El arte tiene cara de mujer

El arte y sus matices encuentran pluralidad al desarrollarse en diversas disciplinas que permiten interiorizar y exteriorizar las ideas, emociones y posturas de quiénes las ejercen; siendo así el espacio idóneo que han encontrado las mujeres para proyectar sus posicionamientos e ideologías a lo largo de los años. En esta entrega, La Quimera Feminista charló con tres jóvenes feministas sobre sus historias y acciones dentro del arte que ejercen. 

Las acuarelas de María Sandoval

María Sandoval, de 20 años, es una artista gráfica e ilustradora que inició sus andares tras su fascinación por el dibujo y fue reforzado por sus razones para ingresar a la carrera de Diseño Gráfico -quien ha participado de la iniciativa para artistas Inktober- y se autonombra como feminista desde finales del año 2017.

“Para mí, el mayor reto al que me he enfrentado en este espacio [artístico] ha sido la constante competitividad en la que nos encontramos en la comunidad”, enfatizando que esta no solo se orienta a los trazos en papel sino que traspasa los límites al permitir que la apariencia física de las mujeres en este gremio sea posicionado por encima de su talento, “muchas veces no les interesa tu valor como artista, sino qué tan bonita sos y eso genera más likes que tus propios productos”. 

Comenta que formar colectivas con mujeres en su mismo ámbito le permitió ampliar sus aprendizajes feministas y reconocer elementos claves de la representación de las jóvenes en el mundo de la ilustración: “creo que nosotras exteriorizamos más nuestra conciencia en lo que hacemos, tenemos muchísima creatividad y nos enseñamos mutuamente porque comprendemos que estamos en un área reñida por hombres; no podemos desprestigiarnos mutuamente”. 

“Es sumamente importante que nos asumamos como artistas para no quedar en las sombras.”

El ritmo de Karen Guido 

Karen Guido, de 20 años, es bailarina especializada en danza contemporánea quién empezó de forma autodidacta para luego ser parte de la Escuela Nacional de Ballet y posteriormente, se profesionalizó mediante la Academia Nicaragüense de la Danza e incluso fundó Aleka, su propio estudio de baile. Igualmente estuvo en Reves Costa Rica -una plataforma de entrenamiento- y es integrante del colectivo de danza Seven DC. 

La brecha de género es pertinente en estos espacios ya que “muchas veces te cuestionan sobre hacer movimientos más femeninos y suaves, aprender a maquillarte o rivalizar entre nosotras porque no te dicen tenés que hacerlo mejor que él, sino que ella y muchas veces me han señalado por no tener la misma fuerza que un hombre cuando yo sé de lo que soy capaz, e incluso enfatiza “eso es obligarte a ser alguien que no sos”; para su suerte, encontró refugio en otras mujeres y hermana, quienes le hicieron plantearse ideas feministas no intencionales. 

Guido señala que estas particularidades también son marcadas desde la dirección de las escuelas de danza puesto que “si un hombre maneja una escuela de danza resulta en admiración, pero a las mujeres igualmente les cuesta pasar de bailarinas a directoras y emprendedoras, es una lucha en todos los espacios y merecen el completo reconocimiento en su esfuerzo”.

“La necesidad está en validar a las mujeres por su audacia para considerarse artistas en su reconocimiento y esfuerzo.”

Los hilos de Silvia Segovia 

Silvia Segovia, de 20 años, es una artista textil que se enfoca en proyectar sus vivencias, escenarios naturales y causas sociales a través de la técnica del bordado que presenta en su emprendimiento Moon River, donde pretende “romper sistemas mediante los mensajes de sus hilos en un arte tradicionalmente señalado como sumiso en estereotipos de género”, alega la joven, quien en encontró con el feminismo debido al constante cuestionamiento que tenía sobre el mundo y en apoyo con diversas mujeres de su vida. 

“El bordado es una herramienta muy flexible que permite contar historias y transformar ideas (…) yo no quiero dedicarme a solo bordar cosas bonitas, sino a transmitir significados y dejar un poco de mí en cada pieza. Las mujeres podemos y  debemos dar la vuelta a los estigmas sobre este regalo [arte] ancestral ya que es más que estética, es una vía para visibilizar nuestras demandas”, manifiesta Segovia, quien ha realizado diversos talleres junto al colectivo Círculo de Bordado con otras artistas textiles. 

A su vez, expone muy pocos hombres se incluyen al mundo del bordado por motivos de discriminación de género o desconocimiento, pero que compartir su fascinación con otras mujeres aporta a exteriorizar emociones en diversas técnicas que exploran las experiencias personales y dolores atemporales, “ver a otras mujeres en estos mismos rumbos y saber que cuentan experiencias personales en sus piezas me indica que el arte textil también es un mecanismo de denuncia”.  

“Reconocerte y autonombrarte como una mujer artista significa validar tu trabajo y darle un significado.”

Entre los consejos que estas artistas -distintas en personalidad, pero semejantes en sus visiones- brindan a otras chicas con interés en un arte particular o ya formándose en el mismo, sugieren:

  • No desistir: “No se abrumen en los errores, eso nos lleva a la perfección de la técnica y ustedes como mujeres pueden perfectamente representar a la rama artística que deseen y demostrar de qué son capaces”, comenta María Sandoval, ilustradora. 
  • Creer en vos misma: “Ser artista y ser mujer es bastante duro, pero lo importante es confiar en tu talento y rodearte de personas que te impulsen a conquistar tus metas para siempre retarte a ser mejor”, manifiesta Karen Guido, bailarina de danza contemporánea.
  • Explorá tu creatividad: “Encontrá tu voz, tu estilo, qué querés comunicar, qué importancia merece tu arte e investiguen porque eso te ayuda a conectar con la historia de mujeres precursoras en la habilidad que querés explotar”, expone Silvia Segovia, artista textil.

Las mujeres que se dedican a diversas disciplinas artísticas están convirtiendo sus pasiones en espacios de incidencia como feministas, donde no se hegemoniza la figura del hombre ni se subestimen sus capacidades, siendo este el principio de un legado impetuoso de jóvenes que ilustran, danzan y bordan por ellas y por las que vienen.     

Autora:

Thais Xiu. Activista feminista y ¾ de periodista. Aficionada por la poesía. 

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