Anonimato, ¿para qué?

En palabras sencillas, el anonimato es nuestra capacidad de interactuar socialmente, sin revelar nuestra identidad. Es lo que le da a la Mujer Maravilla la capacidad de vivir una vida normal como Diana Prince: precede a la internet como una práctica de autoprotección. El anonimato es un derecho humano, pero esto ¿qué significa en la vida real?

Las compañeras de Ciberseguras explican el anonimato como “un juego donde podemos elegir múltiples identidades para aparecer y desaparecer en la red, a nuestro gusto”. Además, la Fundación Fronteras Electrónicas (EFF) destaca que el anonimato “permite a los individuos expresar opiniones impopulares, observaciones honestas y quejas que, de lo contrario, no serían escuchadas”.

Es decir, que el anonimato se nos presenta como una garantía para el ejercicio de la libertad de expresión. Es una decisión que cualquier persona puede tomar, pero que se presenta como una necesidad en ciertos contextos específicos, sobre todo para las personas que mantienen una posición crítica ante los abusos de poder.

En recientes años, hemos visto el surgimiento de espacios digitales para la denuncia anónima de todas las formas de violencia machista. Y han sido criticados por esta misma característica: se cuestiona el porqué las mujeres no asumen la carga de la denuncia y se insiste en que el anonimato le quita validez a la misma.

Estos argumentos se caen al reconocer que las mujeres que denuncian violencia tienen más probabilidades de recibir otras formas de violencia machista, sobre todo a través de las tecnologías. Por otro lado, muchas de nosotras tenemos claro que una denuncia legal tiene implicaciones a largo plazo y que las probabilidades de impunidad son muy altas.

Otro escenario para la necesidad de anonimato surge en el contexto de la pandemia del COVID-19.  Hemos visto, en las noticias y medios alternativos de comunicación, cómo las personas con el virus, sus familiares e incluso trabajadores de la salud han sido rechazados, discriminados e incluso agredidos en espacios públicos.

El anonimato puede ser una necesidad para cualquiera de nosotras, en cualquier momento, por eso es importante defenderlo como un derecho y reivindicar las posibilidades que nos brinda.

¿Cómo ser anónima? 

El anonimato puede tener varios niveles: desde el cambio de nombre y borrado de fotos personales en redes sociales; hasta la creación de perfiles con cero información personal a través de herramientas para ocultar nuestra ubicación. Es importante entender estos niveles y las limitaciones o posibilidades de cada uno.

Toda nuestras interacciones en Internet dejan un rastro. Las fotos que tomamos con nuestros teléfonos tienen información sobre ubicación, modelo del teléfono, fecha y hora. Muchas veces todas nuestras plataformas están conectadas entre sí: usamos el mismo correo para acceder a todas nuestras redes sociales, o accedemos a otros servicios (como Spotify) con nuestra cuenta de Facebook.

Las páginas que visitamos pueden saber desde dónde nos estamos conectando, nuestra edad, entre otros datos. Las opciones de navegación incógnita, por ejemplo, sólo evitan que la computadora o teléfono desde el que nos conectamos guarde el dato de la página que visitamos.

Entonces, ¿podemos ser anónimas?  Si, se puede. Es un proceso que cualquiera de nosotras puede explorar. Y para dar los primeros pasos, te dejamos algunas recomendaciones de lectura:

Gema Manzanares. Comunicadora (ciber) feminista. Investigadora y facilitadora de procesos de formación sobre tecnología, feminismo y comunicación. gemadenisse.net

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