diseñar, escribir, vocalizar, asistir a ensayos y presentarse en conciertos o eventos culturales. 

Antes de salir del país, Miranda pensaba dedicarse solamente al arte, ya que su estado emocional no le permitía regresar a su vida estudiantil. A su vez, comenta que en Costa Rica existe una enorme red de mujeres creadoras y artistas que la inspiraron para reconocer que “no necesito ningún productor ni ninguna mente maestra detrás de un proyecto ni quien ejecute mis ideas”.

“Dejé mi casa, mi familia, mis mascotas, mi carrera universitaria, mi comodidad económica porque me vi obligada, pero si yo no tuviera este sueño y ganas de compartir lo que siento a través del arte, no sé qué sería de mí”, menciona Kerstin Miranda.

Exterioriza que el arte como símbolo de protesta permite: tocar sensibilidades, cambiar posiciones, crear sentido de identidad, quedar para la posteridad y construir memoria; por ello su valor es necesario ya que “venimos cargando con este yugo de dictaduras (…) pero en la música podés hasta satirizar al poder y destacar realidades”. 

Por su parte, la cantante Olga Acuña -apodada “Olguita”- está exiliada desde octubre 2018 y se presenta en el Café Literario Rayuela con la agrupación musical Contrabanda para transmitir fuerza y esperanza a través de canciones nicaragüenses y de protesta; a su vez, trabaja con un permiso laboral y de vez en cuando obtiene propinas del arte. 

Comenta que los primeros días de exilio no fueron de rutina, sino de incertidumbre ya que “debía resolver el día a día” ante la falta de un trabajo estable -como suele suceder a la población nicaragüense exiliada en este contexto- pero que la música siempre ha sido su estabilizador psicoemocional junto a una herramienta de expresión y autocuido tras salir del país por amenazas y persecución.  

“La música es mi arma en esta lucha cívica, ya que me permite conectar con hermandades nicaragüenses en el exilio y así sentirnos más cerca de nuestra patria y cultura, y de la misma forma, con artistas costarricenses que se solidarizan con nuestra causa”, detalle Olga Acuña.

Expone que “he ocupado la música como el mástil de mi resistencia cívica, feminista e inclusiva”; siendo objeto de minimización por parte de algunas organizaciones que solicitan “no hablar sobre política”; a lo cual Olga se niega ya que carga consigo que lo personal es político en todas sus intervenciones. 

Sobre las mujeres y el arte 

Estos matices artísticos se complementan con los intereses particulares de cada mujer y así, se comprende los lineamientos y el mensaje detrás de sus maneras de sacar a luz sus procesos y productos creativos acorde a una realidad: Nicaragua, exilio, feminismo.  

“La revolución tiene que ser feminista y ambientalista” es el estandarte de Kerstin ya que considera que el reconocimiento y la visibilización de las mujeres en el arte nicaragüense y de protesta son indispensables para “desarrollar ideas genuinas, proyectos novedosos, dotarse de mucha sensibilidad y visión sobre el futuro”, manifiesta. 

Olga añade que el arte, históricamente, “conmueve, conecta e interviene en los cambios culturales y políticos”; es así que facilita que los potenciales públicos se identifiquen o interpreten el arte acorde a términos coyunturales, personales y generales; puesto que la labor artística ha acompañado los procesos dentro de la crisis sociopolítica que persiste en el país. 

“Quisiera demostrar a nuestra sociedad y a mí misma que ser mujer, estar fuera de tu país y tener muchas limitantes económicas no son impedimento para traspasar todas esas barreras y asumirlas como retos profesionales”, comenta Miranda. 

Acuña rescata que es urgente exponer “la relevante y constante participación de las mujeres en cada ámbito de cambios sociopolíticos, y enfáticamente, en sociedades machistas latinoamericanas(…), que se visualice la indiferencia del Estado ante nuestras demandas”, finaliza.

Las luchas individuales de estas dos mujeres, quienes se asumen como feministas, remarcan la complejidad del exilio en carácter artístico ya que este fluye entre la nostalgia y la entereza para enfrentarse al mundo desde los retos de ser migrantes; pero es la materialización de su talento el que recuerda su gran contribución a la memoria colectiva de otras artistas y del pueblo nicaragüense:  existen, aquí están, aquí siguen. 

Estas artistas sin fronteras sobrepasan cualquier pronóstico tétrico y respiran lucha a través de sus acordes, letras y fuerza al continuar sus vidas en el país vecino, siempre recordando sus orígenes, sus motivaciones y sus deseos para una próxima y cercana Nicaragua entre libres melodías. 

Texto por Thais Xiu. Activista feminista y ¾ de periodista. Aficionada por la poesía. 

Recursos visuales y audiovisuales por Meyling Peyote. Diseñadora de productos y gráficos. Poeta ocasional. Activista feminista en construcción y reconstrucción constante. 

Comment List

  • Matilde Jiron 14 / 01 / 2020 Reply

    Excelente…vamos por buen camino expresando todas nuestras formas de lucha…Ese es nuestro relevo generacional.

  • La Spinosa 15 / 01 / 2020 Reply

    Me ha llegado este artículo. Como ilustradora exiliada e ilegal puedo decir que es cierto que el dia a dia puede ser difícil por sentirse dividido pero la necesidad de aliviar ese dolor se encuentra canalizado en el arte.

Deja un comentario