Acoso nuestro de cada día

“Yo pensé: esto es humillante” reflexiona Xochilt Sequeira, activista feminista que a inicios de 2018 denunció legalmente una situación de acoso callejero.

Al salir de una institución bancaria, un trabajador (subcontratado) de una empresa telefónica, la acosó repetidamente con insinuaciones sexuales. Ella lo confrontó y le dijo que podía denunciarlo. “Que me vas a estar denunciando, estás loca” le dijo el hombre entre risas.

La pandemia del acoso

El acoso callejero son todas las interacciones verbales, gestuales o físicas con cargas sexuales hacia las mujeres, en espacios públicos y sin su consentimiento. Es decir: silbidos, miradas lascivas y/o comentarios sexuales o cosificantes sobre los cuerpos de las mujeres que se desplazan en la calle.

En Nicaragua, el Observatorio contra el Acoso Callejero (OCAC) registra que 9 de cada 10 mujeres ha sufrido acoso callejero y que  4 de cada 10 mujeres afirman haber vivido una experiencia de acoso callejero tan severa que les ha causado miedo, rabia, frustración y que las llevó a cambiar sus rutinas.  

Estrella Lovo es psicóloga y coordinadora del Observatorio contra el Acoso Callejero, y desde esa plataforma trabaja por la visibilización de esta problemática y la creación de redes de resistencia y apoyo ante el mismo. “Lo que no se nombra, no existe. Esa incomodidad existe, y esa incomodidad se llama acoso callejero y no es normal” afirma.

Con dos investigaciones publicadas sobre el tema, el OCAC identifica que son las niñas y las adolescentes quienes sufren acoso callejero en mayor medida. El estudio “Aproximación descriptiva sobre el acoso callejero en Managua 2018” refleja que 8 de cada 10 menores de 18 años afirman sufrir acoso callejero en su día a día.

“Mi primer vínculo con el derecho que como niña tenía sobre mi cuerpo, yo lo viví en la calle: al tomar conciencia de que la calle era un espacio hostil” comenta Carmen Herrera, comunicadora e investigadora social.

Realidades diarias

Al experimentar acoso callejero en su niñez, Carmen ha decidido enfocarse en estudiar el comportamiento de los acosadores. “El acosador siempre actúa desde la seguridad: desde su identidad de dueño del mundo, desde una moto, desde un carro, cuando está respaldado por un grupo de hombres” reflexiona.

Carmen advierte que el acoso no depende de la clase socio-económica, sino de factores culturales. Afirma que el acoso callejero tiene sus bases en la división patriarcal de las mujeres en dos estereotipos: la santa y la puta. Según esta división, las mujeres que están en los espacios públicos deben ser penalizadas por no someterse a lo que se espera de las “buenas mujeres”.

Denunciar o no denunciar

Antes de denunciar legalmente, Xochilt se dirigió a la empresa para la que el acosador trabajaba. La empresa alegó que el trabajador era subcontratado y que si quería denunciar, lo hiciera ante la policía. Tras un proceso de semanas y de cuestionamientos varios sobre si el acoso verbal era “suficiente” para la denuncia, Xochilt logró un proceso de mediación en la que el acosador reconoció que la había violentado y se comprometió a no volver a acosarla a ella ni a otras.

“Yo apuesto por la denuncia pública y el fortalecimiento de redes de apoyo y acuerpamiento” comenta Xochilt. Afirma que las denuncias legales son una opción más, pero que pueden resultar complejas y tediosas; ya que el sistema está cargado de sesgos patriarcales.

Enfrentar al acosador, buscar el apoyo de otras mujeres en el espacio público o buscar como salir del espacio donde se da la agresión, registrar la agresión, denunciar legalmente, denunciar en redes sociales: son todas estrategias de resistencia.

Para Estrella es importante destacar que no hay una única forma correcta de reaccionar ante el acoso callejero. Explica que a veces, cuando nos encontramos en espacios o situaciones hostiles, la mejor defensa es no hacer nada porque el reaccionar al acoso puede ponernos en mayor peligro. “Tenemos que reconocer y dar valor a todas las estrategias de resistencia que las mujeres hemos desarrollado a lo largo de los años” afirma.

Estrategias colectivas de resistencia

“La calle es nuestra. Tenemos que aprender a defendernos y no renunciar a la calle, porque nos pertenece” comenta Carmen. Al reflexionar sobre cómo podemos enfrentar el acoso callejero, recuerda que en su adolescencia ella y su hermana optaron por usar las uñas largas, para lastimar a los hombres que intentaban tocarles. Ahora, siendo una mujer adulta da acompañamiento a mujeres más jóvenes que están buscando, a su vez, formas de resistir.  

Desde la resolución de su caso hasta la fecha, Xochilt ha perdido la cuenta del número de acosos que ha recibido. En medio del tráfico o en la plaza de un centro comercial, el acoso siempre está presente. “En esos momentos, una necesita empatía: hablar con personas, con mujeres que te pueden entender y apoyar” reflexiona Xochilt.

Y es que el acoso callejero es una problemática social que requiere respuestas colectivas de prevención y mitigación. La creación de espacios físicos y digitales de contención y apoyo entre mujeres son estrategias de los colectivos feministas para mitigar la violencia. El acuerpamiento y la sororidad son vitales para  luchar contra todas las formas de violencia machista. Y el acoso nuestro de cada día resulta una carga que podemos afrontar entre todas.

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